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José Miguel Rodríguez Matos, Ph.D.

La súbita e inesperada decisión de la ex rectora del recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, Gladys Escalona de Mota, que autoriza la incorporación del Instituto de Estudios Hostosianos (IEH) al Centro de Investigaciones Pedagógicas (CIE) de la Facultad de Educación... y la eliminación de la estructura administrativa vigente del IEH (carta del 21 de septiembre de 2009 dirigida a la Dra. Ángeles Molina) ha dejado una estela de consternación y preocupación en quienes hemos visto en Hostos, como en otros patriotas puertorriqueños, una inspiración, una guía y una plataforma sobre la cual cimentar, desde nuestras respectivas disciplinas, nuestro proyecto para la construcción de un pueblo libre y soberano, con dignidad y orgullo ante sí mismo y el mundo. Acaso deberíamos abordar el dilema que enfrentamos en este preciso momento siguiendo una máxima hostosiana: No son los conflictos inmediatos los que debemos temer los que velemos por la integridad de los principios; son los conflictos mediatos, imperceptibles, invisibles, lentos, cautelosos, obra de zapa, laboración de gota que cae sobre la piedra y la ahueca y la raja y la relaja (El mundo nuevo, América Ilustrada. 1875).

Tomaré este sabio proverbio hostosiano como hilo conductor de mis planteamientos para poner en perspectiva amplia y desde diversos ángulos, la crisis actual del IEH. Son harto conocidas las duras luchas del independentismo puertorriqueño y las represiones que han calado en la más honda fibra de nuestro pueblo: masacres, asesinatos, carpeteos y encarcelamientos, así como maltratos, menosprecios y desprecios a las mentes pensantes que han postulado el digno ideal de la independencia de Puerto Rico. Sobre esa plataforma han tenido que librar la recia batalla, con dignidad y gallardía, nuestros grandes patriotas ausentes y presentes. La censura -unas veces abierta y descarada y otras solapada, también descarada- del pensamiento liberacionista y quienes lo representan, ha sido política oficial del gobierno colonial y de su currículo colonizador en todos los niveles del sistema educativo. Mujeres y hombres de excelsa sabiduría, hijas e hijos de esta patria, cuyo pensamiento y visión de mundo ponían a nuestro país a la altura de las grandes civilizaciones de la historia, han vivido la ignominia y el menosprecio sólo por albergar el ideal libertario. Hostos ha sido una de esas figuras. Deambula por las aulas de nuestras escuelas públicas como alma en pena, excepto por las gestas valientes, que son las excepciones, de valientes maestros y maestras transgresores de la ley de la colonia. La primera vez que escuché hablar de Hostos fue en la escuela superior Dra. María Cadilla de Arecibo en 1964 cuando dos jóvenes maestros brillantes y entusiastas publicaron un folleto (ensamblado a mano por ellos mismos) al que intitularon Forjadores del terruño. En él incluían a grandes patriotas puertorriqueños, entre otros, a Eugenio María de Hostos. Esos grandes y admirados jóvenes maestros fueron Leonides Santos y Vargas y Apolinar Cintrón. No volví a escuchar de Hostos en las aulas de la escuela pública (en un supuesto programa de avanzada) ni en la Universidad de Puerto Rico. ¿Casualidad o agenda colonizadora impuesta, so pena de las represiones que mencioné en el párrafo anterior? Por eso Hostos y otros héroes, hombres y mujeres de la patria, son desconocidos en suelo nuestro, aunque el mundo (para vergüenza y orgullo nuestro) conoce su obra. Pero si bien Hostos abrazó e ideal libertario, la universalidad de su pensamiento y obra transcendió para ser inspiración de generaciones y pueblos en la América Nuestra y el mundo. Por esto le honramos.

Esas verdades, palpables e inequívocas, estoy plenamente convencido movieron en 1988 la conciencia, el sentimiento y la voluntad de nuestros egregios maestros: Manrique Cabrera, Manuel Maldonado Denis, José Ferrer Canales, Julio César López, Don Juan Mari Bras y otros colegas y discípulos suyos, aún entre nosotros, para darle a Hostos el lugar de privilegio que requiere y merece en el Puerto Rico y la América Nuestra de hoy. Comenzaron, contra viento y marea, a rescatar a Hostos del olvido, a pesar de la colonia, sus agentes serviles y su agenda americanizadora. Pero, visionarios como fueron, nuestros maestros advirtieron desde el principio de su gesta los peligros de su proyecto en cuanto eran conocedores de los vaivenes de la burda política puertorriqueña y su amañada agresión perpetua contra la autonomía universitaria. También estoy seguro de que ellos conocían a los enemigos internos -declarados o solapados- en las mismas entrañas universitarias. Por ello, en ese momento era estratégico ubicar el IEH, como instrumento para encauzar su proyecto, en la rectoría del Recinto. Pero estoy seguro de que, claros en los propósitos y los peligros de ese proyecto, pensaron que el Instituto debería estar en el lugar más estable -o menos inestable- de la frágil y politizada estructura universitaria. Dejaron la puerta abierta para posibles reubicaciones. El Decanato de Asuntos Académicos y las facultades eran dos de esas posibilidades.

Somos, pues, herederos de una obra maestra de carácter universal en muchos campos del saber, que estamos obligados a defender y continuar: rescatar a Hostos del olvido, o darlo a conocer (como más nos inspire) para que siga siendo inspiración a esta generación y a las siguientes, para un proyecto de pueblo. Pero hay un coro de voces que afirma una verdad insoslayable: los enemigos de Hostos siguen presentes, como lo han estado siempre. Es a ellos y ellas a quienes tenemos que increpar, en cuanto sean instrumentos detractores de nuestros fines. Los factores que he resumido, entre otros, no nos permiten reducir la crisis actual del IEH a la pugna directora-rectora. No importa quién hubiera estado al frente del Instituto, el peligro era inminente (miremos el status de la Cátedra Hostos). No obstante, no somos ingenuos como para no reconocer que esa contienda jugó un papel importante y decisivo en el ánimo de la ex rectora. Es por esta razón que debemos separar la crisis actual del IEH de estos otros lamentables hechos.

Por otro lado, no obstante el trabajo realizado por el IEH, especialmente el proyecto de publicación de la Edición crítica de la Obras Completas y otros esfuerzos elogiables, de lo que no parece haber dudas es de que la comunidad universitaria (y no sería una exageración decir la comunidad internacional) tenía, y sigue teniendo grandes expectativas porque el pensamiento de Hostos cobró alcance universal. La gran contradicción estriba en que mientras hay un proyecto de publicación con el cual la Universidad se comprometió, inexplicablemente, ella misma lo ha obstruido, literalmente hablando. Como si esto fuera poco, por espacio de un lustro se mantuvo al IEH en un limbo administrativo y en un abismal desfase comunicativo. El apoyo institucional a los esfuerzos de internacionalización del Instituto fue mínimo, si alguno. Así los hechos, es de esperarse el tímido liderato del proyecto hostosiano a lo largo y lo ancho del Sistema UPR.

Estos desfases de nuestro trabajo en el Instituto y sus múltiples limitaciones fueron planteados responsablemente por nosotros mismos en nuestro proceso de evaluación que comenzó en el 2005. Si bien fue un acto elogiable (de sana política administrativa) involucrarnos en la autoevaluación del IEH, las decisiones sobre las alternativas para un mejor funcionamiento no podían ser unilaterales como, en efecto, fueron (burda política gerencial). Lo que nos consterna y enfurece en todo este proceso es la insensibilidad, la descortesía y el irrespeto de la ex rectora al ignorar y menospreciar las recomendaciones y participación de la Junta Asesora del Instituto. Lo menos que merecíamos, como universitarios y hostosianos comprometidos por décadas y conocedores del pensamiento de Hostos y de la naturaleza y alcance de nuestro proyecto, era un diálogo franco y sereno. Desde hace algún tiempo veíamos venir esta crisis. Cabe preguntarnos si fuimos hostosianos proactivos al abordar el asunto.

Pero, en un genuino esfuerzo por ser ecuánimes, aún cuando los demás ignoren ese valor fundamental de la sensibilidad humana, me parece importante que hagamos un intento de deslindar, con responsabilidad académica, la relación entre el IEH, la administración UPR y nosotros como hostosianos en nuestro carácter individual. Es algo así como sentarnos a nosotros mismos en la silla de los acusados, acusadores y testigos (¡todo junto, todo junto!). ¿Acaso hemos contribuido -quienes hemos estado involucrados en el proyecto hostosiano- inadvertida y paradójicamente, a enclaustrar a Hostos en el cautiverio intelectual, con escasas salpicadas a las aulas del sistema educativo público y privado? Si no hay dispersión y siembra de la semilla en tierra fértil, no habrá cosecha ni tiempo de siega. Aunque esto ha sido objeto de amplios diálogos entre nosotros, no podemos precisar el alcance de nuestra gestión, seguramente por la dificultad de ser juez y parte. De lo que sí estoy seguro es que, si hubiéramos anclado en las entrañas de nuestro sistema educativo, particularmente, tendríamos buenos aliados en esta lucha.

Es de suponerse que, aunque la decisión última respecto al Instituto fue responsabilidad de la ex Rectora, quienes participaron en su determinación están aún en la incumbencia de la administración universitaria. ¿Irán estos funcionarios contra sus propias recomendaciones a la ex rectora? ¿Qué opciones tendrían ellos si la decisión en torno al IEH fue llevada a la Junta de Síndicos? ¿Esperar x años más por otra decisión? Mientras tanto, ¿qué va a pasar con las decisiones que ya se han tomado y con el proyecto hostosiano que nos hemos propuesto? La pregunta más importante sigue aún sin contestar: ¿cuál sería la ubicación estratégico que garantizaría la estabilidad del proyecto hostosiano?

En virtud de estos hechos, como consideraciones mínimas de esta reflexión, tenemos que darle un giro de múltiples dimensiones a nuestro proyecto hostosiano. Pero es un giro epistemológico; es un giro estratégico; es un giro estructural (en el más amplio significado de este término). En estas dimensiones radica, a mi juicio, el meollo de un proyecto hostosiano contundente y de alcance mayor, así como las bases de un inminente diálogo. El problema del Instituto no es tanto una cuestión de ubicación como de idiosincrasia, autonomía, estructura y soporte (moral y económico). Sin estos cuatro elementos, no importa dónde esté o quién esté al frente, no tiene mucho futuro. No obstante, Hostos, quien militó por más de dos décadas y media en las filas de la más digna de todas las profesiones, encontraría en la Facultad de Educación su escenario natural, por muchas razones, entre estas porque allí están representadas la mayoría de las disciplinas que Hostos abordó en su práctica, visto desde la perspectiva de la integración con otras facultades del Recinto que, por su naturaleza, tiene esta facultad que, de paso, lleva el nombre del ilustre maestro. Entonces, la opción de reubicar el Instituto en la Facultad de Educación no es una idea descabellada (con respeto a otras posturas) si se preservan sus atributos idiosincráticos. Es decir, esa ubicación es viable en la medida en que no se menoscaben esos atributos de identidad, autonomía, estructura y soporte, y que no se atente contra los fines últimos del proyecto investigativo hostosiano. Por un lado, en la Facultad de Educación el proyecto estaría más cerca de las poblaciones a las que tenemos que llegar: los futuros maestros y, consecuentemente, a los estudiantes de las escuelas públicas y privadas. Por otro lado, estaría más accesible a los programas graduados nocturnos, cuyo fin principal es la investigación. Me repito: sin autonomía, sin talento humano y sin recursos económicos (que presuponen una estructura administrativa gestora), la ardua y cuesta arriba tarea de publicación de la Edición crítica de las Obras Completas y otros proyectos investigativos y de divulgación en nuestra agenda, están evocados al fracaso. Pero el proceso de reubicación del Instituto no puede ser unidireccional; es, por su naturaleza, dialéctico. Cualquier dependencia que pretenda facilitar o viabilizar los proyectos del Instituto, también requerirá cambios sustantivos en su visión y estructura para poder atender las demandas de un proyecto hostosiano de la envergadura que nos hemos propuesto.

Me parece importantísimo investigar la participación de la Junta de Síndicos en esta decisión antes de dar otros pasos. Mientras, debemos diseñar una estrategia. Lo que está en la agenda inmediata en virtud de la carta del 21 de septiembre, en tanto no se altere ese decisión, es el diálogo de transición con la Facultad de Educación. Esto sugiere la opción de un diálogo franco y sereno con garantías de profundo respeto a posturas diversas. Si la idiosincrasia del IEH, como la hemos concebido, no queda garantizada, nosotros tenemos el talento, el coraje y la voluntad para crear un proyecto hostosiano de envergadura que no dependa de las arbitrariedades de la administración universitaria y sus vaivenes responsivos a la agenda politiquera de los gobiernos de turno. Entonces, la opción ideal sería independizar el proyecto hostosiano de la Universidad. Sólo así tendría real autonomía, y el apoyo económico podría venir de otras universidades y entidades públicas y privadas o de personas individuales, nacional e internacionalmente. No albergo la menor duda de que hay tales instituciones y personas. Si por algo han tenido rotundo éxito a nivel internacional organizaciones con fines similares (como el Instituto Paulo Freire de Brasil) ha sido por su independencia de criterio y su autogestión para obtener recursos. Mientras dependamos de los "cupones" que nos da la Universidad, nuestras posibilidades estarán subordinadas a los caprichos de administradores fugaces, a ninguno de los cuales inspira Hostos, que no sea para saludos protocolarios que ellos y ellas nunca escriben. Estoy convencido de que asumiremos el desafío histórico que tenemos ante nosotros porque no hemos estado, no estamos y no estaremos dispuestos a ser cómplices silentes ni tontos útiles del sistema.
¡He dicho!

Nota: Finalmente, desapareció el IEH, tras infructuosos reclamos (o acaso ninguno). La administración de la Facultad de Educación, entre 21-9-9 al 2012 nunca comunicó a la facultad gestión o postura alguna al respecto.