hostos-portada-squew

Mi mas reciente publicación!

Obtenga la aquí

Por: José Miguel Rodríguez Matos, Ph .D.

Por qué no un código de ética para la Facultad de Educación

Según el artículo Professional code of ethics for teacher educators de David Freitas, que se basa en el Informe de la comisión nacional de la educación de carácter, ambos de 1999, las instituciones acreditadas por NCATE reúnen criterios específicos: estándares, indicadores y guías curriculares relacionadas con carácter y con ética.

Lo que NCATE pretende en relación con la dimensión ética de la educación, según se desprende de sus informes, es un documento público que "afirme los valores medulares, el compromiso y las responsabilidades con la profesión" [del magisterio] p. 3. Dicho documento debe articular los valores y las creencias de la comunidad y servir de fundamento o base a decisiones profesionales (p. 3).

El primer problema que se nos plantea es que NCATE incurre en una enorme contradicción: a esa afirmación de valores, compromiso y responsabilidad que sirven de base o plataforma a la práctica educativa le llama código. Caen, consciente o inadvertidamente, en el mecanicismo conductista y, consecuentemente, en la estructuración formalista. Veamos por qué.

Quienes hayan buscado en el diccionario la definición del término código tienen que haber enfrentado con un enorme conflicto el cual, a mi juicio, da lugar a toda la polémica que nos ocupa. El Diccionario de la Real Academia (2001) define el término código así: Cuerpo de leyes dispuestas según un plan metódico y sistemático; Lo que reúne estatutos sobre faltas y delitos y las penas en que respectivamente incurren; Conjunto de reglas y preceptos sobre cualquier materia.

Para colmo de males, este mismo diccionario define canon, el término con el cual se designan los seis (6) incisos del documento Principios de ética profesional de la Facultad de Educación, como: Regla o precepto; Decisión o regla establecida en algún concilio de la iglesia sobre el dogma o la disciplina; Catálogo de los libros sagrados; Regla de las proporciones de la figura humana conforme al tipo ideal aceptado por los escultores ejipcios y griegos

Es decir, podríamos concluir (mis dispensas por la nota cínica) que todos los profesores y las profesoras que cumplan con todo lo que establece el referido código, serían perfectos candidatos a la canonización. O, según la última definición, serían una especie de candidatas o candidatos a "Miss, Mrs. or Mr. Universe", pero que sean profesoras o profesores. ¡Ja

¿Qué problema nos plantea la "encuadernación" de la dimensión ética de la práctica y de la agenda educativa en un código?

Aunque estoy plenamente convencido de que el propuesto código no lleva las intenciones que le atribuyen las definiciones anteriores, inadvertidamente, honra estas últimas. Las definiciones hablan por sí solas. De éstas se desprende un concepto de ética restringido, normativo y moralista que se distancia abismalmente del espíritu de una visión ética de la educación y de la profesión del magisterio. Podemos tener un código de ética y no tener una visión ética de la educación. El código reduce la práctica educativa a un fin práctico, y traduce nuestro trabajo en listas y fórmulas en cuyas líneas subyase una intención punitiva. A mi juicio, como está redactado el documento que se circuló (y lo digo con todo respeto a quienes con buena intención lo redactaron), está a ley de cinco líneas verticales y otras cuantas líneas horizontales para convertirlo en una escala Lickert que, a la larga o a la corta, va a parar, preñada de marcas de cotejo del 1-5, a los "dossiers" de los profesores y las profesoras y, consecuentemente, a los comités de personal. Por otro lado, aunque el documento se llama Principios de ética profesional de la Facultad de Educación, según su redacción, ni es un conjunto de principios ni es para la Facultad de Educación como sugiere el título, por que la Facultad la compone toda la comunidad colegial.

Si partimos de las definiciones que hemos leído y de los incisos (cánones) del documento vemos que es, propiamente, un verdadero código enfocado en la conducta de profesores y profesoras. El propuesto código tendría la absoluta aprobación de teólogos moralistas y organizaciones fundamentalistas del patio (para no entrar en detalles) porque parece más una expresión moralista de la conducta de los profesores y las profesoras que una visión de lo humano de nuestra función educativa. Más aún: yo no soy constitucionalista ni especialista en derechos civiles, pero me atrevo afirmar que, como está redactado el documento, no pasa el más elemental análisis de derecho constitucional.

El problema que tenemos ante nosotros no es que no estemos de acuerdo con una ética de nuestra profesión y nuestro trabajo. No existe tal ingenuidad entre nosotros. Por definición, nuestra labor es un proyecto ético. Así lo han concebido los grandes educadores a lo largo de la historia de la humanidad. Así lo creemos nosotros (atreviéndome, con tranquilidad, hablar por todos y por todas). El problema estriba en el fuerte peso utilitario, pragmático y dirigista que le estamos impartiendo a la visión que se plasma en el documento que, les confieso, yo creo que tiene varios (si no demasiados) incisos o cánones "anti-éticos".

Por qué una declaración ética

Si tenemos en nuestra Facultad un documento de misión y objetivos que guía nuestras aspiraciones y a dónde queremos llegar a través de nuestra labor pedagógica; y si tenemos un pronunciamiento filosófico en torno a nuestras concepciones de la educación y de nuestra práctica, entonces podemos tener una declaración que exprese ante nuestra generación y las generaciones futuras -aunque éstas últimas tendrán la prerrogativa de modificarla- la intención humana detrás de esa misión, de esos objetivos y de esa filosofía. Y una declaración ética o un planteamiento ético lo que plantea, esencialmente, es esto último: la intención humana de nuestra práctica y nuestra agenda pedagógica en todas sus dimensiones, así como nuestro compromiso con esa noble intención humana.

Esto trasciende las exigencias de NCATE. Tenemos que asumir una postura crítica ante los reclamos de esta agencia. No hacerlo así sería sumergirnos en el "enqueitismo" en contraposición con los enfoques de avanzada que estamos tratando de asumir en nuestras aulas y difundir desde éstas. Asumir una postura crítica implica, por un lado, un proceso de reflexión profunda en torno a nuestra práctica educativa y, por otro lado, integrar -reflexiva y coherentemente- todos los elementos éticos contenidos en los documentos oficiales de la Facultad y de la Universidad. De aquí debe surgir una declaración en torno a la intención humana de nuestra práctica y nuestra agenda educativa. Pero esa intención humana debe permear toda nuestra actividad académica y administrativa: todo el acontecer institucional. Por lo tanto, esa declaración debe tomar como punto de partida una premisa fundamental e insoslayable que no podemos perder de vista: Tenemos que preservar la identidad que como Facultad de Educación nos distingue. Para mi, esa identidad no es otra cosa que la práctica única que emana de nuestra visión socio-humanista de la educación, en este momento histórico y en nuestro espacio cultural, que nos distingue de otras facultades y otras disciplinas.

Esto último es importantísimo porque esa unicidad que vamos a plasmar en un planteamiento en torno a lo ético permite diferenciar los fines de la educación de los fines de otros grupos de disciplinas como las ciencias humanas, las ciencias naturales, las ciencias exactas y hasta las mismas ciencias sociales que nos tocan tan de cerca. En síntesis, un planteamiento de la educación como proyecto ético lo que debe hacer es articular nuestra visión única de la educación, nuestra filosofía, nuestros propósitos, nuestra práctica y nuestra agenda pedagógica, todo en función de nuestra noble intención humana, con las particularidades del momento socio-histórico que vivimos y del futuro previsible. Las generaciones futuras, como señalé antes, tendrán la prerrogativa de reformular esos planteamientos y atemperarlos a la altura de sus tiempos.

Pero esa declaración en torno a lo ético no puede tener intenciones implícitas ni explícitas de reglamentar, para esto existen los reglamentos; no puede ser un documento normativo, para esto existen las normas, las certificaciones y otras.

¿Quiere decir lo que he planteado anteriormente que no tenemos una ética de nuestra práctica? ¿que tenemos que empezar a crearla? ¡Claro que no! ¡Sí la tenemos! A veces es evidente y a veces está subyacente en nuestra práctica día a día y en diversos documentos de la Facultad, aunque, en estos últimos, está dispersa. Debemos articularla: para beneficio nuestro, para beneficio de las generaciones que nos suceden y para la imagen que queremos (y tenemos) que proyectar a la sociedad puertorriqueña y al mundo, en torno a nuestra visión de lo que estamos haciendo y de nuestro proyecto humano.

Y si NCATE quiere coger pon en ese tren... pues, amén.

Me parece pertinente clarificar, a grosso modo, los términos moral y ética en el contexto de esta discusión.

El concepto moral viene del latín, "moris", y se refiere a las costumbres de la sociedad, las normas existentes que la rigen. Tiende a verlo todo desde el punto de vista del bien o del mal. Para Hostos, por ejemplo, es una forma de aplicar una serie de preceptos o principios a la producción y a la conservación del bien social. Esto se ejemplifica en el diálogo con sus discípulos, que apareció publicado en el prólogo de la Moral Social (1868) en el cual Hostos, ante la insistencia de sus discípulos, accedió a publicación del libro, sólo si encerraba un bien común, según el criterio de ellos.

Por otro lado, ética es un proceso de reflexión filosófica; es un concepto más amplio y acuña la diversidad. Viene del latin "ethos", que tiene dos significados: carácter y costumbre. Incluye la moral y las obligaciones del ser humano. Entonces, aquí se simplifica un poco nuestra tarea, sin reducirla al simplismo, porque lo que debemos hacer en una declaración ética, reafirmando lo que ya he señalado, es articular la intención humana de nuestra práctica y nuestra agenda pedagógica con los valores y la cultura que definen la sociedad puertorriqueña en su contexto caribeño, latinoamericano y planetario. Lo ético en nuestra profesión incluye todo lo que contribuye a esa suprema realización del ser humano individual y colectivo: el hombre completo para Hostos, el ser más para Freire, el sumo bien para Platón, el ser santos para Jesús...

A partir de lo anterior, he seguido, básicamente, un método en la preparación del documento que presento ante su consideración:

1. Autoreflexionar en torno a mi práctica, en torno a la práctica de compañeros y compañeras que para mí constituyen un modelaje y en torno a prácticas que considero inapropiadas.2. Revisar y analizar documentos tales como:

a) Principios filosóficos de la Facultad de Educación
b) Misión y objetivos de la Facultad de Facultad
c) Reglamento General de la UPR
d) otros

3. A raíz de esa autoreflexión y del análisis de esos documentos, articular un planteamiento que ilustrara una visión ética de la práctica educativa. Esto lo hice con dos preguntas en mente: a) ¿Qué elementos hay en todos estos documentos que sugieren nuestra visión ética de la educación, es decir, una intención humana explícita o implícita? b) ¿Qué particularidades le imparte la Facultad de Educación a esa intención humana, visto desde tres dimensiones: i) el enfoque particular que queremos adoptar, según se desprende de los documentos, ii) el momento histórico y iii) los rasgos únicos de nuestra cultura?
4. Revisar literatura pertinente
5. Revisar documentos de NCATE
6. Consultar con algunos expertos
7. Articular las ideas en una declaración

Eso que elaboremos y que adoptemos (si fuere el caso) como declaración ética es lo que debe guiar, no sólo la acción de profesores, profesoras y otro elemento humano de apoyo, sino el diseño, el desarrollo y la evaluación del currículo, la administración de los programas y la administración de la Facultad como un todo.

Conclusión

Una declaración ética debe instar a la reflexión continua en torno a la intención humana de nuestra práctica educativa.
Una declaración ética debe revitalizar visiones compartidas, no creencias individuales
Una declaración ética no es una lista de lo que no se debe hacer. Ni siquiera es una lista de lo que se debe hacer. Es la intención humana que se evidencia en lo que hacemos y lo que no hacemos.
Podemos tener un código de ética y no tener una visión ética de la educación.
Una declaración ética no tiene que citar directamente lo que dicen los documentos de filosofía, misión y objetivos, sino destacar el elemento humano al que van dirigidos la mismos.
Una declaración ética se tiene que apartar de todo concepto utilitario que cosifique la intención humana de la obra pedagógica.
Una declaración ética es multidimensional. Incluye: lo institucional, el profesorado, el estudiantado, la tecnología, los recursos físicos y fiscales y el sistema educativo, articulados como un todo coherente. O sea, todo esto, y todo lo que se hace en nuestra facultad, tiene una intención humana noble: un fin ético. O sea, es una expresión de la cultura organizacional que nos distingue como Facultad de Educación Eugenio María de Hostos.

Finalmente, una "nota al calce": Asumo responsabilidad plena por los desfases que pueda presentar el documento que les presento, así como por el inevitable toque personal que destila. ¡Cuál no? Les exhorto a "sanearlo", a enriquecerlo, a reformularlo o, por supuesto, a descartarlo, si así lo creen pertinente.

Intención Ética de Nuestro Proyecto Educativo:
Una propuesta

13 de abril de 2002

Preámbulo
La Facultad de Educación reconoce que la educación, por su naturaleza y fines, constituye un proyecto ético. La siguiente Afirmación expresa la dimensión ética que subyace al quehacer educativo de la Facultad y articula explícitamente los valores medulares, los compromisos y las responsabilidades que le dan sentido y coherencia a sus múltiples acciones y prácticas. La misma recoge la intención humana del discurso educativo y de la praxis pedagógica que nos distingue. Describe nuestra visión compartida en torno a la educación y la profesión del magisterio en función de un proyecto ético contextualizado, que toma en cuenta las particularidades del momento socio-histórico que vivimos y del futuro previsible.

Es importante subrayar que esta Afirmación no pretende, en modo alguno, cosificar la intención de nuestra práctica pedagógica. Lo que sí se propone es revitalizar visiones compartidas mientras nutre y orienta las acciones del personal de la Facultad, la elaboración y evaluación del currículo, la administración de los programas y de la Facultad toda. La Afirmación se propone, además, instar a la reflexión continua, tanto nuestra como de los educadores que vengan después de nosotros.
EDUCACIÓN: PEDAGOGÍA CRÍTICA

Lo ético de la educación: una declaración vs. un código.

Por qué no un código de ética para la Facultad de Educación

Según el artículo Professional code of ethics for teacher educators de David Freitas, que se basa en el Informe de la comisión nacional de la educación de carácter, ambos de 1999, las instituciones acreditadas por NCATE reúnen criterios específicos: estándares, indicadores y guías curriculares relacionadas con carácter y con ética.

Lo que NCATE pretende en relación con la dimensión ética de la educación, según se desprende de sus informes, es un documento público que "afirme los valores medulares, el compromiso y las responsabilidades con la profesión" [del magisterio] p. 3. Dicho documento debe articular los valores y las creencias de la comunidad y servir de fundamento o base a decisiones profesionales (p. 3).

El primer problema que se nos plantea es que NCATE incurre en una enorme contradicción: a esa afirmación de valores, compromiso y responsabilidad que sirven de base o plataforma a la práctica educativa le llama código. Caen, consciente o inadvertidamente, en el mecanicismo conductista y, consecuentemente, en la estructuración formalista. Veamos por qué.

Quienes hayan buscado en el diccionario la definición del término código tienen que haber enfrentado con un enorme conflicto el cual, a mi juicio, da lugar a toda la polémica que nos ocupa. El Diccionario de la Real Academia (2001) define el término código así: Cuerpo de leyes dispuestas según un plan metódico y sistemático; Lo que reúne estatutos sobre faltas y delitos y las penas en que respectivamente incurren; Conjunto de reglas y preceptos sobre cualquier materia.

Para colmo de males, este mismo diccionario define canon, el término con el cual se designan los seis (6) incisos del documento Principios de ética profesional de la Facultad de Educación, como: Regla o precepto; Decisión o regla establecida en algún concilio de la iglesia sobre el dogma o la disciplina; Catálogo de los libros sagrados; Regla de las proporciones de la figura humana conforme al tipo ideal aceptado por los escultores ejipcios y griegos

Es decir, podríamos concluir (mis dispensas por la nota cínica) que todos los profesores y las profesoras que cumplan con todo lo que establece el referido código, serían perfectos candidatos a la canonización. O, según la última definición, serían una especie de candidatas o candidatos a "Miss, Mrs. or Mr. Universe", pero que sean profesoras o profesores. ¡Ja

¿Qué problema nos plantea la "encuadernación" de la dimensión ética de la práctica y de la agenda educativa en un código?

Aunque estoy plenamente convencido de que el propuesto código no lleva las intenciones que le atribuyen las definiciones anteriores, inadvertidamente, honra estas últimas. Las definiciones hablan por sí solas. De éstas se desprende un concepto de ética restringido, normativo y moralista que se distancia abismalmente del espíritu de una visión ética de la educación y de la profesión del magisterio. Podemos tener un código de ética y no tener una visión ética de la educación. El código reduce la práctica educativa a un fin práctico, y traduce nuestro trabajo en listas y fórmulas en cuyas líneas subyase una intención punitiva. A mi juicio, como está redactado el documento que se circuló (y lo digo con todo respeto a quienes con buena intención lo redactaron), está a ley de cinco líneas verticales y otras cuantas líneas horizontales para convertirlo en una escala Lickert que, a la larga o a la corta, va a parar, preñada de marcas de cotejo del 1-5, a los "dossiers" de los profesores y las profesoras y, consecuentemente, a los comités de personal. Por otro lado, aunque el documento se llama Principios de ética profesional de la Facultad de Educación, según su redacción, ni es un conjunto de principios ni es para la Facultad de Educación como sugiere el título, por que la Facultad la compone toda la comunidad colegial.

Si partimos de las definiciones que hemos leído y de los incisos (cánones) del documento vemos que es, propiamente, un verdadero código enfocado en la conducta de profesores y profesoras. El propuesto código tendría la absoluta aprobación de teólogos moralistas y organizaciones fundamentalistas del patio (para no entrar en detalles) porque parece más una expresión moralista de la conducta de los profesores y las profesoras que una visión de lo humano de nuestra función educativa. Más aún: yo no soy constitucionalista ni especialista en derechos civiles, pero me atrevo afirmar que, como está redactado el documento, no pasa el más elemental análisis de derecho constitucional.

El problema que tenemos ante nosotros no es que no estemos de acuerdo con una ética de nuestra profesión y nuestro trabajo. No existe tal ingenuidad entre nosotros. Por definición, nuestra labor es un proyecto ético. Así lo han concebido los grandes educadores a lo largo de la historia de la humanidad. Así lo creemos nosotros (atreviéndome, con tranquilidad, hablar por todos y por todas). El problema estriba en el fuerte peso utilitario, pragmático y dirigista que le estamos impartiendo a la visión que se plasma en el documento que, les confieso, yo creo que tiene varios (si no demasiados) incisos o cánones "anti-éticos".

Por qué una declaración ética

Si tenemos en nuestra Facultad un documento de misión y objetivos que guía nuestras aspiraciones y a dónde queremos llegar a través de nuestra labor pedagógica; y si tenemos un pronunciamiento filosófico en torno a nuestras concepciones de la educación y de nuestra práctica, entonces podemos tener una declaración que exprese ante nuestra generación y las generaciones futuras -aunque éstas últimas tendrán la prerrogativa de modificarla- la intención humana detrás de esa misión, de esos objetivos y de esa filosofía. Y una declaración ética o un planteamiento ético lo que plantea, esencialmente, es esto último: la intención humana de nuestra práctica y nuestra agenda pedagógica en todas sus dimensiones, así como nuestro compromiso con esa noble intención humana.

Esto trasciende las exigencias de NCATE. Tenemos que asumir una postura crítica ante los reclamos de esta agencia. No hacerlo así sería sumergirnos en el "enqueitismo" en contraposición con los enfoques de avanzada que estamos tratando de asumir en nuestras aulas y difundir desde éstas. Asumir una postura crítica implica, por un lado, un proceso de reflexión profunda en torno a nuestra práctica educativa y, por otro lado, integrar -reflexiva y coherentemente- todos los elementos éticos contenidos en los documentos oficiales de la Facultad y de la Universidad. De aquí debe surgir una declaración en torno a la intención humana de nuestra práctica y nuestra agenda educativa. Pero esa intención humana debe permear toda nuestra actividad académica y administrativa: todo el acontecer institucional. Por lo tanto, esa declaración debe tomar como punto de partida una premisa fundamental e insoslayable que no podemos perder de vista: Tenemos que preservar la identidad que como Facultad de Educación nos distingue. Para mi, esa identidad no es otra cosa que la práctica única que emana de nuestra visión socio-humanista de la educación, en este momento histórico y en nuestro espacio cultural, que nos distingue de otras facultades y otras disciplinas.

Esto último es importantísimo porque esa unicidad que vamos a plasmar en un planteamiento en torno a lo ético permite diferenciar los fines de la educación de los fines de otros grupos de disciplinas como las ciencias humanas, las ciencias naturales, las ciencias exactas y hasta las mismas ciencias sociales que nos tocan tan de cerca. En síntesis, un planteamiento de la educación como proyecto ético lo que debe hacer es articular nuestra visión única de la educación, nuestra filosofía, nuestros propósitos, nuestra práctica y nuestra agenda pedagógica, todo en función de nuestra noble intención humana, con las particularidades del momento socio-histórico que vivimos y del futuro previsible. Las generaciones futuras, como señalé antes, tendrán la prerrogativa de reformular esos planteamientos y atemperarlos a la altura de sus tiempos.

Pero esa declaración en torno a lo ético no puede tener intenciones implícitas ni explícitas de reglamentar, para esto existen los reglamentos; no puede ser un documento normativo, para esto existen las normas, las certificaciones y otras.

¿Quiere decir lo que he planteado anteriormente que no tenemos una ética de nuestra práctica? ¿que tenemos que empezar a crearla? ¡Claro que no! ¡Sí la tenemos! A veces es evidente y a veces está subyacente en nuestra práctica día a día y en diversos documentos de la Facultad, aunque, en estos últimos, está dispersa. Debemos articularla: para beneficio nuestro, para beneficio de las generaciones que nos suceden y para la imagen que queremos (y tenemos) que proyectar a la sociedad puertorriqueña y al mundo, en torno a nuestra visión de lo que estamos haciendo y de nuestro proyecto humano.

Y si NCATE quiere coger pon en ese tren... pues, amén.

Me parece pertinente clarificar, a grosso modo, los términos moral y ética en el contexto de esta discusión.

El concepto moral viene del latín, "moris", y se refiere a las costumbres de la sociedad, las normas existentes que la rigen. Tiende a verlo todo desde el punto de vista del bien o del mal. Para Hostos, por ejemplo, es una forma de aplicar una serie de preceptos o principios a la producción y a la conservación del bien social. Esto se ejemplifica en el diálogo con sus discípulos, que apareció publicado en el prólogo de la Moral Social (1868) en el cual Hostos, ante la insistencia de sus discípulos, accedió a publicación del libro, sólo si encerraba un bien común, según el criterio de ellos.

Por otro lado, ética es un proceso de reflexión filosófica; es un concepto más amplio y acuña la diversidad. Viene del latin "ethos", que tiene dos significados: carácter y costumbre. Incluye la moral y las obligaciones del ser humano. Entonces, aquí se simplifica un poco nuestra tarea, sin reducirla al simplismo, porque lo que debemos hacer en una declaración ética, reafirmando lo que ya he señalado, es articular la intención humana de nuestra práctica y nuestra agenda pedagógica con los valores y la cultura que definen la sociedad puertorriqueña en su contexto caribeño, latinoamericano y planetario. Lo ético en nuestra profesión incluye todo lo que contribuye a esa suprema realización del ser humano individual y colectivo: el hombre completo para Hostos, el ser más para Freire, el sumo bien para Platón, el ser santos para Jesús...

A partir de lo anterior, he seguido, básicamente, un método en la preparación del documento que presento ante su consideración:

1. Autoreflexionar en torno a mi práctica, en torno a la práctica de compañeros y compañeras que para mí constituyen un modelaje y en torno a prácticas que considero inapropiadas.
2. Revisar y analizar documentos tales como:
a) Principios filosóficos de la Facultad de Educación
b) Misión y objetivos de la Facultad de Facultad
c) Reglamento General de la UPR
d) otros

3. A raíz de esa autoreflexión y del análisis de esos documentos, articular un planteamiento que ilustrara una visión ética de la práctica educativa. Esto lo hice con dos preguntas en mente: a) ¿Qué elementos hay en todos estos documentos que sugieren nuestra visión ética de la educación, es decir, una intención humana explícita o implícita? b) ¿Qué particularidades le imparte la Facultad de Educación a esa intención humana, visto desde tres dimensiones: i) el enfoque particular que queremos adoptar, según se desprende de los documentos, ii) el momento histórico y iii) los rasgos únicos de nuestra cultura?
4. Revisar literatura pertinente
5. Revisar documentos de NCATE
6. Consultar con algunos expertos
7. Articular las ideas en una declaración
Eso que elaboremos y que adoptemos (si fuere el caso) como declaración ética es lo que debe guiar, no sólo la acción de profesores, profesoras y otro elemento humano de apoyo, sino el diseño, el desarrollo y la evaluación del currículo, la administración de los programas y la administración de la Facultad como un todo.

Conclusión

Una declaración ética debe instar a la reflexión continua en torno a la intención humana de nuestra práctica educativa.

Una declaración ética debe revitalizar visiones compartidas, no creencias individuales

Una declaración ética no es una lista de lo que no se debe hacer. Ni siquiera es una lista de lo que se debe hacer. Es la intención humana que se evidencia en lo que hacemos y lo que no hacemos.

Podemos tener un código de ética y no tener una visión ética de la educación.

Una declaración ética no tiene que citar directamente lo que dicen los documentos de filosofía, misión y objetivos, sino destacar el elemento humano al que van dirigidos la mismos.
Una declaración ética se tiene que apartar de todo concepto utilitario que cosifique la intención humana de la obra pedagógica.

Una declaración ética es multidimensional. Incluye: lo institucional, el profesorado, el estudiantado, la tecnología, los recursos físicos y fiscales y el sistema educativo, articulados como un todo coherente. O sea, todo esto, y todo lo que se hace en nuestra facultad, tiene una intención humana noble: un fin ético. O sea, es una expresión de la cultura organizacional que nos distingue como Facultad de Educación Eugenio María de Hostos.

Finalmente, una "nota al calce": Asumo responsabilidad plena por los desfases que pueda presentar el documento que les presento, así como por el inevitable toque personal que destila. ¡Cuál no? Les exhorto a "sanearlo", a enriquecerlo, a reformularlo o, por supuesto, a descartarlo, si así lo creen pertinente.

Intención ética de nuestro proyecto educativo Preámbulo

La Facultad de Educación reconoce que la educación, por su naturaleza y fines, constituye un proyecto ético. La siguiente Afirmación expresa la dimensión ética que subyace al quehacer educativo de la Facultad y articula explícitamente los valores medulares, los compromisos y las responsabilidades que le dan sentido y coherencia a sus múltiples acciones y prácticas. La misma recoge la intención humana del discurso educativo y de la praxis pedagógica que nos distingue. Describe nuestra visión compartida en torno a la educación y la profesión del magisterio en función de un proyecto ético contextualizado, que toma en cuenta las particularidades del momento socio-histórico que vivimos y del futuro previsible.

Es importante subrayar que esta Afirmación no pretende, en modo alguno, cosificar la intención de nuestra práctica pedagógica. Lo que sí se propone es revitalizar visiones compartidas mientras nutre y orienta las acciones del personal de la Facultad, la elaboración y evaluación del currículo, la administración de los programas y de la Facultad toda. La Afirmación se propone, además, instar a la reflexión continua, tanto nuestra como de los educadores que vengan después de nosotros. Afirmación de nuestro proyecto ético: una propuesta

La Facultad de Educación cimenta su proyecto ético educativo sobre bases de dignidad y respeto a los derechos y libertades fundamentales de los seres humanos y de los pueblos. Así mismo, asienta su agenda académica en la visión socio-humanista de la educación, en una reflexión profunda en torno a la práctica educativa y en los elementos éticos contenidos en la Misión de la Universidad de Puerto Rico y en nuestra propia Misión como Facultad. A tenor con la visión ética contenida en la Misión de la Universidad, la Facultad de Educación cultiva el amor por el conocimiento como vía para la búsqueda de aquellos saberes y valores capaces de aproximarnos a la libertad. Así mismo, se compromete a conservar, enriquecer y difundir a plenitud la riqueza intelectual y cultural latente en nuestro pueblo, a fin de que los valores de la inteligencia y del espíritu que subyacen a nuestra personalidad colectiva, puedan ponerse al servicio de la sociedad, especialmente de los sectores menos privilegiados. Tiene el cometido institucional de poner a la disposición de la sociedad puertorriqueña, mediante las acciones reflexivas y críticas de la comunidad plural que la compone, su acervo de conocimientos para el logro de las transformaciones necesarias.

Cónsona con la Misión del Recinto de Río Piedras, nuestra Facultad tiene el deber de propiciar la formación integral de sus estudiantes. Ello conlleva cultivar en ellas y ellos - desde los estudiantes maternales hasta los doctorales – honestidad con ellos mismos y hacia otras personas, integridad, curiosidad intelectual, disposición al diálogo, capacidad creadora y aprecio de valores éticos y estéticos. De igual manera, requiere propiciar su aprendizaje continuo y permanente, su participación en los procesos y actividades del Recinto, así como su responsabilidad comunitaria y social. Los lineamientos de nuestra misión universitaria nos comprometen también con un quehacer docente e investigativo crítico y creador, capaz de reformular dicha misión e integrarla a las necesidades cambiantes de nuestra sociedad. De igual modo, nos requieren la formación de profesionales de la educación - educadoras y educadores en formación - del más alto calibre, capaces de transformarse a sí mismos, a la escuela, a la comunidad y a nuestra sociedad en su ámbito caribeño, latinoamericano e internacional.

La Facultad de Educación asume su deber ético en cuanto ofrece y promueve programas para la preparación de profesionales de la educación bien cualificados y de incuestionable compromiso humano. En el ejercicio de su compromiso con esta visión ética, sus docentes disponen de los recursos humanos y tecnológicos para facilitar el acceso de las educadoras y los educadores en formación a una diversidad de puntos de vista, escenarios y contextos. A esos fines, se nutren críticamente del apoyo que brindan las organizaciones profesionales y sociales afines, a la vez que participan activamente en proyectos e iniciativas de colaboración.

Afirmación de nuestro proyecto ético: una propuesta

La Facultad de Educación cimenta su proyecto ético educativo sobre bases de dignidad y respeto a los derechos y libertades fundamentales de los seres humanos y de los pueblos. Así mismo, asienta su agenda académica en la visión socio-humanista de la educación, en una reflexión profunda en torno a la práctica educativa y en los elementos éticos contenidos en la Misión de la Universidad de Puerto Rico y en nuestra propia Misión como Facultad. A tenor con la visión ética contenida en la Misión de la Universidad, la Facultad de Educación cultiva el amor por el conocimiento como vía para la búsqueda de aquellos saberes y valores capaces de aproximarnos a la libertad. Así mismo, se compromete a conservar, enriquecer y difundir a plenitud la riqueza intelectual y cultural latente en nuestro pueblo, a fin de que los valores de la inteligencia y del espíritu que subyacen a nuestra personalidad colectiva, puedan ponerse al servicio de la sociedad, especialmente de los sectores menos privilegiados. Tiene el cometido institucional de poner a la disposición de la sociedad puertorriqueña, mediante las acciones reflexivas y críticas de la comunidad plural que la compone, su acervo de conocimientos para el logro de las transformaciones necesarias.

Cónsona con la Misión del Recinto de Río Piedras, nuestra Facultad tiene el deber de propiciar la formación integral de sus estudiantes. Ello conlleva cultivar en ellas y ellos - desde los estudiantes maternales hasta los doctorales – honestidad con ellos mismos y hacia otras personas, integridad, curiosidad intelectual, disposición al diálogo, capacidad creadora y aprecio de valores éticos y estéticos. De igual manera, requiere propiciar su aprendizaje continuo y permanente, su participación en los procesos y actividades del Recinto, así como su responsabilidad comunitaria y social. Los lineamientos de nuestra misión universitaria nos comprometen también con un quehacer docente e investigativo crítico y creador, capaz de reformular dicha misión e integrarla a las necesidades cambiantes de nuestra sociedad. De igual modo, nos requieren la formación de profesionales de la educación - educadoras y educadores en formación - del más alto calibre, capaces de transformarse a sí mismos, a la escuela, a la comunidad y a nuestra sociedad en su ámbito caribeño, latinoamericano e internacional. La Facultad de Educación asume su deber ético en cuanto ofrece y promueve programas para la preparación de profesionales de la educación bien cualificados y de incuestionable compromiso humano. En el ejercicio de su compromiso con esta visión ética, sus docentes disponen de los recursos humanos y tecnológicos para facilitar el acceso de las educadoras y los educadores en formación a una diversidad de puntos de vista, escenarios y contextos. A esos fines, se nutren críticamente del apoyo que brindan las organizaciones profesionales y sociales afines, a la vez que participan activamente en proyectos e iniciativas de colaboración.

En consonancia con esta finalidad ética, las educadoras y los educadores en formación, deberán estar comprometidos con el desarrollo óptimo de sus educandos. Modelarán prácticas que fomenten la independencia de criterio, la honestidad intelectual, el rigor crítico, el desafío del riesgo y el respeto a la dignidad. Promoverán la equidad por género y el respeto a la diversidad racial, étnica, social, religiosa, política, física, mental, emocional y de orientación sexual.

Así mismo, esta perspectiva ética debe contribuir a que las educadoras y los educadores en formación reconozcan la multiplicidad de aptitudes, inteligencias y talentos en sus estudiantes y busquen opciones para su plena realización. En su desempeño docente, será necesario también que estimulen entre sus propios estudiantes el respeto a la conservación del medio ambiente para beneficio de la humanidad actual y de generaciones futuras.

La Facultad de Educación está comprometida con la acción participante y la reciprocidad dialógica en el contexto de la universidad, la escuela y la sociedad. Toma en consideración, además, las condiciones actuales y previsibles de su entorno social, regional y planetario, con miras a promover políticas educativas integradoras y transformadoras desde una perspectiva transdisciplinaria.

Así pues, el proyecto educativo de la Facultad de Educación tiene como finalidad ética el desarrollo óptimo del ser humano en todas las dimensiones de su personalidad. Por ello, la práctica educativa de los individuos que la integran está intrínsecamente comprometida con aquellos valores de libertad, solidaridad, justicia y democracia que propenden a la construcción de una cultura de paz. La Facultad concibe su misión como un proyecto ético de relaciones recíprocas, dinámicas y cambiantes conducentes a la realización plena de los seres humanos y a la construcción de una mejor sociedad puertorriqueña y una mejor humanidad. En consonancia con esta finalidad ética, las educadoras y los educadores en formación, deberán estar comprometidos con el desarrollo óptimo de sus educandos. Modelarán prácticas que fomenten la independencia de criterio, la honestidad intelectual, el rigor crítico, el desafío del riesgo y el respeto a la dignidad. Promoverán la equidad por género y el respeto a la diversidad racial, étnica, social, religiosa, política, física, mental, emocional y de orientación sexual. Así mismo, esta perspectiva ética debe contribuir a que las educadoras y los educadores en formación reconozcan la multiplicidad de aptitudes, inteligencias y talentos en sus estudiantes y busquen opciones para su plena realización. En su desempeño docente, será necesario también que estimulen entre sus propios estudiantes el respeto a la conservación del medio ambiente para beneficio de la humanidad actual y de generaciones futuras. La Facultad de Educación está comprometida con la acción participante y la reciprocidad dialógica en el contexto de la universidad, la escuela y la sociedad. Toma en consideración, además, las condiciones actuales y previsibles de su entorno social, regional y planetario, con miras a promover políticas educativas integradoras y transformadoras desde una perspectiva transdisciplinaria.

Así pues, el proyecto educativo de la Facultad de Educación tiene como finalidad ética el desarrollo óptimo del ser humano en todas las dimensiones de su personalidad. Por ello, la práctica educativa de los individuos que la integran está intrínsecamente comprometida con aquellos valores de libertad, solidaridad, justicia y democracia que propenden a la construcción de una cultura de paz. La Facultad concibe su misión como un proyecto ético de relaciones recíprocas, dinámicas y cambiantes conducentes a la realización plena de los seres humanos y a la construcción de una mejor sociedad puertorriqueña y una mejor humanidad.