Por José Miguel Rodríguez Matos

enero 2016

En esta presentación, que he intitulado El pensamiento vanguardista de Hostos sobre la mujer, me propongo desarrollar la siguiente tesis:

El pensamiento vanguardista de Hostos en torno a la mujer tiene sus raíces en los movimientos liberacionistas que se gestaron en Europa en el siglo 18, se consolida con la reinterpretación que Hostos hace de dicho pensamiento en el siglo XIX, y demanda una reconceptuación a partir de nuestro momento histórico: hoy, aquí y ahora, en pleno siglo 21.

Para desarrollar mi tesis me propongo: a) discutir brevemente el concepto de vanguardia, b) mencionar las concepciones que de la mujer se tenían en el siglo 19 y, consecuentemente, los roles que se le asignaban, c) exponer las nuevas proposiciones de Hostos para superar el estado de desigualdad de la mujer y su contextualización en el pensamiento liberacionistas de la época e) exponer algunos cuestionamientos que se le hacen a las posturas de Hostos sobre la educación de la mujer, f) reflexionar en torno a la siguiente pregunta: ¿estamos preparados los hombres para reconocer, apoyar y estimular el nuevo rol de la nueva mujer completa del siglo 21?

A propósito del concepto vanguardia

Lolita Lebron
Julia De Burgos
Nilita Vientos

Ante la tesis que propongo desarrollar, me parece importante clarificar el concepto de vanguardia. Según el Diccionario de la Real Academia (2014), vanguardia es un movimiento de avanzada de un grupo, ya sea de carácter ideológico, político, literario, artístico, o de otra índole. Se caracteriza por ser una plataforma ideológica distinta, de avanzada, actualizada, al día, novedosa, que puede ser controversial o revolucionaria por su contenido, profundidad y alcance. Lo vanguardista es siempre una ruptura con el orden establecido.

Los movimientos y posturas de vanguardia generan resistencia, rechazo, incomodidad, protestas y hasta crisis sociales. Esto en cuanto representan choques contra: el estatus quo, lo establecido, la tradición, la norma. Y porque, en muchos casos, afecta los intereses de alguien o de un grupo, o altera las relaciones de poder. Es decir, constituyen un giro, a veces radical, con el orden establecido. A partir de estos atributos no es de extrañar que, en la mayoría de los casos, haya resistencia al cambio.

Los movimientos de vanguardia son necesarios varias razones. Primero, porque constituyen la reinterpretación o actualización de un pensamiento actual o anterior para atemperarlo al momento histórico. Esto es así porque los tiempos y las épocas cambian, y con ellas cambian las percepciones que tenemos de la cosas y la cultura. Lo que es bueno en un tiempo o una época para una sociedad dentro de esta cultura, no necesariamente es bueno en otra época. Segundo, porque la creación de conocimiento es condición humana perpetua a través de las artes, la ciencia, la filosofía y otros campos del saber. Me decía un buen amigo brasileño: No estamos viviendo una época de cambio; estamos viviendo un cambio de época. En otras palabras, los cambios son tan profundos y de tal magnitud, que alteran la estructura, la totalidad orgánica del orden social y sus instituciones.

Concepciones y condiciones de la mujer en el siglo 19

Veamos, pues, la necesidad de un pensamiento de vanguardia vis a vis las concepciones y condiciones de la mujer en el siglo 19. En ese tiempo la única y exclusiva función que tenía la mujer era la crianza de los hijos y el cuidado de su esposo y su hogar. No se reconocía su derecho a la educación. Esto era así, no sólo en los países de la América, sino también en Europa. Se veía a la mujer como un ser débil e imperfecto. Tanto era así que su inteligencia y su capacidad de razonar se consideraban, por naturaleza, defectuosas. Estaba absolutamente sometida a la potestad del marido, avalado por la tradición y el orden social que imperaba. ¿Para qué, entonces, perder el tiempo en educarlas? En virtud de esa percepción se les negaba ese derecho fundamental. Sobre las condiciones de la mujer de su tiempo decía Hostos:

Educada exclusivamente como está por el corazón y para él, aislada sistemáticamente como vive en la esfera de la idealidad enfermiza, la mujer es una planta que vegeta, no una conciencia que conoce su existencia, es una mimosa… que las brutalidades de la realidad marchitan, no es una identidad de razón y de conciencia que amparadas por ellas en en su vida, lucha para desarrollarlas, las vive libremente, las realiza. (FPA, 9).

Hostos atribuye ese estado de la mujer a las tradiciones sociales, intelectuales y morales que la abruman (FPA, 10). A la tradición social, porque para esta la educación era exclusiva del hombre; a la tradición intelectual, porque se tenía la concepción de la inferioridad de la capacidad de razonar; a la tradición moral porque las normas, las condiciones y los parámetros de la vida en general la establecían los hombres.

Posturas y proposiciones vanguardistas de Hostos sobre la mujer

Ante ese panorama, y con una extraordinaria sensibilidad, convicción de principios y determinación para superar las condiciones de la mujer de su tiempo, aparece un Hostos visionario que había asimilado las corrientes de pensamiento de avanzada de su época. Durante la Revolución Francesa en 1789, se gesta una fuerte movimiento a favor de los derechos de la mujer, que se traduce en la primera declaración de derechos en 1791. Y en 1873, en el hermano país de Chile, Hostos pronuncia su célebre discurso que intituló La educación científica de la mujer, en el cual expone su pensamiento de vanguardia sobre el tema.

Decimos que el pensamiento de Hostos era de vanguardia porque se fundamentaba, entre otras corrientes del pensamiento de avanzada, en el Positivismo, que tenía su base en el modelo de la ciencia. Decía Hostos: Ciencia es el conjunto de verdades demostradas o de hipótesis demostrables que se refieren al mundo exterior o al interior, al yo o al no yo…; comprende todos los objetos de conocimiento (FPA, 10). El Positivismo también representaba una ruptura con el escolasticismo, el enciclopedismo y la superstición prevalecientes. Era una forma radical de abordar la lógica pedagógica y la construcción de conocimiento. Incluía un vasto mundo de conocimiento no reconocido, excepto en los círculos académicos e intelectuales. Hostos señalaba que el conocimiento de ese mundo tenía que estar accesible a la mujer porque ella tenía todas las facultades para acceder al mismo en igualdad de condiciones que el hombre. En un movimiento de rescate, quizás insuficiente para nuestro momento histórico, pero novedoso en 1873, asoma Hostos con una propuesta que sembró la semilla y sirvió de preámbulo a las nuevas concepciones y roles de la mujer de su tiempo, que le sirvió de base para magnos proyectos educativos, especialmente en Santo Domingo y Chile. Sus posturas nos han servido como punto de partida para entender los nuevos roles de la mujer de hoy. Miren si era de vanguardia en su tiempo, que el mismo Hostos advirtió, previo a su discurso: No caerá, por lo tanto, bajo el anatema del escándalo .

La mujer completa para Hostos

Pero, ¿en qué consistía esa nueva concepción de Hostos sobre la mujer? Él establece una interesante, reveladora e inspiradora relación entre el amor, el conocimiento y las facultades de la mujer: Se ama lo que se conoce bueno, bello, verdadero; el universo, el mundo, el hombre, la sociedad, la ciencia, el arte, la moral, todo es bello, bueno y verdadero en sí mismo, conociéndolo todo en su esencia, ¿no sería más amado? En esta afirmación, Hostos establece una correlación entre el conocimiento y la facultad de la mujer para amar ese mundo. Y entonces se pregunta: ¿No amaría más conociendo cuanto hoy ama sin conocer (FPA, 15)? Recordemos que el Positivismo establecía una nueva lógica de pensamiento: una nueva ontología, una nueva ética, una nueva estética, que bien se reflejan en esta cita.

Hostos concibe a la mujer como: el germen de la nueva vida social, del nuevo mundo moral… que realice concienzudamente la libertad, que resuelva despacio el problema capital del Nuevo Mundo… Cuanto más ser humano se sienta, más mujer querrá ser (FPA, 11). Esta cita expresa el despunte de la mujer como sujeto de la historia, que trasciende el escenario del cuidado de los niños, de su esposo y del hogar. Esto, a pesar de que lo que él plantea en otras citas, se presta para interpretaciones (que discutiré más adelante) sobre el alcance de su propuesta. Es así como formula una nueva concepción de la mujer y un nuevo rol social para esta. Pero para cumplir el nuevo rol social de ese nuevo porvenir, dice Hostos, primero …hay que entregarle la dirección de su propia vida, para que pueda ser la esperanza de la armonía moral e intelectual (FPA, 12). A partir de esta concepción le reconoce su potestad de mayordoma, administradora y ministradora de su vida y talento. Se trataba de un giro en el balance de poder entre la mujer y el hombre. Se trataba de una nueva moral, es decir, de nuevas concepciones, de nuevas reglas, nuevos roles. Exponer a la mujer al mundo del conocimiento era establecer las bases de un nuevo instrumento de liberación: …sabiendo todo eso se emancipará de la tutela del error y de la esclavitud en que la misma ociosidad de sus mismas facultades intelectuales y morales la retienen (FPA, 16). Esa nueva concepción de la mujer le impone un nuevo rol social.

Las controversias y la actualización necesaria

Es preciso hacer dos advertencias a la hora de señalar las controversias relativas a las posturas de Hostos en torno al rol de la mujer. Primero, dichas posturas hay que verlas en función de su momento histórico. Segundo, hay que verlas en el contexto de todo el proyecto que Hostos diseñó para la mujer. No podemos olvidar la profundidad y el alcance de una tradición milenaria de menosprecio a las virtudes ocultas de la mujer. Y esto era así, no por voluntad de la propia mujer, sino por imposición de los hombres, la cultura y la estructura social, como ya hemos mencionado. Entonces, si miramos desde este momento histórico (aquí, hoy y ahora) el pensamiento vanguardista de Hostos sobre la mujer, nos plantea interrogantes que no debemos pasar desapercibidas . Esa mujer bien educada en su sentimiento, razón y voluntad, pregunta Hostos: ¿no sabría ser la primera y la última educadora de sus hijos?........ Armad de conocimientos científicos esa influencia y soñad la existencia, la felicidad y la armonía inefable de que gozaría el hombre en el planeta, si la dadora, si la embellecedora, si la compañera de la vida fuera, como madre, nuestro guía científico; como amada, la amante reflexiva de nuestras ideas y de nuestros designios virtuosos; como esposa, la compañera de nuestro cuerpo, de nuestra razón, de nuestro sentimiento, de nuestra voluntad y nuestra conciencia. Hoy no lo es (FPA, 15). Es evidente que Hostos circunscribe en esa cita la contribución de la mujer al mundo y a la superación de las atrocidades que en él ocurren a su rol de madre, a la educación de sus hijos, a ser aliada racional y sentimental del esposo, a la buena mayordoma del hogar. No obstante más adelante afirma con contundencia: …es digna de una educación científica que está destinada a devolverle la integridad de su ser, la libertad de su conciencia, la responsabilidad de su existencia. En ella más que en nadie es perceptible en la América Latina la trascendencia del cambio que se opera en el espíritu de la Humanidad… (FPA, 16).

La propuesta de Hostos sobre La educación científica de la mujer en su época fue vanguardia revolucionaria, en nuestro tiempo tiene que ser objeto de reflexión y actualización. La educación científica que Hostos propone se fundamenta en la ciencia como conocimiento, en la ciencia como naturaleza, en la ciencia como instrumento de búsqueda de la verdad, en la noción de concebir la sociología como herramienta científica para entender la naturaleza humana. Era una ciencia del conocimiento como instrumento de liberación, por lo que señalaba: …sabiendo todo eso, se emancipará de la tutela del error y de la esclavitud en que la misma ociosidad de sus mismas facultades intelectuales y morales la retienen (FPA).

Pero hay otras expresiones de Hostos que nos obligan a pensar que, si bien Hostos en algún momento circunscribió la educación de la mujer a su escenario más próximo, o sea, el hogar, obedecía a las condiciones imperantes, lo que era sinónimo de partir de cero, y que no permitían un mayor alcance inmediato de su proyecto educativo. Señala Hostos con certeza y claridad: Limitémonos, por el momento, a la educación fundamental de la razón: formemos, ante todo, seres de razón: después vendrá el complemento necesario (FPA, 77). Y en otra expresión se desborda con elogios hacia mujeres excepcionales de la historia: Juana de Arco, Teresa de Jesús, Juana de Padilla, Madame Rolland, Isabel Primera de España, Isabel Única de Inglaterra, a gran novelista inglesa George Elliot, a la gran novelista francesa George Sand: todas ellas son figuras animadas de vida individual que, en fuerza de su individualidad genial, se salen del cuadro en que la educación rutinaria encerraba a la mujer en Europa (FPA, 69). ¿Estaba elogiando a las amas de casa? Nada más con el testigo…

El estatus de la mujer hoy

El rol que asume la mujer en nuestro tiempo trasciende las proposiciones de Hostos. Podemos dar testimonio de la participación de la mujer en todas las facetas de la vida social. No obstante, queda un largo camino que recorrer. Un estudio de la Comisión de los derechos de la mujer revela que todavía encontramos sesgos machistas en nuestras escuelas y estereotipos sexuales en nuestros currículos y libros de texto, que alimentan la imagen de superioridad de los niños y, consecuentemente, la imagen de inferioridad de las niñas. Otro Estudio cualitativo sobre centros educativos con resultados destacables en la Pruebas Nacionales (Pepén y Ziffer, 2004) refleja prácticas de segregación por sexo en distintas rutinas de la escuela tales como las filas del desayuno, en los grupos de trabajo del aula, etc. A pesar de los intentos del Departamento de Educación por establecer una política, como por ejemplo, la Carta Circular Núm. 3, 2008-2009 y la Carta circular Núm. 19-204-2015, que establece, como principios fundamentales, la equidad de género y la dignidad del ser humano, encontramos marcadas prácticas de discriminación contra las féminas. En esa misma dirección, un grupo de estudiantes de la UPR., RRP., diseñaron el pasado semestre un proyecto curricular para promover la igualdad de género y el respeto a la diversidad como instrumentos para cultivar una cultura de paz en las escuelas. Sabemos que estos son proyectos difíciles de implantar porque hay prejuicios latentes avalados por nuestra propia cultura. Pero es posible superarlos.

Datos de la Oficina de la Procuradora nos informa que hay desigualdades en nuestro país que no podemos pasar desapercibidas. Todavía hay una marcada brecha salarial entre hombres y mejeres que ronda en los $8,000. Esto, a pesar de que la proporción de mujeres de 25 años o más que ha obtenido un grado de escuela superior o más es de aproximadamente un 73%, contra un 69% de los hombres. Las querellas por discrimen contra la mujer, de todo tipo, son alarmantes. Tan sólo en el 2014 hubo 156 querellas por edad, 219 por embarazo, 251 por impedimento, 417 por género, y una otras tantas más.

En función es estas estadísticas es que me ratifico en que, a pesar de los grandes logros del movimiento en pro de los derechos de la mujer, queda largo camino por recorrer. ¿No será que hay que darle un giro, o reenfocar o educar a quienes hacen possible esas nefastas actitudes?

En las propuestas de Hostos encontramos inspiración para supercar ese estado de cosas.

La agenda de vanguardia para hoy: Educad a los hombres

El mayor logro de la lucha por los derechos de la mujer, a mi juicio, es que las mujeres han recuperado su poder natural, el poder sobre ellas mismas, aunque falte camino por recorrer. El gran obstáculo o peligro que aún encuentra esa lucha [siéntense los hombres, por favor] somos los hombres. Y a partir de esta afirmación, la más desafiante tarea del momento es la de educar a los hombres para superar los rezagos machistas. El mismo Hostos arremetió contra nosotros los hombres con una ruda crítica.

Ese peligro es obra nuestra; es obra de nuestros errores; es creación de nuestras debilidades; los que monopolizamos la fuerza… el poder social, que casi siempre manejamos con mano femenina, los que hacemos las leyes para nosotros,…a nuestro gusto, nosotros somos los responsables de los males que causa nuestra infracción…de las leyes eternas de la naturaleza (FPA, 10).

Ya sea que miremos todo este fenómeno desde el paradigma positivista o desde perspectivas críticas o de cualquier otro marco filosófico o teórico, no podemos ir contra las leyes de la naturaleza. Y la naturaleza ya adjudicó condiciones de equidad entre el hombre y la mujer. La historia lo testifica de este modo: igualdad moral, igualdad creativa, igualdad de acción, para esa mujer que Hostos llama obrera de la vida. Y para acatar esa ley natural, propone dos cosas: acatar esa personalidad y, dos, instituirla (no dejarla a la discreción). Pero nos dice más aún a los hombres, nos llama: Violadores de la ley natural; la reducimos a la simple cooperación, abandonarlas cobardemente de la contienda intelectual, cómplices, por ignorancia, de nuestros males y nuestras faltas, privada del derecho a vivir racionalmente. Y continua afirmando: Pero educar a la mujer para la ciencia es empresa tan ardua a los ojos de casi todos los hombres… que prefieren la tiniebla del error, la ociosidad de su energía a la lucha que impone la tarea (FPA, 9). Algo así como curarse en salud, hacer caso omiso, o hacer como el avestruz: meter la cabeza en la arena para no ver la tormenta. O como bien dice una frase popular: ni pa’llá vo’a miral.

Educad al hombre para la mujer completa

De lo que estamos hablando es de un nuevo giro, un nuevo balance, una distribución más equitativa en la fuerza de poder. Estamos abogando porque se continúe y se fortalezca la educación de la mujer; y que se respete el espacio de poder que ellas han conquistado para ser y hacer. Hostos nos hace una llamada a respetar ese espacio de la mujer: su capacidad de decidir y amar lo que sintiera; de querer y realizar lo que quisiera, su libertad y su responsabilidad, su capacidad de perfeccionarse. Se debe educar a la mujer para que sea ser humano, para que cultive y desarrolle sus facultades, para que practique su razón, para que viva su conciencia… (FPA, 9). Esa lucha, en la que Hostos estuvo entre sus impulsores, al menos en nuestro entorno, ha ganado mucho terreno.

Pero para el hombre poder vivir la plenitud de su ser, tiene que conocer, reconocer y ser parte de ese nuevo orden, de ese nuevo reordenamiento del poder. Y esto también requiere otro magno proyecto de educación para hombre a través de la educación formal, no formal e informal. La escuela y la Universidad son las responsables de articular ese magno proyecto. ¿Estamos educando a los hombres para reconocer ese nuevo perfil de la nueva mujer del nuevo mundo? En el reconocimiento de las virtudes de la mujer, expresa Hostos las debilidades del hombre, cuando nos dice: El sentimiento es facultad inestable, transitoria e inconstante en el hombre; es facultad estable permanente, constante en la mujer... el sentimiento es más activo, persuasivo y eficaz. (Referencias). La otra pregunta clave, que parece sencilla y hasta retórica, pero no lo es: ¿Quién educa a los hombres? Y cuidado con poner los pollos a cuidar la lechuga, o el lobo a cuidar los pollos.

Finalizo con una feminización de la concepción de Hostos del ser humano completo:

Ser niñ[a] de corazón, adolescente de fantasía, joven de sentimiento, en la madurez temprana, en lo que quiero llamar la edad científica, ser armonía viviente de todas nuestras facultades, razón, sentimiento y voluntad movidos por conciencia, ser capaz de todos los heroísmos y de los sacrificios, de todos los pensamientos y de todos los grandes juicios… ser finalmente, mediador[a] entre el racionalismo excesivo… por absorber en él todas las actividades independientes y necesarias del espíritu, y entre el pasionalismo de los que creen que todo lo hace la pasión, eso es lo que yo llamo la mujer completa (EIH, 52).

¡Nadie me diga que eso aplica solo a la vida del hogar y al rol de la mujer como madre y esposa!

Y vuelvo a mi pregunta clave: ¿Estamos los hombres preparados para la nueva mujer, del nuevo orden, de la nueva sociedad, que habitará un nuevo mundo? ¿Los estamos educando para enfrentar ese nuevo paradigma, ese nuevo modelo? Es un análisis de conciencia que nos toca a cada uno hacer. Estoy seguro que ellas nos pueden ayudar.

De ese análisis debe surgir una respuesta con una gesta de vanguardia y una consigna, que a mi juicio tiene que ser:

Educad al hombre para la mujer completa, nos diría Hostos hoy.

He dicho.


Referencias

Hostos, Eugenio María de (1969). Obras Completas. Forjando el porvenir americano. Tomo XII, Vol. 1 San Juan: ICP. pp.7-17.
Departamento de Educación de Puerto Rico. Carta circular núm. 3, 2008-2009.
Departamento de Educación de Puerto Rico. Carta circular núm. 19, 2014-2015.
Oficina de la Procuradora de las Mujeres; http//: WWW.PR.GOV
Rivera Nieves, Irma (1992). El tema de la mujer en el pensamiento de Hostos. RD: Corripio.
Rodríguez Matos, José (2013). La educación en el ideario de Hostos. San Juan: Ediciones Abacoa. 52.