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Por: José M. Rodríguez Matos, Ph.D

El Cogreso de Ratones

Juntáronse los ratones
para librarse del gato,
y después de largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel.
Que andando el gato con él
guardarse mejor podrían.
"¡ Pensamiento agudo a fe!",
dijo un ratón literato
(fingiendo cojear de un pie).
"¡A ver!, ¿quién de ustedes le
pone el cascabel al gato?"

Lope De Vega

De esta trecécima octosílaba del agudo literato medioevo, surge ese popular refrán que se inspira en sus últimas dos líneas. Son incontables los humildes o los literatos que (como el ratón) se han refugiado en este estribillo para referirse a las gárgaras que generan los humanos que juegan con su buche, pero que nadie tiene los pantalones (o la falda) para decifrarla en palabras claras y acciones decididas.

Los ratones se juntan para librarse del gato. ¿Dónde está el gato? ¿Quién es el gato? ¿Porqué le tenemos tanto miedo al gato? O, ¿ porqué nos tenemos tanto miedo a nosotros mismos? O, ¿acaso me tengo miedo a mi?

¿Por qué hay que librarse del gato? ¿Por qué, después de "más-disputas que opiniones", ni siquiera acertamos una agenda común? Una agenda que defina y afirme nuestra presencia en la comunidad puertorriqueña, que haga despliegue de nuestro talento.

Empecemos por la misión, dis que constructivista y humanista, que ni de lo uno ni de lo otro tiene, excepto para algunos ingenuos para quienes todo es constructivismo y la manipulación es humanismo.

Si en vez de estar desperdiciando el tiempo librándonos unos de otros y hasta de nosotros mismos, estuviéramos dedicándolo a forjar nuestro proyecto para el país (la agenda moral que nos impele), no nos tendríamos tanto miedo entre sí (mal que nos caracteriza, y que es "vox populus"). Quienes pueden o tienen disposición les aterra acercarse al gato (plural). ¿Será que como no hay proyecto académico de grupo, el gato y el ratón andan al garete? Por eso el Comité de personal no tiene otro criterio que el capricho o la simpatía para otorgar sabáticas y licencias, el Centro de Cómputos abre y cierra al capricho de no se sabe quién, mientras otros siguen haciendo gárgaras con la autonomía (defendiéndola cuando les conviene; cuando no, no dicen ni pío). Claro está, ¿para qué se necesita un comité de desarrollo profesional.

¿Porqué nos hemos convertido a nosotros mismos en gatos? El de colmillos y garras, no el de pelo como lana; el que acaricia. La pregunta quizás sea: ¿Qué tengo yo de gato? ¿A quiénes atemorizo? ¿Quién me tiene miedo? ¿Por qué? Gatos que no se atreven a convivir con gatos, ¿qué extraño sensación? ¿qué miedo extraño?

Como el amigo ratón literato todos cojeamos a la hora de ponerle el cascabel al gato. La pregunta del amigo ratón no debe ser una amenaza, Quizás, para hacerlo menos amenazante, debemos preguntarnos: Y a mi (o al gato que hay en mí): ¿quién me pone el cascabel?

¿Cómo es posible que entre tanto talento, nadie quiera (o se atreva) tomar la rienda? Si nadie se atreve, acaso en la fábula duodécima endecasílaba está la respuesta:

La Gallina y la rana

Desde su charco, una perlera rana
oyó cacarear a una gallina.
Vaya -le dijo -no creyera, hermana,
que fueras tan incómoda vecina.
Y con toda esa bulla, ¿qué hay de nuevo?
-Nada, sino anunciar que pongo un huevo.
-¿Un sólo huevo? ¡Y alborotas tanto!
-Un sólo huevo; sí, señora mía.
¿Te espantas de eso, cuando no me espanto
de oírte como graznas noche y día?
Yo porque sirvo de algo lo publico;
Tú, que de nada sirves, calla el pico.

Iriarte

Un comité de currículo que se inspira en lo operacional de los objetivos, en la ficha de publicación más s reciente (aquí los clásicos son anatema). Un comité tan crucial demanda una reconceptuación que defina sus funciones en relación con la filosofía del Departamento y, tan importante como esto, los paradigmas sobre los cuales se sustenta los programas. De otro modo, siempre estará sujeto a otras consideraciones que las académicas.

Mientras no haya visión y misión, propósitos (funcionales y realistas) y un plan de prioridades en función de éstos, el comité de personal no tendrá criterios para la otorgación de licencias de tipo alguna. Siempre estarán expuestos a consideraciones ajenas a los intereses del departamento y quienes colaboramos en él.

Como aquí todos lo sabemos todo, no necesitamos un comité de desarrollo profesional. Unos mecanismos de evaluación de profesores arcaicos que están en desacordes con los más elementales conceptos modernos de evaluación.

Y yo que escribo esta nota
no, de sabio, pretender,
sino, me impele el deber
que a todos nosotros toca.
Que nadie abra la boca
por enojo o acto insidio
diciendo que tiro brazas
y, para mi, paños tibios.
Que es, atender los reclamos
de muchos, un noble intento
y que no me excluyo, gente:
Que a todos aplica el cuento.