José Miguel Rodríguez Matos, Ph.D.

EugenioHostos A poco más de cien años de la muerte del impar puertorriqueño Eugenio María de Hostos -así como impar Ciudadano de América, como bien le llamara Don Antonio S. Pedreira o El Sembrador, como le atribuyera don Juan Bosch- el mejor homenaje que podemos rendirle es ampliar el espectro de posibilidades para abordar su vida, pensamiento y obra desde formas interpretativas de mayor alcance y profundidad, como medio para difundir su obra tanto en las Antillas y las Américas, como en Europa y el mundo. Podemos acercarnos a Hostos desde tres formas o perspectivas generales diferentes, en virtud del propósito que tengamos en mente. Nos referimos al abordaje biográfico, el abordaje inspirativo y el abordaje crítico. Veamos brevemente lo característico de cada una de estas formas de abordaje.

 

El abordaje biográfico

El abordaje biográfico nos pone en contacto con el ser humano que fue Hostos: cómo enfrentó su vida, cómo dilucidó sus problemas, cómo enfrentó las crisis de su entorno y las suyas propias, cómo trabajaba, cómo amaba, cómo era su diario vivir, entre otras cosas. Un acercamiento biográfico a Hostos recogería las etapas más importantes de su vida como un modo de entender su peregrinaje. Desde esta perspectiva biográfica podríamos dividir su vida en cuatro etapas, todas decisivas, que contribuyeron a darle forma a esta poliédrica figura. Estas son: el período de su primera formación, de 1839 a 1860, el período político del 1860 a 1878, lo que yo llamo el periodo de la transición, de 1870 a 1878 (en el que traslapan lo político y lo educativo) y el período propiamente educativo, de 1878 a 1903. Esas periodizaciones, por supuesto, no son fronteras absolutas o categóricas, sino aproximaciones interpretativas.

El periodo de su formación

No es especulativo sostener que un talento agudo como el de Hostos, de inteligencia singular, aprovechara cada oportunidad y experiencia de su educación formal, desde el Liceo de San Juan hasta la Universidad Central de Madrid para dar forma a su imaginario. Entonces, no parece haber sido casualidad que la selección de su preparación universitaria en filosofía, derecho y letras correspondieran y fueran tan cónsonas con la necesidad de las Antillas y de la América Nuestra de su época, es decir: la necesidad de ser pensadas y entendidas con propósito visionario (pensar eminentemente filosófico), ser defendidas de los atropellos del régimen español (quehacer del derecho) y tener una voz que difundiera el mensaje de liberación con la fuerza incontenible del tintero y la pluma por todo el mundo (quehacer político, educativo y literario).

El periodo político

Como una expresión concreta del ingenio literario de Hostos surge, a sus 24 años de edad, su primera novela, La Peregrinación de Bayoán (1863). La misma es punto de partida para la incursión activa sobresaliente en la literatura y en la política, de quien ya se perfilaba como un prócer que se constituyó en la voz de un pueblo que clamaba zozobrada y enérgicamente contra la opresión y la represión del despotismo español.

Durante este segundo lapso de su vida pública Hostos mantuvo una ferviente lucha por la independencia de Puerto Rico, Cuba y la República Dominicana. Pronunció célebres discursos acusadores del régimen colonial español (Ateneo de Madrid, 20 de diciembre de 1868). En 1869, parte hacia Nueva York, tiene su primer encuentro con Betances y continúa su propaganda a favor de la independencia de Cuba y Puerto Rico.

Si bien es cierto que la lucha de liberación contaba con figuras del calibre de Ramón Emeterio Betances, Baldorioty de Castro, Segundo Ruiz Belvis (en Puerto Rico); José Martí y Enrique José Varona (en Cuba); Gregorio Luperón y Federico Henríquez y Carvajal, en la República Dominicana, para mencionar sólo algunos, ninguno de ellos tenía la propensión de maestro que corría en las venas del egregio puertorriqueño. Como hombre visionario advirtió, en las postrimerías de esta década de los años 1860's, que la lucha requería educar y preparar al pueblo para la inevitable e histórica agenda liberadora que se aproximaba.

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1 Catedrático de Honor Eugenio María de Hostos 2005-2006. Miembro del Comité Asesor del Instituto de Estudios Hostosianos de la Universidad de Puerto Rico. Catedrático del Departamento de Estudios Graduados, Facultad de Educación, Universidad de Puerto Rico, Recinto d Río Piedras.

El periodo de la transición

Un acercamiento biográfico a Hostos tendría que detenerse un poco en esta etapa. Los años entre 1870 y 1878 marcaron, a mi juicio, una transición que representó en Hostos un torbellino existencial entre el político y el maestro. Si bien es cierto que continuó su vehemente lucha política, fue adentrándose paulatinamente en el campo de la educación. Esa crisis interna pendulaba entre el fruto de su militancia activa, su denuncia política, y su otra opción de lucha: la educación. ¿Cómo se sustenta esto?, en las actividades en las cuales Hostos se involucró en este decenio. Veamos sólo algunos ejemplos. En 1870 escribe en el periódico La Revolución, que era un instrumento de lucha para la liberación de las Antillas, y participa en la Sociedad de Auxilio a los Cubanos y en el Club de Artesanos. También colabora en la Sociedad de Instrucción de la Liga de Independientes. En 1871 funda en Lima, con un peruano, el periódico La Patria y crea la Sociedad de Auxilio para Cuba. Ese mismo año funda la Sociedad Amantes del Saber, de evidente corte educativo, porque era una organización para promover y colaborar con el desarrollo de la instrucción primaria y secundaria en Perú. Su estrategia y su trinchera de lucha cobraban un nuevo rumbo. Va tímidamente apartándose de la política activa e incursionando en la educación hasta hacer de ésta el eje central de toda su actividad productiva. Ya aquí comenzamos a ver los primeros indicadores de lo que podríamos llamar su giro estratégico vocacional. Porque su verdadera vocación era ser libertador y epistemólogo.

En 1873 libra la campaña en Chile defendiendo la educación científica de la mujer. Los ensayos publicados con ese mismo nombre eran de una patente agenda educativa y situaban a Hostos como uno de los decididos campeones y precursores de las ideas pedagógicas decimonónicas más avanzadas. Ese mismo año funda en Chile la Sociedad de Auxilios para Cuba. Escribió el Ensayo sobre Hamlet (que sin duda alguna era una expresión de su propia lucha existencial en este periodo de transición). Ese mismo año se va a Buenos Aires, Argentina, y allí también funda otra Sociedad de Auxilios para Cuba. En 1874 declina un ofrecimiento para ofrecer la Cátedra de Filosofía o Literatura en la Universidad de Buenos Aires. Todo parece indicar que su torbellino interior no había alcanzado la maduración óptima para el giro estratégico que le seguía sus pasos.

Se va a Nueva York y continúa su campaña a favor de Cuba y Puerto Rico. En 1875 sale del Puerto de Boston en compañía del General Aguilera en una fracasada expedición armada hacia Cuba. Se va a la República Dominicana. Conoce a Gregorio Luperón y a don Federico Henríquez y Carvajal. Ve la necesidad de fundar la Escuela Normal para combatir la ignorancia y el fanatismo que minaban el continente. Su giro estratégico vocacional le impelía hacia lo que él mismo llamó la única revolución que no se había hecho en América: la revolución educativa.

En 1876 funda la Sociedad-Escuela la Educadora, destinada a educar al pueblo. Participa como vocal de la sociedad patriótica La Liga de la Paz. Sale de Puerto Plata y se va a New York donde redacta el programa de la Liga de los Independientes. Se va a Venezuela, y allí comienza su labor pedagógica formal. Ese mismo año acepta en Caracas el vice rectorado de un colegio que dirigía un tal Sotello. Renuncia porque no podía sufrir aquel viejo y rutinario plan enciclopédico que aspiraba a formar sabios en vez de formar la conciencia ciudadana. Aceptó la dirección del Colegio Nacional de Puerto Cabello, y luego pasó a dirigir el Instituto Comercial en Nueva Esparta.

El periodo educativo

¡Y llegó el momento de maduración plena para su giro estratégico vocacional: la educación! Veamos una sinopsis de su agenda educativa. El magisterio, considerado por Hostos la primera profesión la más digna entre todas ocupó, como ya señalamos, su vida, su tiempo y su talento por casi veinticinco años (1878-1903). En 1878 llega a Santo Domingo e inicia su labor de reforma educativa con la fundación de la Escuela Normal. Era el momento de la acción decidida contra la ignorancia, el enciclopedismo, la escolástica, la memoria, la superstición y el analfabetismo; llegó el momento de reformar y de crear una estructura cónsona con el ideal de libertad, derrotero impostergable de las Antillas y de la América Nuestra. Llegó la ocasión de la ruptura con una educación ex temporánea. Desde 1881 luchó por la fundación de otra escuela normal, el Instituto de Señoritas y el Primer Centro de Estudios Superiores para la Mujer. En este tiempo, Hostos desempeñó las cátedras de Derecho constitucional, Derecho penal e internacional y Economía política.

En 1881-82, dicta en la Escuela Normal de Santo Domingo las asignaturas Elementos de la Pedagogía y Aplicación de la Pedagogía, que se publican en la edición de las Obras Completas de 1939 con el título de Ciencia de la Pedagogía. En 1884 Hostos pronunció su famoso discurso Apología de la Verdad. Bajo la inspiración de Hostos floreció la Escuela Preparatoria, dirigida por dos discípulos de Baldorioty de Castro: José Pantaleón Castillo y Francisco Henríquez y Carvajal.

En 1889 acepta la invitación del Presidente de Chile, José M. Balmaceda para dirigir el Liceo de Chillán. En este país Hostos lleva a cabo una labor magistral de reforma educativa. En 1890 pasa a dirigir el recién creado Liceo Luis Amunátegi en Santiago de Chile donde pone en plena ejecución sus reformas. En 1898 Hostos regresa a Puerto Rico, pero primero pasa por Nueva York donde funda la Liga de Patriotas (los Artículos 38-43 del documento que lleva ese mismo título son relativos a la educación). En 1900 llega nuevamente a Santo Domingo a dirigir el Colegio Central, antes la Escuela Normal. Le nombran Inspector General de Instrucción Pública. Después de realizar dos viajes de inspección redactó proyectos de reforma.

Esta sinopsis del quehacer multifacético de Hostos da una idea del alcance de su obra en un contexto biográfico. Posiblemente esta forma de abordar a Hostos es la que, a la mayoría de nosotros, nos ha acercado a él. Y ciertamente, cuanto más le hemos conocido, más nos ha interesado su vida, pensamiento y obra.

El abordaje inspirador

Todos y todas buscamos inspiración en figuras de la historia, a veces figuras célebres y a veces sencillas y humildes. Personas que admiramos, que han hecho una noble contribución en diversas facetas de la sociedad. Por eso, precisamente, honramos la memoria de Hostos, Martí y otras figuras que nos inspiran. Hostos también la buscó (Froebel, Pestalosi, Rosseau, Kant, Krause, Sanz del Río, Giner de los Ríos y muchos más). Y emuló muchas de ellas. En el acercamiento inspirativo nos gusta leer sus pensamientos, acercarnos a las cosas con la profundidad y la pasión con la que él se acercaba a través de su Diario o sus Cartas, por ejemplo. De una u otra manera, el acercamiento a su obra nos arranca siempre un "¡Wao!"

Y no es para menos. Hostos era utopista nato, soñador quimérico, visionario agudo, pensador reflexivo; espíritu inquieto, hacedor tenaz, reformador intrépido, humanitario generoso, revolucionario resoluto, modelo vivo, inspirador universal, balance irreprensible entre el pensamiento intencionado y la acción meditada. (Sería arrogancia no reconocer esos atributos en Hostos). De ese pendular dialéctico entre la idea y el verbo, la dicción y la contradicción -que conformó su estilo único- nació y se refinó el imaginario que fue móvil de su faena de vida. De sus utopías nacieron sus magnos proyectos, su ingente obra, sus regias reformas educativas, todas ellas expresiones del giro radical que demandaba la América decimonómica. En síntesis, Fue un hombre de acción urgido por su visión de transformar la sociedad americana de su tiempo, dice nuestro maestro y colega Santos y Vargas, p.23. Ese sigue siendo el sueño y la inspiración de muchos de nosotros.

En ese peregrinar interior de su uñado imaginario tuvieron génesis y cobraron forma sus sueños de libertad -de alcance individual, colectiva, antillana, americana, universal- su amor y su afán por el cultivo de una racionalidad ética, su vehemente búsqueda de la verdad, la justicia y el bien, su ideal de la Confederación de las Antillas, su visión cosmopolita, su arquetipo del ser humano completo que, más que arquetipo, era una vivencia cuando expresaba: "eso es lo que practico", su fin último de una revolución social que pusiera en manos de los países del Caribe y de la América la construcción de su propia historia. En el contexto de esas utopías se fragua y cobra significado la efigie libertadora de esta poliédrica figura que tomó la tétrica realidad social de su época como punto de partida y de llegada de su pensamiento y su praxis.

Hostos: el pintor de imágenes, el escultor de magnos proyectos, el egregio maestro, habría de dejar profundas huellas en el rumbo de la civilización de su época mediante la política como poder interventor, la educación como avío de la agenda liberadora y la pluma como bártulo de anuncio y denuncia. ¡Quién no encontraría inspiración en tan digna agenda?

El abordaje crítico

Un abordaje crítico a Hostos se expresa mejor en palabras de Paulo Freire: El mejor homenaje que pueden rendirme no es repetirme; es rehacerme, es re-cantarme, re-danzarme, re-dibujarme, reescribirme. Es decir, usar la inspiración para componer otra canción, crear otro baile, pintar un nuevo cuadro, escribir un nuevo ensayo. El abordaje crítico se replantea el pensamiento de Hostos a la altura de los tiempos. Nos sitúa frente a frente a Hostos, cara a cara ante él, dialoga con él, le refuta, le cuestiona, con respeto a su aguda razón, y a su retrato biográfico, a su modelo de hombre de bien, le afirma y le contradice, pero sin doblegamiento ni venias. El abordaje crítico se desprende de apasionamientos de alabanza que impiden actualizar su pensamiento y obra a la altura de los tiempos porque es pensamiento que acepta y rechaza, escucha y cuestiona. Es hacer exactamente lo que hizo Hostos: desafiar las interpretaciones de las estructuras imperantes en su época. Esto es un imperativo para nosotros como educadores y educadoras.

Desde el abordaje crítico podemos desafiar racionalismo pasional de Hostos y preguntarle: ¿Cómo ha contribuido el cultivo de la razón al estado de sana democracia, libertad, justicia social y paz a que todos aspiramos? ¿Cómo llenar los desfases entre la razón, las utopías y la realidad actual? Estaría a lugar la pregunta retórica e incontestable quizás: ¿respondieron sus planes de reforma a ese proyecto moral para la educación, con la amplitud que él la concibió? ¿logró su proyecto educativo el cometido? ¿era la moral una meta o un ideal? Y otras tantas preguntas.

Dice Hostos en su Tratado de Moral: civilizarse no es más que elevarse en la escala de la racionalidad humana. El gran problema que nos plantea esta afirmación es que si la escuela, por ejemplo, ha logrado algún éxito en el cultivo de la razón, a la hora de decidir, bajo las mismas premisas unos han seguido el camino del servicio y otros el de servirse, unos el del bien y otros del mal. Tal parece entonces que la racionalidad humana no es capaz, por sí sola, de aportar en forma sustantiva a un estado social de libertad, justicia y paz. ¿Cuál es entonces la razón que debemos cultivar? O ¿es que no se ha logrado identificar con precisión, estudiar con profundidad, entender cabalmente, enseñar apropiadamente y usar con éxito eso que llamamos razón? O ¿será acaso que pretendemos en un acto de sincretismo ingenuo, juntar dos cosas que en su esencia misma son distintas: la naturaleza y la razón? ¿Es la razón atributo del ser humano natural o se desarrolla? Si se desarrolla, entonces se puede desarrollar para el bien o para el mal. Esto la sitúa como un proceso social. Antes que los educadores intentemos imitar o modelar a Hostos tenemos que debatir estas interrogantes, si asumimos un abordaje crítico.

Parafraseando a nuestro amigo, colega y estudioso crítico de Hostos, Rafael Aragunde, en su libro Hostos, ideólogo inofensivo, moralista problemático, tenemos que estudiar la moral en Hostos sin la intención prescriptiva en mente del proceder correcto y los atributos ideales del ser humano y sin reducirlo a un mero objeto o ejercicio de análisis, sino verlo más bien como sabia articulación de sus ideas del bien individual y social enmarcados en un contexto social y amparados en la razón natural como una herramienta articuladora. En cuanto esa relación naturaleza-razón interfiera en la aspiración última de la libertad, hay que replantearse el análisis y redirigir la discusión y emprender un rumbo diferente de acción.

Aragunde sugiere un marco que muy bien permite el abordaje crítico a Hostos; él le llama las epistemologías democratizantes. Esto es, aquellos intentos por conocer la realidad que plantean que lo fundamental en el proceso de conocer no es el acto de conocer en sí mismo, sino el modo en que lo conocido es interpretado por la comunidad. No aceptan que hay, sin más, una rigurosidad absoluta de corte científico o filosófico que tiene validez para siempre y para todos los lugares. Las epistemologías democratizantes no postulan que la realidad, natural o social, sea democrática; es que ella puede ser interpretada como colaboradora en el proceso de ir democratizando los distintos ámbitos de la existencia. No privilegian a los intelectuales como los únicos sujetos capaces de ofrecer una interpretación adecuada de la realidad, sino reconocen la multiplicidad de ángulos desde los cuales en la realidad se construyen los distintos sentidos, significados e interpretaciones.

Con esta perspectiva crítica en mente Hostos se sentiría más complacido y honrado.

Conclusión

Posiblemente un híbrido del abordaje biográfico (que buscan conocer y entender la trayectoria de este gran puertorriqueño), el abordaje inspirativo (que le reconoce como un modelo digno de emular) y el abordaje crítico (que cuestiona y actualiza el pensamiento de nuestro insigne maestro) nos posiciona, con cariño, con rigor intelectual, pero con identidad propia, y a la altura de nuestros tiempos, en la búsqueda de mejores opciones para la educación de nuestros pueblos en Puerto Rico, la América Latina, Europa y el mundo.


Referencias

Aragunde, Rafael (1998). Hostos: ideólogo inofensivo, moralista
problemático. San Juan: Pubicaciones Puertorriqueñas.
Aragunde Rafael y Vivian Quiles, eds (2002). EMH: un debate actual en torno a sus ideas pedagógicas. San Juan: Instituto de Estudios Hostosianos.
Hostos, Eugenio María (1991). Ciencia de la Pedagogía: Nociones e Historia. Edición Crítica de las Obras Completas. Vol. VI Educación Tomo . San Juan: Editorial U.P.R. e Instituto de Cultura Puertorriqueña, Instituto de Cultura Puertorriqueña. Cronología de Hostos. San Juan: 1990
Comité del Sesquisentenario (1998). Hostos para Hoy: anuario hostosiano. Vol. 1
Comité del sesquicentenario de EMH (1998). Imágenes de Hostos a través del tiempo. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña y Editorial Universitaria