José Miguel Rodríguez Matos, Ph.D.

Proyecto para el Estudio Preliminar
Educación y Sociedad, Tomo II
Edición Crítica de las Obras Completas de Eugenio María de Hostos

Entender la magnanimidad de la obra educativa de Eugenio María de Hostos -de patente intención libertaria- como una expresión concreta de su ideario, precisa explicarla como el entramado de una vida en la que coexisten y articulan lo personal, lo intelectual y lo socio-histórico. En el ideario del prócer convergen su visión de mundo, su fino talento, sus torbellinos internos, la unicidad de su época y su intelectualismo propio, por un lado, y las agendas libertarias que se gestaban en las Antillas, la América y el mundo, por otro lado. Conocer los rasgos distintivos principales de esas convergencias en sus múltiples dimensiones, sirve de plataforma para el análisis crítico, la búsqueda de explicaciones variadas y el entendimiento cabal de la obra de nuestro excelso maestro. A partir de estas premisas cobran significado los incisos principales de este estudio preliminar, los cuales pretenden destacar las relaciones intrínsecas de una serie de sucesos que sólo cobran significado en la visión de éstos como un todo orgánico.

Efigie del libertador

Eugenio María de Hostos: utopista nato, soñador visionario, pensador reflexivo; espíritu inquieto, hacedor tenaz, reformador intrépido, humanitario generoso, revolucionario resoluto, modelo vivo, inspirador universal, balance irreprensible entre el pensamiento intencionado y la acción meditada. De ese pendular dialéctico entre la idea y el verbo, la dicción y la contradicción -que conformó su estilo único- nació y se refinó el ideario que fue móvil de su faena de vida. De sus utopías nacieron sus magnos proyectos, su ingente obra, sus regias reformas educativas, todas ellas expresiones del giro radical que demandaba la América decimonónica. En síntesis, Fue un hombre de acción urgido por su visión de transformar la sociedad americana de su tiempo.

En ese peregrinar interior de su uñado ideario tuvieron génesis y cobraron forma sus sueños de libertad -de alcance individual, colectiva, antillana, americana, universal- su amor y su afán por el cultivo de una racionalidad ética, su vehemente búsqueda de la verdad, la justicia y el bien, su ideal de la Confederación de las Antillas, su visión cosmopolita, su arquetipo del ser humano completo (que, más que arquetipo, era una vivencia cuando él mismo expresaba: eso es lo que practico ), su fin último de una revolución social que pusiera en manos de las Antillas y de la América Nuestra la construcción de su propia historia. En el contexto de esas utopías se fragua y cobra significado la efigie libertadora de esta poliédrica figura que tomó la tétrica realidad social de su época como punto de partida y llegada de su pensamiento y su praxis.

Hostos, el pintor de imágenes, el escultor de proyectos, el egregio maestro, habría de dejar profundas huellas en el rumbo de la civilización de su época mediante la política como avío de la agenda liberadora, la educación como poder interventor y la pluma como bártulo de anuncio y denuncia del visionario, [que] quiso esculpir en la dura realidad de Nuestra América el ensueño de Bolívar: la unidad con la libertad y la justicia.

Pero, ¿cómo llega Hostos a identificarse con la educación como instrumento de lucha de esa unidad soñada de libertad y justicia, decisivas para la consecución de la paz y el desarrollo de las Antillas y de la América? Fue un peregrinaje de vida que, si fuéramos a periodizarlo, hay cuatro etapas, todas decisivas, que contribuyeron a su derrotero final de la educación, a la cual dedicó parte sustancial de su vida. Estas son: el período de su primera formación, de 1839 a 1860; el período político del 1860 a 1878; la transición, de 1870 a 1878 (años en los cuales traslapan lo político y lo educativo); y el período educativo, de 1878 a 1903. Esas periodizaciones no son fronteras absolutas o categóricas, sino aproximaciones, especialmente la división entre lo político y lo educativo, que parecieran traslapos consustanciales con la reflexión y la acción que caracterizó al egregio maestro.

Pero ya fuera en el quehacer político, educativo u otras facetas en las cuales Hostos se destacó, hubo una herramienta que desempeñó el papel de hilo conductor y unificadora de su agenda emancipadora, y desde la cual parten y desembocan sus estrategias vocacionales: el auto cultivo de su talento como escritor de fino corte literario, talento que llega a desempeñar un papel crucial en la expresión de su ideario y en su difusión en el mundo de su época.

Un breve recorrido por esas etapas de la vida de Hostos permitirá analizar, entender y explicar su trayectoria educativa en el contexto de su tiempo. La argentina Adriana Arpini señala que Hostos, durante su juventud en España, asimiló las ideas de los krausistas españoles que en ese momento se difundían con mucho vigor. Posteriormente incopora en el dialogismo interno de su discurso ideas del positivismo tanto de Spencer como de Comte y, finalmente, parece enfatizar el aspecto ético de su pensamiento convirtiéndolo en eje central.

Veamos el peregrinar desde el cual surge el ideario hostosiano en el tumultuoso panorama decimonónico que lo condiciona y desde el cual se forjan sus concepciones de la educación como movimiento esperanzador, transformador y liberador.

El periodo de su formación

No es especulativo sostener que un talento singular como el de Hostos, aprovechara cada experiencia de su educación formal, desde el Liceo de San Juan hasta la Universidad Central de Madrid para dar forma a su ideario. Entonces, no parece haber sido casualidad que su formación en Filosofía, Derecho y Letras correspondieran y fueran tan cónsonas con la necesidad de las Antillas y de la América Nuestra de su época, esto es: ser pensadas y entendidas con propósito visionario, ser defendidas de los atropellos del régimen español y tener una voz que difundiera el mensaje de liberación con la fuerza indetenible del tintero y la pluma por todo el mundo. Señala Adriana Arpini: Para Hostos la escritura es una fuerza, un poder, pero de naturaleza diferente al poder que domina por la ´fuerza bruta´. Es la fuerza de la denuncia, el poder civilizador del proyecto...Para Hostos como para Martí, Rodríguez, Sarmiento, la palabra tiene potencia realizativa, y la escritura, sobre todo a través del periódico, cumple una función pragmática.

El periodo político

Como una expresión concreta del ingenio literario de Hostos surge su primera novela, La peregrinación de Bayoán. La misma es punto de partida para su incursión activa sobresaliente en la literatura y en la política. Quien se perfilaba como un prócer ...bajo el pretexto de una ficción con proyecciones políticas, prefigura el itinerario de vida, de sueños, de propósitos.... Así lo confirma el mismo Hostos en el prólogo de la segunda edición de esta novela: El problema de la patria y de su libertad, el problema de la gloria y del amor, el ideal del matrimonio y de la familia, el ideal del progreso humano y del perfeccionamiento individual, la noción de la verdad y la justicia, la noción de la virtud personal y del bien universal, no eran para mí meros estímulos intelectuales y afectivos, eran el resultado de toda la actividad de mi razón, de mi corazón y mi voluntad; eran mi vida. Es así como Hostos se constituye en la voz de un pueblo que clamaba zozobrada y enérgicamente contra la opresión y la represión del despotismo español y la miseria social.

Durante este segundo lapso de su vida pública Hostos mantuvo una ferviente lucha por la independencia de Puerto Rico, Cuba y la República Dominicana. En 1865 denuncia en el periódico español La Iberia los sucesos estudiantiles de la Noche de San Daniel, ocurridos el 10 de abril, contra estudiantes opositores a la política interventora de España en América. Pronunció célebres discursos acusadores del régimen colonial español (Ateneo de Madrid, 20 de diciembre de 1868). En 1869, como candidato a Cortes por el Partido Liberal de Puerto Rico, se entrevista con el General Serrano, presidente del Gobierno Provincial, solicitando amnistía para los presos de los sucesos del Grito de Lares. En ese mismo año parte hacia New York, tiene su primer encuentro con Betances, y continúa su propaganda a favor de la independencia de Cuba y Puerto Rico.

Si bien es cierto que la lucha de liberación de la época contaba con figuras del calibre de Ramón Emeterio Betances, Román Baldorioty de Castro y Segundo Ruiz Belvis, en Puerto Rico; José Martí y Enrique José Varona en Cuba; Gregorio Luperón y Federico Henríquez y Carvajal, en la República Dominicana, para mencionar sólo algunos, ninguno de ellos tenía la propensión de maestro que corría en las venas del egregio puertorriqueño. Como hombre visionario advirtió, en las postrimerías de esta década de los años de 1860, que la lucha requería educar y preparar al pueblo para la inevitable e histórica agenda liberadora que se aproximaba. La educación brindaba posibilidades y espacio para la consecución, la vivencia y la posterior expansión del ideal de libertad, tan necesario para el desarrollo pleno de las Antillas y de la América. Ese es el desafío que asume Hostos.

El periodo de la transición

Los años entre 1870 y 1878 marcaron una transición que representó en Hostos un torbellino existencial entre el político y el maestro. Mientras continuó su vehemente lucha política fue incursionando paulatinamente en las huestes de la educación. Esa crisis interna pendulaba entre el fruto de su militancia activa, su denuncia política y su otra opción de lucha: la educación. ¿Cómo se sustenta esto?: en las actividades en las cuales Hostos se involucró en este decenio. En 1870 escribe en el periódico neoyorquino La Revolución, que era un instrumento de lucha por la liberación de las Antillas, y participa en la Sociedad de Auxilio a los Cubanos y en el Club de Artesanos. También colabora en la Sociedad de Instrucción de la Liga de Independientes. En 1871 funda en Lima, con un peruano, el periódico La Patria y crea la Sociedad de Auxilios para Cuba. Ese mismo año funda la Sociedad Amantes del Saber, de evidente corte educativo, porque era una organización para promover y colaborar con el desarrollo de la instrucción primaria y secundaria en Perú. Su estrategia y su trinchera de lucha cobraban un nuevo rumbo. Va gradualmente apartándose de la política activa e incursionando en la educación hasta hacer de ésta el eje central de toda su actividad productiva. Estos son los primeros indicadores de lo que podríamos llamar su giro estratégico vocacional. Porque su verdadera vocación era ser estudioso y hacedor de libertad en todas sus dimensiones conceptuales y manifestaciones fenomenológicas.

En 1872 libra la campaña en Chile defendiendo su escrito La educación científica de la mujer. Estos ensayos eran de una patente agenda educativa y situaban a Hostos como uno de los decididos campeones y precursores de las ideas pedagógicas más avanzadas del siglo XIX. Ese mismo año funda en Chile la Sociedad de Auxilios para Cuba. Se hace socio de la Academia de Bellas Letras de Santiago, recibe el primer premio por su Memoria de la Exposición Nacional de Artes e Industrias. Publica la Biografía crítica de Plácido. En 1873 se publica el ensayo crítico Hamlet (que sin duda alguna era una expresión de su propia lucha existencial en este periodo de transición); también se publica la segunda edición de La peregrinación de Bayoán. Ese mismo año se va a Buenos Aires, Argentina, y funda la Sociedad de Auxilios Pro Independencia de Cuba. Allí propone la construcción del Ferrocarril Transatlántico, que se construye décadas más tarde llevando su nombre. En 1874 declina un ofrecimiento de la Cátedra de Filosofía y Literatura en la Universidad de Buenos Aires. Todo parece indicar que su torbellino interior no había alcanzado la maduración óptima para el giro vocacional estratégico que seguía sus pasos.

Visita a Brasil, sale de Río de Janeiro, pasa por San Tomas hacia Nueva York donde publica La América ilustrada y allí continúa su campaña a favor de Cuba y Puerto Rico. En 1875 sale del Puerto de Boston en compañía del general Aguilera en una fracasada expedición armada hacia Cuba. Se va a la República Dominicana donde funda los periódicos Las tres antillas, Los antillanos y colabora con Las dos antillas. Conoce a Gregorio Luperón y a Federico Henríquez y Carvajal. Ve la necesidad de fundar la Escuela Normal para combatir la ignorancia y el fanatismo que minaban el continente. Su giro estratégico vocacional le impelía hacia la única revolución que no se había hecho en América: la revolución educativa. La crisis política de Santo Domingo abortó el Proyecto de Ley de Normales. Mientras, el Club Cubano de Puerto Plata le nombra miembro honorario y le comisiona ante los gobiernos de Venezuela y Colombia.

En 1876 funda en Puerto Plata la Sociedad-Escuela la Educadora, destinada a educar al pueblo. Sale de Puerto Plata y se va a Nueva York donde redacta el programa de la Liga de los Independientes. Participa como vocal de la sociedad patriótica La Liga de la Paz. Se va a Venezuela y allí comienza su labor pedagógica formal. Fue profesor del Colegio La Paz en Caracas y en diciembre inaugura la Escuela Normal. Funda el primer Instituto de Ciencias Sociales en Venezuela. Ese mismo año acepta en Caracas el vice rectorado de un colegio que dirigía Soteldo (Ver Pedreira, 1964, p.. 116) al cual renuncia porque no podía sufrir aquel viejo y rutinario plan enciclopédico que aspiraba a formar sabios en vez de formar la conciencia ciudadana. Aceptó la dirección del Colegio Nacional de Puerto Cabello, y luego pasó a dirigir el Instituto Comercial en Nueva Esparta.

El periodo educativo

¡Y llegó el momento de maduración plena para su giro estratégico vocacional: la educación! Veamos una sinopsis de su agenda educativa y cómo se va enmarcando en su ideario.

El magisterio, considerado por Hostos la primera profesión, la más digna entre todas, ocupó su vida, su tiempo y su talento por casi veinticinco años (1878-1903). En 1878 llega a Santo Domingo e inicia su labor de reforma educativa con la fundación de la Escuela Normal. Era el momento de la acción decidida contra la ignorancia, el enciclopedismo, la escolástica, la memoria, la superstición y el analfabetismo. Llegó el momento de reformar y crear una estructura cónsona con el ideal de libertad, derrotero impostergable de las Antillas y de la América. Llegó la ocasión de la ruptura con una educación extemporánea que ponía un desproporcionado énfasis en una retórica literaria y filosófica en menoscabo de otras fuentes del saber científico que promovía Hostos. Abogó por una educación que articulara la educación y la vida de una nueva generación que despuntaba. Federico Henríquez y Carvajal dice: Hubo en la escuela su primer triunfo a los cien días de su apertura. Fue un acto de prueba. Quizo el director ver lo que daría de sí su plan y el método seguido para el gradual y armónico desarrollo de la razón educada, y el éxito fue una revelación de alto mérito extraordinario, de la obra acometida. Desde 1881 luchó por la fundación de otra escuela normal, el Instituto de Señoritas, dirigida por Salomé Ureña de Henríquez (el primer centro de estudios superiores para la mujer). En ese mismo año se fundó el Instituto Profesional con facultades de: Derecho, Medicina, Farmacia e Ingeniería. En este tiempo, Hostos desempeñó las cátedras de Derecho Constitucional, Derecho Penal e Internacional y Economía Política.

En 1881 y 1882 dicta en la Escuela Normal de Santo Domingo las asignaturas Elementos de la Pedagogía y Aplicación de la Pedagogía, que se publican en la edición de las Obras Completas de 1939 con el nombre de Ciencia de la Pedagogía. En 1884 se celebró la primera graduación de maestros normalistas. Aquí Hostos pronunció su famoso discurso Apología de la Verdad. Una nueva escuela normal se fundó en Santiago de los Caballeros. Bajo la inspiración de Hostos floreció la Escuela Preparatoria, dirigida por dos discípulos de Baldorioty de Castro, José Pantaleón Castillo y Francisco Henríquez y Carvajal. En 1885, el padre Billini (rector del Colegio San Luis Gonzaga) publica un folleto en el que recoge los artículos de Datos de 1881, y tilda a Hostos de "soberbias ínfulas del reformista" cuya religión del deber, única que recomienda el educacionista, hoy patrocinado por el gobierno, es una frase vacía de sentido: Nuestra fe y nuestra ortodoxia están por encima de toda escuela y abominamos la vana ciencia que aleja de Dios. El padre Billini también dirigía el periódico La Crónica. Salía al ruedo contra la Normal y lo que él llamaba la subversión de la educación. Cabe destacar que posteriormente, el referido padre fue un ferviente defensor de la Normal. Hostos tuvo enemigos de su obra muy poderosos. Pero tuvo aliados incondicionales. Señala Castro Ventura que para el 21 de mayo de 1881 Luperón le solicitaba a Hostos que se replegara hacia Puerto Plata: Ojalá que usted, cansado de la guerra que ahí le hacen los enemigos del verdadero progreso, obreros del oscurantismo y del retroceso, se viniese para acá, donde de veras se le estima y distingue (45). Y, desde París, Luperón le escribía a Hostos: Muy grande se presenta el porvenir de mi patria, preparando con las luces que usted difunde en la juventud de un pueblo: su misión es más grande que meritoria, es sagrada: ...Su método de enseñanza práctica y positiva hará mi país una nación de ciudadanos libres, viriles, inteligentes, sabios, económicos y laboriosos: en una palabra, un pueblo civilizado y digno de llamarse un pueblo independiente en pleno Siglo XIX. Por otro lado, el tiránico dictador Ulises Hereaux, fustigó la labor de Hostos hasta el grado de llevarlo a abandonar Santo Domingo. Conforme con su proyecto, siempre persiguió el concurso de la iglesia, principalmente de sus altos dignatarios; de ahí que toleró los ataques eclesiásticos contra la Normal.

En 1889 Hostos acepta la invitación del Presidente de Chile, José M. Balmaceda para dirigir el Liceo de Chillán. Aquí Hostos lleva a cabo una labor magistral de reforma educativa: a) agrupó proporcionalmente los alumnos en las clases; b) vigorizó la enseñanza intuitiva y objetiva; c) exigió a los profesores competencia y preparación; d) introdujo la geografía e historia religiosa; e) presentó un plan de estudios secundarios de acuerdo con el método evolutivo; y f) agrupó las materias en tres verdades positivas: cosmológicas, antropológicas y sociológicas, correspondientes al orden de la naturaleza cósmica, de la naturaleza humana y de la naturaleza social. Siguiendo este orden se conocían seis ciencias primarias que abarcaban todas las asignaturas: Matemáticas, Astronomía, Física, Química, Biología y Sociología.

Según Hostos, a la escuela intuitiva (primaria) le correspondía despertar las intuiciones de todas las verdades generales contenidas en esos seis grupos; a la escuela inductiva (secundaria) le tocaría la formación de las inducciones científicas fundadas en las intuiciones ya desarrolladas; a los institutos les incumbiría la aplicación de las deducciones y de las inducciones correlativas; a la universidad le correspondería las sistematizaciones, de modo que partiendo de las verdades más generales en la escuela fundamental se llegaría al dominio de las sumas de lo que él llamaba las verdades positivas.

Para Hostos, el punto de partida era la instrucción elemental. Introdujo la escuela de trabajo manual, la gimnasia, los juegos, las excursiones, las masas corales, las lecciones objetivas y de artes domésticas; y conforme al progreso natural lo iba exigiendo, se iban explicando aquellos materiales fundamentales en que había de descansar la enseñanza más avanzada. Pero el nuevo sistema tenía propósitos ulteriores claros: formar hombres para la humanidad, para la patria; un sistema humano para formar razones y conciencias sanas.

En 1890 pasa a dirigir el recién creado Liceo Miguel Amunátegui en Santiago de Chile, y pone en plena ejecución sus reformas. Durante este tiempo dictó cátedra de Derecho Constitucional en la Universidad de Santiago, contribuyó a la reforma de la Facultad de Derecho, presidió el Ateneo, fue director del Congreso Pedagógico de 1890, director del Congreso Científico en 1894 y presidente del Centro de Profesores de Chile.

En 1898 Hostos regresa a Puerto Rico. Funda la Liga de Patriotas (los Artículos 38-43 del documento que lleva ese mismo nombre son relativos a la educación). En 1900 llega nuevamente a Santo Domingo a dirigir el Colegio Central (-antes conocido como la Escuela Normal). El Presidente de la República le nombra Inspector General de Instrucción Pública. Después de realizar dos viajes de inspección redactó los siguientes proyectos para el Congreso: Ley reformada de escuelas normales de maestros y profesores, Ley de fondos nacionales y municipales para la enseñanza normal y la Ley general de enseñanza pública. Hostos y sus discípulos gestaban un proyecto de ley de enseñanza muy ambicioso y con propósito claro en mente: debía responder a las exigencias de la época y a los principios regeneradores de la revolución que asomaba.

Durante ese tiempo fundó el periódico El Normalismo para la defensa de la Escuela Normal -a raíz de los ataques contra ésta-, organizó la Sociedad el Normalismo; presidió la Sociedad de Enseñanza; fundó el Club Gimnástico y redactó los programas para la enseñanza intuitiva de las normales, los Prolegómenos de Sociología y su Tratado de Sociología. Para esta época todavía eran obras inéditas Nociones de Ciencia de la Pedagogía, El Kindergarten e Historia de la Pedagogía.

Esta sinopsis del quehacer plurifasético de Hostos da una idea de la magnitud de su obra pedagógica. Pero, ¿cuál fue el contexto sociohistórico que sirvió de marco o plataforma a su rumbo de acción? Veamos ese cuadro brevemente en cuanto no podemos separar la educación en el ideario hostosiano ni sus opciones de lucha, de la simiente social que le daba razón de ser.

Entorno socio político decimonónico de las utopías, las proposiciones y la práctica educativa de Hostos. La ingente obra educativa de Hostos tuvo lugar en el contexto sociopolítico decimonónico de carácter eminentemente liberacionista en todo el Planeta. Durante este tiempo se dieron coyunturas históricas alrededor del mundo que abrían una brecha para la agenda liberadora de América y las Antillas y hacían imperativa propuestas educativas de envergadura. Esa fue la ruptura que Hostos, hombre conocedor el mundo de su tiempo, percibió desde muy temprano y desde la cual se lanzó al inusitado desafío de la educación de su época.

En 1859 Estados Unidos reconoce el gobierno de Benito Juárez en Méjico. En 1861 se forma los Estados Confederados de América. En 1865 se gestaban los movimientos de liberación de esclavos en Europa y en los Estados Unidos. España comenzó un proceso avanzado de debilitamiento. Triunfa la lucha contra el feudalismo japonés en 1871. En 1883 surge la guerra entre Francia y China. En 1889 se proclama la República de Brasil y un año más tarde se proclama la abolición de la esclavitud en este país.

Politica

Cuba

En las Antillas se dan las condiciones que abonan a la lucha emancipadora. En la mayor de ellas, Cuba, desde la invasión napoleónica en el 1808, diferencias de pensamientos y acción establecieron brechas entre peninsulares y criollos. Para el 1809 comenzaron las conspiraciones por la libertad de Cuba. En el 1823 estando al mando el General Francisco Dionisio Vives se agudizaron las mismas. Sin embargo, aunque los gérmenes libertadores datan del primer cuarto del Siglo XIX, no es hasta el 1868 que la opresión política, la explotación económica y el estancamiento social hicieron emerger el Grito de Yara.

El 10 de octubre de 1868 treinta y siete cubanos se reunieron en el batey del Ingenio La Demajagua, propiedad de Carlos Manuel de Céspedes, abogado y rico hacendado de Manzanillo, convocados por éste, jurando librar a Cuba del yugo opresor del Imperio Español. Ese día se inició la Guerra de los Diez Años. La vieja campana que acostumbraba sonar para llevar a cabo las faenas cotidianas, esta vez tañía para comenzar la lucha libertadora. Estos cubanos, pacíficos ciudadanos que amaban la patria, no estaban dispuestos a vivir sin libertad y atacaron el poblado de Yara el 11 de octubre de1868. De este poblado tomó su nombre esta revolución.

El 27 de noviembre de 1871, a los cuatro años de haberse iniciado la guerra, ocurrió el fusilamiento de ocho estudiantes de medicina bajo el gobierno del Conde de Balmaseda. Secuela de los conflictos ideológicos del momento fue el horrendo crimen estudiantil, bajo acusación de haber rayado la tumba del periodista español Gonzalo de Castañón. Años más tarde el estudiante Fermín Valdés Domínguez demostró la inocencia de sus compañeros. En el mausoleo del Cementerio de Colón se les recuerdan con una inscripción: INOCENTES. El año 1871 se conoce en la historia de Cuba, como El Año Terrible, caracterizado por despiadados atropellos contra la población cubana y simpatizantes de los cubanos insurrectos.

En el 1873 España ejecuta a los revolucionarios cubanos del Virginius, barco americano en aguas internacionales abordado y capturado por los españoles. El incidente sirvió de justificación para la intervención de los americanos en las luchas cubanas. Lamentablemente, la guerra emancipadora del 68 terminó el 10 de febrero de 1878 con la muerte de algunos de sus líderes, diezmadas sus fuerzas, sin recursos y capturado su último presidente de la República en Armas. Al considerarse esta lucha como estéril por algunos de sus combatientes, se accedió a firmar el Pacto del Zanjón, al cual se opuso el General Antonio Maceo.

Esta acción pasó a la historia como La Protesta de Baraguá. El Titán de Bronce, como se le conocía a Antonio Maceo, junto con un grupo de sus hombres aprobaron una brevísima constitución. Eligieron presidente de la república a Titá Calvar, general en jefe de las tropas que quedaban a Vicente García y nombraron Lugarteniente a Maceo. El general español al mando para la época, Martínez Campos, ordenó a sus tropas no entrar en acción contra los cubanos. Las condiciones no mejoraron, la situación era muy precaria para el gobierno provisional. A principios de mayo se envió una comisión a Jamaica para buscar recursos. Los informes fueron negativos, no se podía continuar alzados contra la Metrópoli. Sus operaciones se dieron por terminadas por la falta de recursos el 28 de mayo de 1878.

Así finalizó La Guerra de Los Diez Años, se sacrificaron vidas y fortunas, mas la lucha no terminaba: se posponía. Cabe señalar que El Pacto del Zanjón, según puso término a la Guerra Grande, puso fin a los quince años de incesante labor patriótica por la causa cubana, de nuestro apóstol peregrino Eugenio María de Hostos. Las ansias de libertad del pueblo cubano se volvieron a materializar en el 1879. Se organizó una nueva rebelión fomentada por los generales de la Guerra de los Diez Años, la cual se conoció como La Guerra Chiquita. Este nuevo brote revolucionario cesó en menos de un año. No se arraigó porque el país deseaba paz, pero fue indicador de que La Paz del Zanjón no era el capítulo final.

El 7 de octubre de 1886 se llevó a cabo la más notable conquista de los autonomistas, se abolió la esclavitud. El gobierno español recelaba del Partido Autonomista, atribuyéndole tendencias separatistas. Los autonomistas visualizaban que los problemas económicos y políticos no se podían resolver por separados. El 10 de abril de 1892 José Julián Martí y Pérez fundaron en Nueva York el Partido Revolucionario Cubano, el cual fue el alma del movimiento revolucionario del 1895. En el 1893 aumentó la campaña autonomista, se fundó El Partido Liberal Autonomista, el cual fue hijo de la revolución vencida en el Pacto del Zanjón. Además, el Partido Unión Constitucional o Integrista se dividió y se formó el Partido Reformista.

En el 1895 surgió la guerra de independencia cubana. La pluma libertadora se debió al apóstol Martí, quien logró la movilización de la acción común para la empresa revolucionaria. Unió a veteranos de la guerra del 68 y jóvenes como él que no habían peleado en ella, y los denominó los pinos nuevos. Esta guerra pasó a la historia como el Grito de Baire. El 24 de febrero de 1895 ocurrió el alzamiento de los cubanos en Baire, en la provincia de Oriente, a las órdenes de los hermanos Lora y de Jesús Rabí. La realidad fue que los cubanos, en este proceso inicial, se levantaron en armas contra el Imperio Español en cinco diversos lugares de la Isla. Nuevamente, la hegemonía española se ponía en riesgo y se involucraría el Coloso del Norte en "defensa del pueblo cubano".

El más alto exponente del patriotismo cubano, José Martí, cae en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895. No por ello la guerra se detuvo. Se emprendió la Invasión a occidente, dirigida por Antonio Maceo y Máximo Gómez, partiendo de Los Mangos de Baraguá, lugar de la protesta del 1878. Esta guerra de liberación se llevó en todo el territorio de la Isla. Los años 1895 y 1896 fueron decisivos en esta gesta libertadora. La población rural permanecía libre par moverse entre ciudad y ciudad para prestar ayuda a los rebeldes hasta que llegó el General español Valeriano Weyler, el cual reconcentró a los campesinos en centros urbanos, muriendo miles de cubanos por enfermedades y epidemias debido al hacinamiento y falta de atención médica. A este sanguinario general lo burló con su estrategia militar el General Antonio Maceo burlando La Trocha de Mariel a Majana, que él creía infranqueable, para luego penetrar en La Habana. La llegada a La Habana no la pudo efectuar ya que a pocos días de haber burlado la trocha cayó en Punta Brava en un lugar conocido como El Cacahual, el 7 de diciembre de 1896.

La invasión había probado que los cubanos lograrían la independencia de su patria sin la ayuda extranjera, pero Cuba estaba atrapada entre dos imperios y sus respectivas agendas. En el 1898 es sustituido el general Weyler, por el general Ramón Blanco y Erenas. El 8 de agosto de 1897, en el Imperio Español, muere asesinado el Presidente del Consejo, Cánovas del Castillo, asumiendo esta presidencia Práxedes Mateo Sagasta, partidario de darle a Cuba la autonomía. Las reformas llegaban tardías, los cubanos no las aceptaban y los peninsulares las combatían. Hubo motines y saqueos lo que provocó al Cónsul norteamericano en La Habana, Fitzhugh Lee, aconsejar al presidente McKinley el envío de fuerzas navales a los puertos de Cuba. Cuba se encontraba en la mirilla mundial, el pueblo norteamericano se solidarizaba con el cubano, mas los intereses económicos consideraron que había llegado el momento para intervenir en la guerra entre los cubanos y los colonialistas españoles. Siguiendo los consejos de Fitzhugh Lee, se envió a La Habana el acorazado Maine de la Armada de Los Estados Unidos. El 15 de febrero de 1898 explotó dicha embarcación, hecho que tornó la situación muy tensa entre los dos poderes hegemónicos, Estados Unidos y España. La guerra entre Cuba y España tomó otras dimensiones involucrándose Estados Unidos. Estalló la Guerra Hispano-Cubano-Americana.

El 19 de abril de 1898 el Congreso de los Estados Unidos aprueba una resolución conjunta para liberar a Cuba, exigiendo del gobierno español renunciar a su autoridad sobre la Isla. El 20 de abril el presidente McKinley firmó la resolución dándole un ultimátum a España. El 21 de abril rompieron relaciones diplomáticas. El 25 de abril el Congreso declaró estado de guerra y el 27 de ese mes ya Cuba estaba bloqueada.

La acción se inició el 20 de junio de1898, el 24 de junio se decidió el ataque a Santiago de Cuba, con las batallas del Caney y en la Loma de San Juan, donde fue derrotada la infantería española. El 16 de julio se firmó la paz en Santiago de Cuba, sin tomar en cuenta a los cubanos. La guerra terminó con El tratado de París el 10 de diciembre de 1898. Ante la derrota, España cedió a Filipinas, las Islas Guam y Puerto Rico.

En enero de 1899 el General Adolfo Castellanos entregó el mando de la Isla al General John R. Brooke. Del 1899 al 1902 duró el protectorado de Estados Unidos sobre Cuba. En 1901 se aprobó la constitución a la cual se le impuso una enmienda, La Enmienda Pratt. Ésta se derogó en el 1934 por el Presidente de Los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt La lucha cubana fue condicionada por el poder hegemónico del Coloso del Norte. Esta enmienda permitía la intervención política y militar de los Estados Unidos, restringía las relaciones exteriores y concedía el derecho a arrendar tierras para bases militares en puntos determinados que se convendrían con el presidente de los Estados Unidos, entre otras condiciones. Las protestas para combatirla fueron infructuosas. Con este yugo opresor nació la República de Cuba el 20 de mayo de 1902, siendo su presidente Don Tomás de Estrada Palma. Un año después de todos estos acontecimientos de la hermana antilla, muere Eugenio María de Hostos, nuestro apóstol peregrino. Cabe señalar que en el 1899 se desata la revuelta de los filipinos contra los norteamericanos que duró hasta el 1902.

Puerto Rico

En Puerto Rico también se gestaba una lucha emancipadora a raíz de los abusos del régimen colonial español, que se caracterizaba por el maltrato, la opresión y la represión inmisericorde. En 1848 Juan Prim, Capitán General de la Isla, dicta el Bando Contra la Raza Africana. Un año más tarde el gobernador Juan de la Pezuela restablece las Libretas de Jornaleros, una forma abusiva de trabajo forzado para los trabajadores. En 1856 la Sociedad Económica de Amigos del País presenta al gobierno español un plan para la instrucción pública primaria en la isla. En 1857 Betances funda una sociedad secreta en pro de la abolición de la esclavitud. En 1858 el general Fernando de Cotoner destierra por primera vez a Betances, así como a Julián Blanco. Comienza una persecución abierta contra Baldorioty de Castro y José Julián Acosta por el hecho de que estos habían pedido Leyes Especiales al gobierno español. En 1864 Betances circula una proclama revolucionaria exhortando a los puertorriqueños a rebelarse contra el gobierno español y es desterrado por segunda vez por órdenes del general Messina. Ruiz Belvis es destituido como síndico del ayuntamiento de Mayagüez.

Desde Santo Domingo, Betances proclamó los Diez Mandamientos de los Hombres Libres. Messina ordenó la supresión de la novela de Hostos La peregrinación de Bayoán. En 1865 se constituyó la Junta Informativa por Segundo Ruiz Belvis, Francisco Mariano Quiñones y José Julián Acosta para informar sobre las necesidades de las colonias para las Leyes Especiales. En 1867 se impone un decreto de reglas restrictivas a la prensa. Este mismo año La Junta pide libertad de comercio entre las Antillas Españolas y la Península, la disminución de aranceles e igualdad de derechos de navegación. Se expiden órdenes de destierro contra los liberales. En 1868 se funda el Comité Revolucionario. Betances organiza en Nueva York el Comité Revolucionario de Puerto Rico. El general José Laureano Sanz reprime la rebelión en la Isla. El 23 de septiembre de ese año estalla el Grito de Lares. Se desata una ola de represiones, encarcelamientos y destierros. El 22 de marzo de 1873 la Asamblea Nacional de la Primera República Española abolió la esclavitud en la Isla. Un año más tarde el tirano José Laureano Sanz desata otra ola de represión contra liberales. En 1882 se perfila un incremento industrial de parte de algunos sectores del liberalismo. Estados Unidos se convierte en la metrópoli mercantil y principal mercado de Puerto Rico. En 1883 se funda el periódico liberal El Clamor del País.

Puerto Rico sufrió El Año Terrible del 87. El general Romualdo Palacios inicia cruentas persecuciones contra separatistas: incendia casas de incondicionales, instituye la Era de los Compontes, mantiene estricta vigilancia contra los autonomistas, encarcela a Baldorioty y otros líderes, suprime los periódicos y pone en vigor otras medidas represivas. A raíz de este estado de crisis se funda el Partido Autonomista; Labra defiende la autonomía económico-administrativa de la isla, surgen sociedades secretas y se crean boicots contra los españoles. En 1892 se desatan protestas por los aranceles y cierran muchos comercios. En 1894 arrestan a los autonomistas que protestan contra el caciquismo y los monopolios (entre los arrestados se encuentran Luis Muñoz Rivera, Mariano Abril y Manuel Fernández Juncos).

En 1895 se establece en Nueva York la sección puertorriqueña del Partido Revolucionario Cubano. Un grupo de puertorriqueños se enlista para ir a pelear a Cuba, entre quienes figuraban: Guillermo Fernández, Wenceslao Marín, Gonzalo Marín, Juan Rius Rivera y José Semidey. En 1897 España concede la autonomía a Puerto Rico mediante la Carta Autonómica. En 1898 se inaugura el Régimen Autonómico. Este mismo año Estados Unidos invade a Puerto Rico por las costas de Guánica. En 1899 se impone el inglés como idioma oficial, se instala el sistema jurídico norteamericano y se controlan todas las estructuras de gobierno del País. En 1900 McKinley, presidente de Estados Unidos, firma el Acta Foraker y un año más tarde proclama el libre comercio con la Isla.

Santo Domingo y Haití

Como hemos señalado, para el siglo XIX la situación en España era crítica, pues estaba perdiendo casi todas sus colonias en América en las guerras de independencia. Mientras, Francia tenía interés de conseguir nuevamente el mercado haitiano para poder exportar e importar sus productos, y evaluaba la posibilidad de adquirir otros territorios en el Caribe. Inglaterra tenía la colonia de Jamaica y también buscaba nuevos territorios, luego de perder las colonias en Estados Unidos. Napoleón invade a España y establece un gobierno francés en este país colocando a su hermano José Bonaparte como rey. Este nuevo giro trajo mayor incertidumbre a las colonias españolas que quedaban en América, lo que provocó que Haití se aprovechara de la situación para anexionar el territorio de Santo Domingo en 1921 bajo el gobierno del presidente haitiano Jean Pierre Boyer. Las grandes diferencias entre ambos países provocaron una lucha que se extendió hasta el año 1844. La dominación haitiana en Santo Domingo provocó incomodidad entre la parte este española, porque no aceptaban las reformas que Boyer trataba implantar: liberar a los esclavos, convertirlos en trabajadores asalariados y obligarlos a servir en el ejército, quitarles las tierras y dárselas a los esclavos recién liberados; no era algo que los dominicanos estuvieran dispuestos a hacer fácilmente.

El 16 de junio de 1838 se fundó La Trinitaria, sociedad secreta que organizó la resistencia dominicana para separar la parte este de la isla de la República de Haití. La Trinitaria estaba dirigida por José María Serra, quién comenzó la propaganda dominicana contra los abusos de poder del ejército haitiano, José Pablo Duarte y Ramón Mella, quién se unió en el año 1843. Junto a este movimiento secreto que se formó en Santo Domingo, en Haití se organizó La Sociedad de los Derechos del Hombre y Ciudadanos, en contra del gobierno de Boyer y dirigida por H. Dumesle. Para rematar la situación, el 7 de mayo de 1842 ocurrió un terremoto que sacudió la isla, evento que utilizaron ambas sociedades para desacreditar la labor de Boyer.

El 27 de enero de 1843 comienza la revolución contra Boyer, encabezada por Charles Herard. Boyer se fue al exilio el 13 de marzo de 1843. Santo Domingo aprovechó la oportunidad para establecer un Gobierno Provisional, formar la Asamblea Constituyente y redactar su constitución. Las alternativas políticas que habían en esta época eran: separatistas, dirigidos por Juan Pablo Duarte querían la independencia total: pro españoles dirigidos por los sacerdotes Gaspar Hernández, Pedro Pamiés y el General Andrés López Villanueva; pro inglés dirigidos por Pimentel buscaban la protección de Inglaterra y los afrancesados dirigidos por Buenaventura Baéz y Manuel Joaquín del Monte querían la protección de Francia.

En julio de 1843 Charles Herard invadió la parte este de la isla para evitar la separación de Haití, provocando el exilio de Duarte el 2 de agosto de 1843. Sin embargo, el movimiento trinitario se mantuvo con ayuda del liderazgo de Francisco Sánchez. Comenzaron una serie de alianzas secretas entre los trinitarios y los seguidores de Boyer para sacar a Herard del poder. Así fue que los trinitarios consiguieron la ayuda de Tomás de Bobadilla, quién era un antiguo funcionario de Boyer. El 27 de febrero de 1844 los trinitarios consiguieron, mediante un golpe de estado, que la república dominicana se independizara de Haití.

Pero el movimiento trinitario no pudo capitalizar en las elecciones porque Gubernativa Bobadilla salió electo para la Junta Central -a quién consideraban con más experiencia- dejando a un lado a Francisco Sánchez. El 18 de marzo de 1844 Herard invadió nuevamente a Santo Domingo. Pedro Santana lo enfrentó con su ejército y en una sabia movida militar logró que se retirara el 31 de marzo de 1844. Para el 25 de abril de 1844 hubo un golpe de estado en Haití destituyendo a Herard y favoreciendo al General Guerrier.
Duarte regresó el 15 de marzo de 1844 del exilio y se hicieron evidentes los conflictos de intereses con el General Pedro Santana. Pero como Santana tenía el control del ejército del sur, Duarte no pudo hacer mucho. A pesar de que habían luchado por una causa común, los trinitarios se separaron de los conservadores quienes, una vez lograda la independencia, buscaron el apoyo de Francia para evitar otra posible invasión haitiana. Santana, quién pertenecía a la Trinitaria, prefirió aliarse con los conservadores. Fue una época de inestabilidad en la República Dominicana.

Para el año 1857 Gregorio Luperón tenía el cargo de Comandante Auxiliar del Puerto Cantonal de Rincón, bajo el gobierno del General José Desiderio Valverde. No duró mucho pues en junio de 1858 Pedro Santana volvía a dirigir la República. Santana gobernó en tres períodos distintos: desde el 14 de noviembre de 1844 hasta el 4 de agosto de 1848, del 15 de febrero de 1853 hasta el 26 de mayo de 1856 y del 13 de junio de 1858 hasta el 18 de marzo de 1861. El 18 de mayo de 1861 Santana volvió a anexionar la República Dominicana a España. Pero la mayoría del pueblo no quería. Esto creó el ambiente para que comenzara la guerra de la Restitución o Restauración, que duró del 1861 hasta el 1865. En contra de la anexión se levantó Francisco del Rosario Sánchez formando el movimiento revolucionario Regeneración Dominicana. El 4 de julio de 1861 lo fusilan. Luperón se negó a firmar el Acta de Anexión y comienza a conspirar en contra de Santana. Sale del País y visita Estados Unidos, México y Jamaica. Al volver clandestinamente a Santo Domingo utiliza el nombre de Doctor Eugenio.

Lucas Peña fue escogido General en Jefe de la Revolución; Gregorio Luperón, Norberto Torres e Ignacio Reyes fueron nombrados miembros del Consejo de Jefatura. Para el 16 de agosto de 1863 ocupan Guayubín. El 14 de septiembre de 1863 se establece un nuevo gobierno con José Antonio Salcedo como presidente y Benigno Filomeno como vicepresidente. A sus veinticuatro años Luperón se niega a aceptar la presidencia porque prefiere ser un simple soldado al servicio de la independencia de su país. El 30 de septiembre de 1863 Luperón pelea contra Santana y gana el combate. Salcedo, por aparente envidia de la fama de Luperón ordena al General Pedro Florentino que lo ejecute. Como Florentino se negó, Luperón se entregó para que lo mataran. Ramón Mella y Ulises F. Espaillat lo ayudaron diciéndole que escribiera una carta en la cual explicara sus acciones durante la guerra, lo que le ayudó a limpiar su imagen ante el gobierno.

El 3 de febrero de 1864 el gobierno español pide una tregua para negociar. Salcedo estaba inclinado a aceptar, pero Luperón se niega. En el proceso, el General Gaspar Polanco derroca el gobierno de Salcedo y ordena su ejecución. Luperón se molestó porque no era la forma correcta de proceder. El 10 de octubre de 1864 el General Polanco es proclamado Presidente Provisorio. Su gobierno mantuvo un ambiente propicio para la restauración de la soberanía. Ante la posibilidad de una guerra civil, el Gobierno Provisional dimite con la renuncia de Ulises F. Espaillat, y Polanco no tuvo más remedio que imitarlo. Para el 24 de enero de 1865 se nombra a Benigno Filomeno Presidente del Partido Nacional, a Luperón Vicepresidente y el General Pedro Antonio Pimentel fue nombrado presidente del Ejecutivo. El 11 de julio de 1865 las tropas españolas abandonan la República Dominicana dando fin a la Guerra de la Restauración.

El General José María Cabral encabezó la revolución contra Pimentel. Luperón se reunió con Cabral y aceptó el cargo de gobernador de Santiago. En contra de Cabral se levantaron partidarios de Buenaventura Báez y una parte del Partido Nacional. El General M. Rodríguez apoyó a Luperón, pero no a Cabral, para presidente de la República, a lo que Luperón contestó: Paso en silencio el risible ofrecimiento que se me hace de la Protectoría... (Tolentino, 1963). Por segunda ocasión, Luperón no acepta la presidencia y se va a las Islas Turcas. Seis meses habían pasado desde el triunfo de la restauración.

El 8 de diciembre de 1865 juramenta Buenaventura Báez como presidente y Luperón vuelve a tomar las armas. Báez ya había gobernado desde el 8 de octubre de 1856 hasta el 12 de junio de 1858. Sus intereses políticos antes de 1844 eran anexionar a la República Dominicana a Francia, y luego del triunfo de la independencia anexionarla a los Estados Unidos. Luperón llega a Puerto Plata el 8 de abril de 1866 y forma un triunvirato con Federico García y Pedro Antonio Pimentel. El 22 de agosto de 1866 el Partido Nacionalista triunfa y el General José María Cabral asume la presidencia. Luperón no quiso aceptar ningún puesto en el gobierno e instala una casa de comercio en Puerto Plata.

Báez, quien se encontraba exiliado en el extranjero buscaba llegar al poder comprometiendo la soberanía con potencias extranjeras. Para mantener el control Cabral usaba estrategias parecidas a las de Báez, negociando secretamente con los yanquis. El pueblo dominicano se entera que Cabral está negociando secretamente la venta de la Bahía y Península de Samaná por dos millones de dólares a los Estados Unidos. La revolución baecista comenzó apoderándose de Monte Cristi. Cabral no aceptó los consejos de Luperón para atacar, pues estaba negociando secretamente con Estados Unidos parte del territorio dominicano. En enero de 1868 Cabral cedió la presidencia al General Hungría y en mayo de ese año Buenaventura Báez, llamado el Gran Ciudadano, era declarado Presidente de la República.

A finales de 1868 el Presidente Johnson se dirige al Congreso de Estados Unidos exponiendo la Doctrina Monroe, en la cual deja manifestado los intereses imperialistas de esta nación. Báez aprovechó el momento para pedirle a Johnson que anexionara a la República Dominicana al territorio de Estados Unidos. En 1869 el Gobierno norteamericano y el General Grant comienzan el proceso de anexar la República. Ante este panorama el pueblo dominicano estaba descontento con las acciones de Báez y puso sus esperanzas en Luperón. Aunque el General Pimentel quería ser el líder contra Báez, reconoció la pasión y valentía con que Luperón se entregaba a la lucha nacional. Luperón fue nombrado General de División y Jefe del Poder Ejecutivo de la Revolución Dominicana.

A pesar de las luchas Luperón ambicionaba la paz establecida por instituciones liberales. En sus constantes viajes por el Caribe en busca de apoyo a la lucha por la independencia, hizo amistad con cubanos y puertorriqueños promoviendo el ideal antillano. Apoyó en Puerto Rico el Grito de Lares, ocurrido el 23 de septiembre de 1868, a través de su amigo el Dr. Ramón Emeterio Betances. Desde Kingston, Jamaica, le envía una carta al Secretario de Estado de Asuntos Exteriores norteamericanos, Seward, en la cual expone la inconstitucionalidad de los esfuerzos de Báez al intentar vender Samaná. Mientras tanto seguía luchando activamente desde su barco el Telégrafo. Para el 29 de mayo desembarca en Samaná apoderándose simbólicamente de la Península. En 1869, en una carta a Grant, presidente norteamericano, le expone las deficiencias de la Doctrina Monroe y el error al tratar de comprar o anexionar una tierra que ha pagado a precio de sangre la lucha por su independencia.

El 29 de noviembre de 1869 se firmó el Tratado de Anexión de Santo Domingo a Estados Unidos y se negoció el arrendamiento de la Bahía y Península de Samaná entre el Presidente Grant y Báez. Luperón protestó ante el Congreso de Estados Unidos para que no aprobaran el Tratado. En febrero de 1870, Luperón estaba en Cabo Haitiano y el Almirante norteamericano del buque Severn llegó a arrestarlo. Al darse cuenta, protestó ante el cónsul norteamericano Abraham Croswell, quien bajo órdenes del presidente Grant, trató de sobornarlo ofreciéndole 500 mil dólares en el momento, el puesto de Gobernador General de la Isla de Santo Domingo y un sueldo de 50 mil pesos en oro a cambio de su cooperación con la anexión. Con gran indignación, Luperón se negó a vender sus ideales y su patria.

Luego de varios intentos el Congreso no aprobó los acuerdos de la anexión ni el arrendamiento de Samaná. Pero el 28 de diciembre de 1872, Báez llegó a un acuerdo con financieros norteamericanos para alquilar la Bahía y la Península de Samaná. En mayo de 1873, desde Dajabón, Luperón le declara la guerra a Báez. Los baecistas se dieron cuenta que era el momento de un cambio. El General Ignacio María González, quien era seguidor de Báez, Gobernador de Puerto Plata, dirigió el movimiento contra Báez estableciendo un Gobierno Provisional, que no contó con Luperón, Pimentel ni Cabral. Báez renunció el 2 de enero de 1874 y en abril González asumió la presidencia, permitiendo que los generales proscritos volvieran a la patria.

Luperón regresó a Puerto Plata y continuó con sus actividades comerciales, sin ambiciones políticas. El gobierno de González no tomaba en cuenta los intereses del pueblo, esto unido a la envidia que tenía a la fama de Luperón lo llevó a que planeara un atentado en contra de Luperón. Toda la nación se indignó y hubo protestas encabezadas por Maximiliano Grullón y Ulises Francisco Espaillat. Luperón contestó a la solidaridad del pueblo con una carta redactada por Eugenio María de Hostos: ... afirmar ante Dios, ante América, y ante nuestra propia conciencia, que nunca cometeremos la insensatez, que hoy es infamia, de ser dominicanos y no antillanos, de conocer nuestro porvenir y divorciarlo del porvenir de las Antillas, de ser hijos de la nueva idea y de abandonarla en Cuba y Puerto Rico.

Para el año 1873 los trinitarios se habían convertido en el partido identificado con el color azul, los conservadores dictatoriales con el color rojo y los seguidores de González con el color verde. Los azules derrocaron a González e instalaron a Espaillat. Luperón le pidió que declarara deuda nacional los $17,000 que se había gastado financiando la revolución contra Báez, esto enfureció a los rojos. Aunque Espaillat intentó gobernar tomando en cuenta los ideales liberales, no contaba con el apoyo del ejército, por lo que tuvo que dejar el poder en manos de González quién a su vez tuvo que entregarle la presidencia a Báez.

Luperón luchó desde Puerto Plata para sacar a González del poder y triunfó. Ulises Francisco Espaillat fue electo presidente de la República y Luperón Ministro de Guerra y Marina. A los siete meses González, apoyado por los baecistas promovió una revolución y derrocó a Espaillat, quien tuvo que buscar asilo en el consulado inglés. Luperón partió de nuevo a San Thomas. Las luchas internas terminaron con el triunfo de los baecistas y el 27 de diciembre de 1876, Báez se convirtió en dictador de la República, pero al poco tiempo Ignacio María González derrocó a Báez.

El 30 de agosto de 1878 Luperón volvió a iniciar el movimiento revolucionario. Al triunfar, algunos patriotas le pidieron a Luperón que fuera Presidente de la República. Luperón se negó nuevamente diciendo que no le interesaba la política, sino mantener la independencia y soberanía de su patria. Los trinitarios (azules) obtuvieron el poder con la ayuda de Fernando Arturo de Meriño, y para evitar la guerra civil negociaron con los verdes la presidencia a cambio de posiciones de ministros y generales. González aceptó, pero los traicionó al mandar a encarcelar a Luperón. Luego de la revolución González renuncia el 2 de septiembre de 1878 y Cesáreo Guillermo fue electo presidente el 27 de febrero de 1879. Guillermo había sido baecista aunque militaba con los azules. Luperón se fue a Europa. El gobierno de Guillermo se convirtió en uno dictatorial. Al regresar de Europa a finales de 1879, Luperón no reconoció la autoridad del Presidente y organizó un Gobierno Provisional. Guillermo tuvo que renunciar. El 6 de octubre de 1879 Luperón es elegido presidente provisional, pero gobernaba desde Puerto Plata, así que colocó a Ulises Heureuax como delegado del gobierno en Santo Domingo. El gobierno de Luperón fue uno liberal, y fomentó la creación de nuevas escuelas y cátedras de estudios superiores en Santo Domingo permitiendo que Eugenio María de Hostos fundara y dirigiera la Escuela Normal.

Fernando Arturo de Meriño fue electo presidente el 23 de julio de 1880 y las fuerzas armadas quedaron bajo la tutela de Ulises Heureaux. Los baecistas volvieron a conspirar contra el gobierno liderados por Braulio Alvarez y Cesáreo Guillermo. Meriño se convirtió en dictador junto a Heureaux y mataron a todos los relacionados con la conspiración. Heureaux tomó la presidencia el 1 de septiembre de 1882 y se convirtió en protector del partido rojo. Ulises apoyó la candidatura de Billini, Woss y Gil para las siguientes elecciones. Pero Luperón quien era el líder del Partido Nacional Liberal prefería a Imbert y Moya. Ulises utilizó sus influencias para robarse las elecciones e imponer sus intereses. Billini renunció en favor de Woss y Gil.

En las nuevas elecciones el Partido Nacional se divide y el pueblo vota a favor de Heureaux como Presidente e Imbert para vicepresidente. Luperón se va para Estados Unidos y renuncia a su cargo en el Cibao. Al regresar se da cuenta que Heureaux se había convertido en un dictador, tenía a todos sus oponentes encarcelados, y estaba negociando el arrendamiento, poco remunerante, de Samaná, con el Presidente norteamericano Harrison. Luperón encabezó la lucha revolucionaria y se postuló para los próximos comicios electorales. Pero Heureaux mataba a todos los que apoyaban la candidatura de Luperón, por lo que este no continuó con sus aspiraciones. En 1896 Heureaux permite que Luperón regrese a la República Dominicana. El 20 de mayo de 1897 muere a los 58 años Gregorio Luperón en Puerto Plata.

Ulises Heureaux gobernó hasta que murió el 26 de julio de 1899. Luego gobernó Wenceslao Figueres desde el 26 de junio de 1899 hasta el 30 de agosto de 1899. Seguido por Juan Isidro Jiménez, quien fue electo presidente el 5 de noviembre de 1899. Su gobierno duró hasta el 2 de mayo de 1902. Horacio Vásquez se peleó la presidencia con Alejandro Woss y Gil, saliendo electo Woss y Gil el 23 de marzo de 1903 hasta el 24 de noviembre de 1903, fecha en que muere también el prócer puertorriqueño Eugenio María de Hostos.

Chile

Hostos estuvo en Chile durante los períodos que denominamos transición y educativo. Veamos unas pinceladas históricas para entender la labor de Hostos en esa república hermana. Durante esta época la aristocracia criolla dominó cualitativamente el escenario chileno, de manera que los demás grupos sociales no influían mayormente en la vida nacional. En el período de su liberación de España, esta tierra vio nacer y morir muchos de sus hijos, pero una vez liberada comenzó una nueva lucha contra el propio gobierno y la aristocracia dominante, la cual poseía patrones retrógrados respecto a la sociedad, la economía y la política. Surgieron nuevos héroes con pensamientos muy cercanos a Hostos. La bipolaridad estribaba entre conservadores aristócratas autoritarios y liberales con aspiraciones reformistas. Los líderes liberales plasmaban sus ideales en revistas, periódicos y sociedades.

La situación política desembocó en una revolución en la década del cincuenta. En 1851 se desató un movimiento liberal opositor a la política autoritaria, que culminó en el 1859. La revuelta fue sofocada y los líderes revolucionarios fueron desterrados, entre éstos: Benjamín Vicuña Mackena, Ángel Custodio Gallo y Pedro León Gallo. Estos liberales progresistas mostraban interés por la educación científica de la mujer, criticando el estado discriminatorio en que se mantenía al sexo femenino. También eran líderes escritores que esgrimían el instrumento del progreso literario habiendo forjado una literatura nacional. Opuesto a ellos surgió un grupo ultra conservador y clerical formado en colegios católicos que dominaron la instrucción pública, organizando su propia prensa y acabando paulatinamente con las sociedades y órganos literarios de ideas reformistas, quedando solamente los periódicos políticos El Ferrocarril y La Patria.

Podemos afirmar que la república conservadora se extendió desde el 1831 al 1861; la República Liberal del 1861-1891 y la República Parlamentaria del 1891-1925. Del 1861 al 1891 el auge del liberalismo y la expansión nacional sumergió a la sociedad chilena en un proceso transformador buscando dispersar la ideología liberal en todos los aspectos del quehacer nacional. En el 1871 a 1876 fue elegido Federico Errázuriz como presidente con el apoyo de los conservadores, pero gobernó con tendencias liberales. Precisamente en el 1872 a Eugenio María de Hostos se le otorgó el primer premio de la Exposición de Artes e Industrias y una medalla de oro en el concurso literario por un excelso ensayo. En el mismo expuso magistralmente el movimiento de la sociedad chilena hacia la civilización, considerando a ésta como producto del trabajo. Al exponer el clima, carácter, instituciones, sociedad e inmigraciones, las correlaciona exponiendo el panorama chileno y enfatizando la obra de la inmigración en esta sociedad. Al visualizar la civilización como producto del trabajo agrícola e industrial, la aplicación de la mecánica (nueva tecnología) a la agricultura y a la industria y el arte, nos ubica en la historia chilena de la época como momentos sociales decisivos. Al exponer la trayectoria histórica chilena hasta ese momento en tiempo y espacio, traspasa el umbral geográfico, basado en su concepción de trabajo en un macro universal:

El trabajo secular y universal del ser humano, alienta aquí a una sociedad que lo utiliza; y ante el trabajo no hay tiempo ni espacio, no castas ni razas, no hay naturales ni extranjeros no hay patria ni nacionalidad, no hay secta ni hay iglesias: hay unidad de fin humano, hay solidaridad del trabajo universal, hay confraternidad afectiva, moral e intelectual de todos los hombres en todos los fines de la vida humana.

Cabe señalar que ni antes de la colonia ni después de la independencia de Chile se habían trazado claramente las fronteras entre Perú, Bolivia y Chile. Al descubrirse los yacimientos de nitrato, tanto los peruanos como los chilenos explotaron esta riqueza en la zona, que se consideraba de Bolivia. Para poner fin a esta situación Chile firmó un tratado con Bolivia que fijaba su frontera común un poco al sur del Puerto de Antofagasta, comprometiéndose Bolivia a cobrar impuestos módicos a las minas chilenas del norte. Intereses alemanes e ingleses intervinieron en contra de este tratado llevando a cabo una alianza entre Perú y Bolivia. Como consecuencia de este pacto secreto Perú se apoderó de las empresas chilenas de Tarapacá, y Bolivia aumentó los impuestos. Del 1879 al 1884 esta disputa dio origen a La Guerra del Pacífico en la que Chile venció al Perú y a Bolivia. El tratado de paz con Bolivia fue firmado en el 1904. Del 1881-1886 el presidente Domingo Santa María gobernó apoyado por los liberales con oposición de los radicales.

En el 1886 José Manuel Balmaceda, liberal, emprendió obras públicas de gran envergadura, pero no logró unir la bipolaridad política reinante en Chile, liberales y conservadores. En el 1891 ante el congreso negarle el presupuesto, asumió plenos poderes, siendo la primera vez en sesenta años que se violaba la constitución. En el 1891 estalló la guerra civil, la cual duró ocho meses al haber llamado el Congreso a la marina y al ejército en defensa de la constitución, ésta culminó con el suicidio del presidente Balmaceda. Se designó al jefe de la escuadra vencedora Jorge Montt para dirigir el gobierno provisional, y luego fue elegido presidente estableciéndose la República Parlamentaria. A Montt se le consideró como un mesías que vendría a salvar al País de la pendiente por donde venía rodando. Tanto para Montt como para la mayoría de sus contemporáneos, el parlamentarismo no era el culpable de la anarquía, pero comprendía que la forma de aplicarlo erosionaba la estabilidad del País, por ende debía abrir caminos para que éste llegara a buen término, planificando su programa político. Montt falleció en Alemania de enfermedad cardiaca en el 1910. Cabe señalar que para el 1910 en Chile comienza a emerger el nacionalismo chileno en todas sus fases. El dominio oligárquico desde el Congreso duró hasta el 1925.

Para la época de Balmaceda, Hostos se encontraba en Chile, y consciente de su carácter extranjero expresa: yo soy extranjero en todas partes, porque en nuestros países de América es extranjero el sentido común. Lamentaba y censuraba los acontecimientos políticos en cartas dirigidas a F. Henríquez y Carvajal, en particular el comportamiento dictatorial de Presidente señalando: reducido a esto el país cuya sólida organización admiré tanto. Nuestro apóstol incubó la idea de partir pero, por el contrario, trabajó arduamente hasta que en el 1898 abandonó a Chile definitivamente, año en el cual Puerto Rico fue invadido, secuela de La Guerra Hispano-Cubano-Americana.

Estos son algunos rasgos del panorama antillano, nacional, mundial y americano que caracterizaron el momento de Hostos. Tanto las sociedades de América del Sur como las Antillas estaban en condiciones precarias, en estado avanzado de deterioro, sometidas a la pobreza extrema y a la represión inhumana e inmisericorde del gobierno español. En este entorno Hostos enclava su gestión literaria, política y educativa. En medio de ese turbulento cuadro cobra forma el ideario de Hostos y, a partir de éste, asume la educación como opción liberadora.

Ante ese panorama, del cual Santo Domingo era prototipo, decía Hostos: Entre los capaces de apreciar con exactitud la trascendencia que ha de tener la educación organizada en la vida de un pueblo abandonado a la ignorancia, algunos serán los que piensen necesario hacer esfuerzos colosales para vencer la aterradora barrera que su 95% de analfabetos opone hoy en Santo Domingo a la difusión de la luz. Hoy que la sociedad dominicana tiene adictos a las doctrinas de gobierno racional, hay que establecer la institución que, suprimida y todo, agenciaba, con su virtualidad nativa y contra la tenebrosa y aterradora agencia del mal omnipotente y omnipresente, el renacimiento de la verdad y del bien en la República. Crisis de desarrollo en que sólo la juventud supo que se trataba de una lucha desesperada entre los no principios de la barbarie y los principios de la civilización escarnecida. Fue una época caracterizada por: la religión sectaria como fuerza inhibidora de las potencialidades del ser humano, un espíritu supersticioso alentado por el gobierno colonial, la inteligencia manipulada por la Iglesia y el Estado para evitar la rebelión criolla, el sectarismo y la exclusividad. Hostos vio en el racionalismo una salida digna a esas fuerzas inhibidoras:

Es innegable verdad: toda la vida de estos pueblos demuestra la pésima dirección de la razón común; todos ellos tienen necesidad de establecer las bases del organismo intelectual y apropiarla a los fines naturales del entendimiento los medios que la metodología científica, la nueva lógica, la nueva psicología y la nueva pedagogía han buscado y encontrado. Mientras eso no se haga el desarrollo moral e intelectual seguirá subeditado a las torpezas del ocaso. La nueva orientación positivista exigía una rápida evaluación pedagógica a tono con la infalible ley natural del progreso. Quizás éste sea uno de los más contundentes argumentos a favor de las posibilidades que veía Hostos en la educación como instrumento revolucionario de liberación, como medio y fin de su ideario. Por otro lado, poner fin al panorama social de la época, figuraba como prioridad en la agenda libertaria de Hostos

Aludiendo al cuadro de la educación en la Republica Dominicana, el médico, abogado y literato, Henríquez y Carvajal, señalaba:

Es constante -y negarlos sería donoso infantilismo- que hasta marzo del año 1880, cuando Eugenio María de Hostos puso en su obra la piedra angular de la nueva enseñanza, objetiva y racional, sólo había medrado en los planteles escolares del país el superficial empirismo auxiliado a menudo por la rutina inconsciente. Completa anarquía señoreaba las escuelas, ningún método pedagógico pautaba las lecciones del maestro, o no los había -que era lo corriente- o el índice de los textos servía de programa.

Un nuevo modo de pensar se abría paso; una nueva estrategia de enseñar con un enfoque radicalmente diferente cobraba fuerza; una superación del estado de cosas encontraba nuevas vías en la educación.

Una perspectiva integradora del ideario

Ese turbulento panorama decimonónico de visos libertarios es el que da carácter único al ideario de Hostos y su visión de la educación como opción revolucionaria en su contenido y reformista en su estrategia. Acaso es un tímido atributo ver a Hostos únicamente como reformador de la educación porque sus proposiciones no eran cambios cosméticos, sino reformulaciones de la estructura pedagógica imperante; era un resquebrajamiento de los modelos predominantes para asumir un nuevo paradigma; era una ruptura radical con la tradición pedagógica, un nuevo perfil, una estructura interna y externa no conocidas en la pedagogía de la época. El cuadro de corrosión demandaba un pensar profundo que penetrara en las raíces de los desmanes imperantes. Obligaba a una reformulación de fondo de las estructuras existentes con opciones de avanzada en ese momento histórico. De aquí podemos explicar un perfil de Hostos como teórico positivista, pensador crítico, político transformador, educador revolucionario. La aspiración de Hostos, y posiblemente su más ardua labor, fue minar los fundamentos del régimen imperialista español, transformar la mentalidad colonialista que lo alimentaba y erradicar el deterioro en el que este monstruo de múltiples tentáculos había sumido a los pueblos caribeños y americanos. Por eso su ideario tenía claro su origen y su rumbo; su alcance era insospechado. Veamos algunas de las utopías de Hostos que articulan su ideario, y que se ven reflejadas a través de toda su obra educativa, especialmente en el contenido de este Tomo II de su obra pedagógica. Todo su ideario iba dirigido a crear ese estado de: superación, libertad, dignidad, justicia social e igualdad, que ameritaba la América de su época.

Educacion

El concepto de educación

Para Hostos educar es un proceso de rupturas; es liberación de la esclavitud, dependencia, desigualdad, injusticia, del coloniaje, en fin, de la barbarie. Y esa ruptura viene acompañada de una agenda civilizadora. Este era el desafío de su gesta educativa.

¿Qué es conocer?

Según Hostos, la educación es una función de la vida natural individual y colectiva que resulta de la necesidad de desarrollo que tiene la razón y la conciencia del [ser humano]. Cuando esa necesidad se satisface, el desenvolvimiento de las aptitudes características de la especie humana (la razón y la conciencia de esa racionalidad) hace patente la necesidad de educar, es decir, de dirigir conforme a la naturaleza, las aptitudes del ser individual y colectivo; de ahí que abarque a la par las aptitudes físicas, las aptitudes psíquicas del [ser humano], las individuales y las colectivas del ser social, las teóricas y las prácticas del ser natural. La educación, así entendida, en su significado esencial, no es ya un coeficiente del progreso, sino el factor principal del desarrollo, crecimiento, evolución y cambio del ser social.

Para Hostos, conocer es un concepto amplio alcance que implica o tiene como propósito principal la búsqueda del cómo, por qué y para qué de las cosas; su razón de ser y sus fines. La didáctica, didascálica o ciencia de la instrucción tiene como fin la enseñanza de para qué sirven las verdades positivas. Hostos pone particular interés en la pertinencia de los conocimientos que el educando ha de construir por sí mismo. La literatura didáctica debe proveer todos los recursos necesarios para lograr esa pertinencia, en contraposición con la desorganización y desvalimiento en que se encontraba la educación de la época. Esto también coloca a Hostos como uno de los precursores de las interpretaciones cualitativas del proceso de enseñar y aprender. La educación debe ser una empresa secular y en cuanto tal, debe cumplir una función revolucionaria en el proceso de lograr en el ser individual y social un nivel superior de racionalidad. Esa concepción de Hostos otorga a la educación fuerza unificadora, no sólo de las Antillas, sino de toda la América Nuestra; era chispa civilizadora; era vía de progreso. En este sentido, era un proceso histórico que trascendía el localismo, el método, la didáctica, el arte y hasta la misma ciencia, aunque en esa concepción de la educación como proceso histórico subyacen conceptos propios de la ilustración y del krausismo.

El tratamiento hostosiano de la educación está dirigido, especialmente, a aquella organización social deliberada de la educación. Sin embargo, la praxis educativa hostosiana, según se desprende de sus reformas en la República Dominicana y en Chile es más completa que sus proposiciones teóricas en torno a la educación. Por ejemplo, Hostos desvincula las funciones de la razón de condiciones externas que influencian el aprendizaje. En su enfoque positivista deja al margen lo ideológico y lo sociopolítico, al menos explícitamente. Hostos está más preocupado por impartir una visión integral y cósmica que una educación problematizadora. Esto no implica que abandona ésta última cuando sostiene que...la realidad que siempre ha sido, es y será destino suyo el tratar de conocer. Sin embargo, apunta a un modelo de pertinencia a tenor con la realidad del momento cuando señala: Trabajar es tan necesario para civilizarse como para vivir. Por ese hemos antepuesto, para hacer entender que las leyes fautoras del trabajo nos parecen propulsoras a las mismas leyes propulsoras de la educación pública, los proyectos de ley favorecedores del mejoramiento del trabajo agrícola a los proyectos de ley que propenden a la completa organización de la enseñanza.

Al convertir la educación en el factor más importante y decisivo de la vida nacional, Hostos la desligaba por completo de su aspecto sectario proclamando que la instrucción pública antidogmática era la función más importante del estado. El objeto esencial de la enseñanza era pues, desarrollar el intelecto y ejercitar la razón. Es decir, aspiraba a una educación capaz de liberarse de sistematizaciones contraproducentes a las que estuvo sujeta la razón pública decimonónica. Entonces, no podemos separar el cultivo de la razón de los valores de la verdad, el bien, la justicia y la libertad, así como no se pueden desarticular entre sí las funciones de la razón que Hostos denomina: intuición, inducción, deducción y sistematización. Así cobran particular significado la interconexión de conceptos, la interdependencia, los vínculos consustanciales entre elementos que dan forma y significado a la educación como una totalidad.

El hombre completo

En la visión de Hostos del hombre completo subyace su visión del educando como sujeto del proceso educativo: "Ser niño de corazón, adolescente de fantasía, joven de sentimiento, en la edad de la madurez temprana, en lo que quiero llamar edad científica, ser armonía viviente de todas nuestras facultades, razón sentimiento y voluntad movidos por conciencia, ser capaz de todos los heroísmos y de los sacrificios, de todos los pensamientos y de todos los grandes juicios, y poner en toda aquella sinceridad, aquella verdad, aquella realidad del ser que sólo de ese sentimiento trasciende; ser finalmente, un mediador entre el racionalismo excesivo, no por racionalismo, sino por absorber en él todas las demás actividades independientes y necesarias del espíritu, y entre el pasionalismo de los que creen que todo lo hace la pasión, eso es lo que yo llamo ser hombre completo, eso es lo que practico".

Para Santos y Vargas, esta concepción es un ideal antropológico más coherente con su ideal, con su realidad personal y su visión general del cosmos como uno de naturaleza eurítmica. Esta concepción ontológica del ser individual es reflejo del principio integrador que caracteriza todo el pensamiento de Hostos. Es una visión multidimensional que trasciende una concepción del ser como una mera entidad formal y lo convierte en un ser mediador que se transforma para mantener su propio equilibrio, a la vez que sirve de agente transformador a través de todos los "heroísmos y sacrificios" que superan los límites y trasciende el mismo racionalismo. En esta visión ontológica integra Hostos las dimensiones de esencia y existencia del ser con propósito mediados por la realidad circundante. Esa visión del hombre completo es, pues, una forma de concebir al ser humano como parte de un mundo al que debe transformar en busca de los ideales de libertad, verdad y justicia, que trascienden al ser individual, pero que lo incluye. En esa concepción establece Hostos una relación ontológica del ser con una visión científica, en consonancia con la corriente positivista imperante en su época. Es probable que esas concepciones de la realidad a las que él alude, predominante en la corriente de pensamiento de su tiempo, había que verlas con un rigor científico que trascendiera las visiones platónicas del ser, pero que Hostos no las separaba tácitamente.

Racionalismo


El desarrollo de la razón constituía para Hostos el eje de su pedagogía porque representaba, en ese momento histórico, una ruptura radical con la visión escolástica, academicista y eclesiástica predominante. La razón era el centro de toda virtud. Asume una concepción integral de la razón sana que la plantea como:
"directora de todas las fuerzas físicas y morales del individuo, normalizadora de todas las fuerzas del asociado, creadora del ideal de cada existencia individual, de cada existencia nacional y del ideal supremo de la humanidad, se dirige a sí mismo hacia la verdad, dirige la afectividad hacia lo bello bueno, dirige la voluntad al bien, regula por medio del derecho y del deber las relaciones de familia, de comunidad, de patria, forja el ideal del hombre completo en cada hombre; el ideal de la patria bendecida por la Historia cada patriota; el ideal de la armonía universal en todos los seres realmente racionales...."

El óptimo grado de desarrollo de la razón, según Hostos, debe guiar al dominio pleno de la vida. Es por esto que creyó que la razón estaba íntimamente ligada al plan mismo de vida. Era un medio de desarrollar la verdad y la conciencia del bien. Desde esta perspectiva el desarrollo de la razón trasciende la visión unidireccional y desarticuladora del intelectualismo y del academicismo para impartirle dimensiones humanas del ser total-integral en su relación consigo mismo y con el mundo. Es la razón poderosa buscadora del equilibrio entre las fuerzas que dominan el ser; es la razón que alimenta el ideario de una plena armonía de él o ella consigo mismo o consigo misma y con la humanidad, pero que lo lleva al grado de la concreción con su propio testimonio; es la razón que oscila entre lo racional y lo afectivo, entre lo más íntimo a lo más compartido, entre la familia y la humanidad. Es la razón que dirige al ser humano a la constante búsqueda de la verdad y a la liberación de la superficialidad dogmática. Dice Hostos en una de las indicaciones al director de la Escuela Normal de Santiago:

Abolición de la memoria mecánica no sólo por perniciosa para todo organismo intelectual (en donde jamás la memoria es facultad, por ser función y operación de varias facultades), sino porque, además, desvirtúa y pervierte la imaginación; y, sobre todo, porque en ella está fundada la pésima dirección actual de los entendimientos infantiles; porque en ella se basa la erudición inane, fofa, momia, que da apariencia de todo y realidad de nada a educandos...porque en ella radica el vano especular de la razón que toma por espejo de la realidad las imágenes de la fantasía...

Esa visión de la razón en Hostos es una ruptura con el dogmatismo que propiciaba la superstición, la falta de conciencia individual y el fanatismo que promovían los sistemas educativos y sociales, religiosos y políticos, amparados únicamente en la tradición. Por otro lado, el cultivo de la razón era combustible a la revolución intelectual que complementaría la agenda libertaria.

Cabe señalar, sin embargo, que el racionalismo en Hostos ha sido estudiado y fuertemente criticado por estudiosos de su pensamiento. Señala Rafael Aragunde: "Por cierto, este racionalismo hostosiano que ya me atrevo a describir como radical, no ha pasado inadvertido entre sus estudiosos. Antonio Caso llama a Hostos gran racionalista americano y José A. Franquiz señala que habló y vivió eternamente consagrado al culto de la fuerza invencible de la razón. Hostos...fue ante todo el apóstol y el profeta de la razón y sus imperativos. Igualmente, Carlos Rojas ha reconocido que hay un claro racionalismo en Hostos, aunque añade que la conciencia moral es elogiada por encima de la razón. Se trata casi de una religión en él, sentía una fe mística en la razón. Como se sabe, para Hostos el bien que casualmente se produce, si no responde a la razón, es un mal. Hostos llega a concebirla como el mecanismo necesario para alcanzar sus objetivos políticos, como el instrumento idóneo para adelantar un ideario político que aspira a basar la libertad en una transformación intelectual".

Por su parte, Carlos Rojas Osorio incide en el racionalismo de Hostos aplicado a la educación: El racionalismo en la educación implica que su objetivo consiste en la formación de la razón. Pero la razón y demás funciones mentales siguen un desarrollo natural, adecuado a su naturaleza.

Los pueblos colonizados por España padecían de aturdimiento de la razón que promovía el estado imperial, en cuanto era la mejor forma de preservar la colonia. Era la mejor forma de mantener el estado que Hostos llama barbarie. Entonces, así podemos entender mejor el énfasis de Hostos en la razón y en la esperanza de la educación como instrumentos civilizadores, como medios de libertad. Adriana Arpini sostiene que para Hostos, civilización no es sólo educación y cultura, sino también orden, razón y ley: la civilización es un estadio superior de la evolución de las sociedades a la que ningún pueblo ha logrado llegar en su plenitud. Barbarie era también para Hostos el sistema educacional de las colonias españolas en América e incluso el Escolasticismo en la educación de la Edad Media europea. La civilización debe realizar los ideales del racionalismo armónico, el ideal de la Humanidad, el cumplimiento de los fines de la vida, la unidad de progreso material, intelectual y moral. Arpini nos dice que con el término barbarie Hostos hace una descripción de la realidad social que viven las Antillas, y con el término civilización designa la nueva sociedad que se quiere lograr. Para Arpini, dentro del humanismo racional profesado por Hostos, la noción de revolución tiene un sentido específico: implica retomar el camino progresivo de la razón, cada vez que éste es obturado por circunstancias ajenas a su propia naturaleza.

En el Tratado de Moral Hostos sostiene que civilizarse no es más que elevarse en la escala de la racionalidad humana. El gran problema que nos plantea esta afirmación es que si la escuela ha logrado algún éxito en el cultivo de la razón, a la hora de decidir, bajo las mismas premisas, unos han seguido el camino del servicio y otros el de servirse, unos el camino del bien y otros el del mal. Tal parece entonces que la racionalidad humana no es capaz, por sí sola, de aportar en forma sustantiva a una sociedad de libertad, justicia y paz que todos aspiramos. Tal parece que el postulado de proporcionalidad directa entre razón y civilización no se sustenta, según pinta la realidad, y no ha aportado en forma sustantiva a la formación de ese ser humano que Hostos aspiraba a desarrollar. ¿Es que no se ha logrado identificar con precisión, estudiar con profundidad, entender cabalmente, enseñar apropiadamente y usar con éxito eso que llamamos razón? ¿Es la razón atributo del ser humano natural o se desarrolla? Si se desarrolla, entonces se puede desarrollar par el bien o para el mal. Y ante esa realidad, el gran desafío de la educación actual es buscar opciones al racionalismo puro.

Quedan al descubierto interrogantes que debemos abordar con detenimiento al momento de buscar en el racionalismo de Hostos, opciones para la educación actual. Lo cierto es que si bien somos responsables de superar ese racionalismo, no es menos cierto que estamos lejos de ese estado de superación que figura en la agenda prioritaria del Posmodernismo, pero que no asoma opciones en el futuro previsible. En los desfases que no explica el racionalismo, pretende fundamentarse, precisamente, la tesis posmoderna. El racionalismo de Hostos posiblemente sea una de las fuentes de reflexión más prometedoras para entender la obra de este gran pensador, así como uno de los puntos de partida para encauzar la educación de hoy.

Verdad, Moral, Justicia y el bien

Como hemos visto, la educación en Hostos vincula el concepto de la razón con la verdad y el bien. Dice Hostos: "La verdad es un arma porque nos protege contra el error, nos defiende contra la duda, que no nace en la razón, sino que es sugerida a la razón, por la voluntad o las pasiones, y nos salva del mundo y sus insidias, y nos alienta y nos sostiene en nuestras vacilaciones y caídas...Dadme la verdad, y os doy el mundo. Vosotros, sin la verdad, destrozaréis el mundo y yo, con la verdad, con sólo la verdad, tantas veces reconstruiré el mundo cuantas veces lo halláis vosotros destrozado. Y no os daré solamente el mundo de las organizaciones materiales: os daré el mundo orgánico, junto con el mundo de las ideas, junto con el mundo de los afectos, junto con el mundo del trabajo, junto con el mundo de la libertad, junto con el mundo del progreso...".

A partir de la educación como proyecto moral, y en su intento integrador, Hostos establece una jerarquía entre todos estos valores: Más alta que la verdad, objeto de razón, está la justicia, objeto de la conciencia. Más alto que el sabio, vive el justo; más alta que la ciencia es la moral... Unida al bien, la verdad es la única educación completa. Al educar la razón educa la conciencia: al educar la conciencia, induce al bien...porque la más afanosa aspiración de la conciencia es la de producir [seres humanos] completos, y el [ser humano] no empieza a ser completo, sino cuando ama el bien.

Hostos afirma que la ciencia sin la moral es vana ciencia. Calumnian a la ciencia los fervorosos partidarios de ella que la circunscriben a la busca de la verdad, tanto como los enemigos de ella porque temen o afectan el temor de que nos divorcie de la moral. La ciencia conduce al bien...Lo único que ha sobrevivido a la investigación científica, es la moral. Y ha sobrevivido porque el último fin de la ciencia es la moral. Y la moral es el último fin de la ciencia porque el bien es el fin de la moral. Entonces, para Hostos, como para los más prominentes educadores contemporáneos, la ciencia no es amoral. Por el contrario, en toda ciencia subyace una intención valorativa.

Estos planteamientos de Hostos lo distancian del determinismo positivista que a veces se le atribuye; y dejan diáfana claramente su visión de la educación como un proyecto moral. Observemos cómo cada una de esas expresiones apunta a un área de desarrollo del ser humano. No es razonar por el solo acto de razonar, o buscar la verdad por la verdad misma (que es una expresión de la conciencia), sino porque ambas son instrumentos del bien individual en su relación con el bien colectivo.

Así lo expresa: Es en primer lugar, para que no lleguen a necesitar de la moda para obligarse a leer pensando y entendiendo; es, en segundo lugar, para preparar, en los tiempos que vendrán, lectores más concienzudos del tiempo que estamos conociendo, en el cual erigidas en críticos la estupidez y la ignorancia, de escritos benévolos hacen traducciones perversas; de frases que el sentido común aplaudirá, hacen motivo de aleves censuras; y en obras de conciencia y buena fe que el sentido íntimo reconoce como inspiradas en la noción universal del bien, busca y tienen la nefanda habilidad de descubrir móviles protervos en que sólo se apoyan la estupidez y la ignorancia, aliados a su auxiliar ordinario, la maldad.

Para Hostos el eje de ese desarrollo moral era la autodisciplina a diferencia de la vigilancia. Según él, falta a su deber de educador quien se atenga al orden mecánico que impone en la escuela su presencia. Ése es el orden artificial del despotismo, y es tan perverso en la escuela como en el Estado. Disciplinar es una expresión de la responsabilidad entendida e interiorizada. Esta visión contrasta con los métodos pedagógicos y lineamientos del conductismo que postula la psicología moderna. Es decir, la moral en Hostos incluye dimensiones intelectuales, físicas, emocionales, estéticas; y no es tarea difícil enseñarlas.

Libertad

La libertad

¿Cuál es el vínculo que Hostos establece entre la razón y la libertad? Hostos sostiene: "La razón es compañera inseparable de la libertad, y la libertad no consiente que se burle su única inseparable compañera. La paz, basada en la libertad interior, es el elemento capital de la vida. Sólo la libertad y la razón son verdaderos civilizadores en la Tierra". Para Hostos la libertad es un concepto amplio y profundo que, inclusive, tiene la virtud de sanar el interior del ser humano. Es una facultad natural; nacemos con ella. Pero es también multiplicación de esfuerzos perpetuos. La libertad en Hostos reclama la cooperación de todas las actividades individuales y la suma activa de todas las actividades sociales. Según Arpini, Hostos radicaliza las tesis krausistas acerca de la libertad y la igualdad de los hombres y los pueblos, afirmando la autonomía individual y el derecho de autodeterminación de las islas. La educación es instrumental a esa agenda liberadora que tiene dimensiones individuales, colectivas nacionales, antillana y universal. En un análisis del discurso de Hostos en el Ateneo de Madrid el 29 de diciembre de 1868 -discurso de ruptura- señala Arpini: El momento nuclear del discurso hostosiano estriba, pues, en la idea de libertad, asumida dentro de una percepción optimista de la historia, según la cual, la humanidad evoluciona históricamente en el sentido de la progresiva ampliación de la libertad.

El sentido de la patria

Para Hostos, había que enseñar al niño y a la niña, desde el aula, el valor de la patria. Y se debían integrar las materias para enseñar este valor. El sentido de la patria estaba íntimamente ligado a una inclinación hacia el bien común, a un desprendimiento del interés personal, a una lucha por la paz. Ese sentimiento patriótico se debía demostrar con el trabajo activo en pro de las necesidades de la gente, que demandaba abnegación constante en favor de la patria. Estaba ligado al valor de la confraternidad como actividad en pro del desarrollo humano, al valor de solidaridad como práctica reflexiva en torno a derechos y deberes, al valor de cooperación con todos los medios disponibles, al deber del cosmopolitismo (patriota en toda patria, no sólo en el lugar de nacimiento), al valor de filantropía como deber de manifestarnos gratitud unos a otros por medio del amor, y otros valores y deberes. El sentido de la patria tenía profundas implicaciones morales en cuanto establecía la relación de deber del ser humano con la naturaleza, consigo mismo y con la sociedad.

La confederación antillana

El ideal de la confederación de las Antillas cuya ubicación geográfica hacía natural e impostergable la unión entre sí y con otros pueblos, era para Hostos piedra angular de su visión educativa. En esa confederación estaban las posibilidades de desarrollo pleno de Puerto Rico, República Dominicana y Cuba. Por ello rechazó contundentemente la anexión de las Antillas a los Estados Unidos. Sólo debían ser una federación de estados independientes. Como apunta Castro Ventura: en la Confederación veía Hostos el desarrollo de la civilización la cual serviría a estos tres fines: balancear las fuerzas de la América, servir de conductor civilizador y preparar el ensayo de fusión latente que se verifica siempre en los grandes centros comerciales, la unidad de la especie.

Hostos ilustra el sentido de unidad entre las Américas y las Antillas, así como su significado, mediante la enseñanza de la geometría: "Cuando todos sepan hacer ese nuevo polígono y situarlo con respecto a los anteriores, como el Continente lo está al archipiélago, hágase entender con claridad, con precisión e insistencia que, así como cada isla depende de su vecina, hasta para indicar su posición particular, así todas juntas, y constituyendo el archipiélago dependen del Continente hasta para fijar la posición geográfica del archipiélago. Y de eso, dedúzcase que, así como cada isla depende de las próximas, y todas juntas dependen del continente, así cada patria de un antillano depende de la patria de otro, y todas las islas patrias dependen de la patria continental. De esta dependencia geométrica dedúzcase la geográfica, y de una y otra, la moral; y hágase entender que la patria es más extensa todavía que el continente en que se nace o se pertenece".

Esta ilustración es un perfecto ejemplo de la visión integradora de la educación que tenía Hostos. En ella combina la enseñanza de la geometría, la geografía y la enseñanza de valores como la colaboración, el sentido de unidad, el orgullo antillano y el sentido patrio y continental. Señala Arpini: Ahora bien, vistas desde nuestro presente, las ideas de Confederación Antillana y de Unión Latinoamericana, y aún el ideal ético de Humanidad significan mucho más que un sueño fabuloso de patriotas liberales y racionalistas, como Eugenio María de Hostos; expresan la conciencia de una experiencia común antillana y latinoamericana, y la vigencia del desafío que desde ´Ayacucho´ compromete a nuestros pueblos

La integración de las materias y la visión de la totalidad

La visión integradora de la educación es un atributo de toda la obra teórica y práctica de Hostos. Aunque él no profundiza, por ejemplo, en los métodos modernos de lectoescritura, su visión integradora posiblemente le sitúan como uno de los precursores del lenguaje integral, pues estimulaba el aprendizaje de la lectura escribiendo, y la escritura debía ser razonada. Por otro lado, de las proposiciones de Hostos se desprenden matices de modelos sociopsicolingüísticos que dominan la lectoescritura moderna. El que no razona lo que lee, no lee. Señala Hostos: El aprendiz aprendió a leer escribiendo, a escribir trazando líneas, a trazar pensando, y a pensar atendiendo a lo que debía de hacer. El educando no ha de empezar a leer el libro hasta que corrientemente lea trisílabos... de ninguna manera se consienta el deletreo. De ninguna manera se deje leer lo que no se entienda. Esta es una postura cónsona con la visión freiriana de la lectura. Lo que Hostos propone es la antítesis del academicismo y del sistema de cartilla fonética que conocemos, que imperó por muchos años en el sistema de educación pública puertorriqueña y, en gran parte, del sector privado. Hostos ponía constante énfasis en la concepción del aprendiz como sujeto del proceso de aprendizaje. Así han aprendido los normalistas lo que son las Antillas, el Continente Americano, la Tierra, el sistema planetario y la relación que hay entre islas y un continente, entre planetas y un sol entre un hombre histórico y su vida, su doctrina, su patria, etc. y entre un hombre sustantivo y la idea científica, moral, etc. que contiene.

Estas proposiciones pedagógicas hostosianas reflejan la influencia de Pestalozzi y de Froebel. Así, toma de este último su sistema objetivo que propone el desarrollo gradual del conocimiento. Paradójicamente, Hostos no hace alusión en la enseñanza de la escritura de palabras que representen el estado de deterioro que vivía la sociedad de entonces. Como señaláramos anteriormente, no es una enseñanza problematizadora, aunque sí contextualiza la educación, en su sentido más amplio, como parte de un proyecto nacional, antillano y continental.

La enseñanza concéntrica y la interdisciplinariedad (aunque ésta no la discute) son una constante en la pedagogía de Hostos, ya se trate de la enseñanza de la lectura, de la escritura geométrica o de cualquier otra asignatura. Hostos no habla de la interdisciplinariedad, pero la asume. De hecho, plantea: ...debe ocuparse del conocimiento de todas aquellas materias conexionadas con la ciencia y el arte de enseñar.

Escuela

La escuela

Hostos concibe la escuela como una de las cuatro instituciones sólidas conjuntamente con el matrimonio, la familia y el sistema democrático, que harían posible el logro de los propósitos de la educación. Estas instituciones proveen espacios para el desarrollo de valores. Por eso lo vemos como un defensor de la escuela y de las instituciones sociales que complementan el logro de sus fines. Dice Hostos que la palabra escuela no debiera pronunciarse sin que la devoción recogiera nuestro espíritu. Percibía la escuela como: curadora de la salud social y templo de la verdad. Edificante, la escuela ha de educar en vista y previsión continua de su propio objeto moral y del objeto que tiene en la vida y en la humanidad del niño. El niño es la promesa del hombre, el hombre es la esperanza de alguna parte de la humanidad: la escuela tiene por objeto moral la preparación de la conciencia. Así, por su objeto, como por el niño que va a ser hombre, la escuela ha de edificar en el espíritu del escolar, sobre cimientos de verdad y sobre bases de bien, la columna de toda sociedad, el individuo.

La educación en general, y la escuela en particular, eran para Hostos no sólo el mejor antídoto para la ignorancia prevaleciente, sino el arma más contundente para vencer a quienes se oponían a ellas porque querían perpetuar el estado de cosas. Desde la educación y desde la escuela veía las posibilidades de transformación y desarrollo social que anidaba su ideario. Era la concepción de la escuela como templo de la verdad, ejemplificado en la campesina que se persigna y ora al pasar frente a aquélla, simbolizando la reverencia hacia el saber sobre la metafísica y el sectarismo.

Para Hostos la escuela era un instrumento moral, esperanza social: ...pues claro es si una sola escuela, refiriéndose a la Escuela Normal, con su enseñanza, su propaganda y con su ejemplo, bastó para en parte paliar el daño continuo que en la moralidad pública producía el continuo mal ejemplo del gobierno, claro es también que una organización adecuada de las escuelas todas del país actuará contra las malas costumbres en proporción directa con su cantidad...a más escuelas, más acción contra la inmoralidad. Sin embargo, la escuela no era la única responsable, sino también el hogar y cuantas instituciones fueran capaces de extender al hogar y a la escuela el aprovechamiento del tiempo y la adquisición de nociones de verdad, de bien y de belleza.

El maestro

En el escenario de una escuela con esa mística surge la figura del maestro, a quien Hostos llama soldado de la verdad. Para Hostos, enseñar es un acto creativo que requiere gran ingenio del maestro y la maestra. Pero ser maestro o maestra era mucho más que esto. Hostos, en sí mismo, ejemplificaba el perfil del maestro ideal: visionario, gestor, militante, luchador, revolucionario, libertador. Si la escuela es curadora de la salud, entonces nosotros los maestros y maestras somos médicos o curanderos sanadores; si la escuela es templo de la verdad; somos ministros de ese templo. ¿Podemos vernos en ese rol? Hostos podía. Por eso exalta el valor del magisterio como...nada más augusto que la misión de guía de niños en el mundo. Y plantea que esa misión es una ciencia y un arte. Entonces, parece impostergable que debemos contribuir a que las escuelas de preparación de maestros y maestras mantengan el balance entre estos dos elementos. En virtud del valor que Hostos atribuye al maestro, establece una ética de su augusta misión que consagra su vida a la dirección de la infancia y de la adolescencia. Hostos ponía en manos del maestro el futuro de las generaciones de su época y épocas subsiguientes:

Era indispensable formar un ejército de maestros que en toda la República militara contra la ignorancia, contra la superstición, contra el cretinismo, contra la barbarie. Era indispensable para que esos soldados de la verdad

pudieran prevalecer en sus combates, que llevaran en la mente una visión tan clara y en la voluntad una resolución tan firme que, cuanto más combatieran, tanto más los iluminara la noción, tanto más estoica resolución los impulsara.

Ese maestro que Hostos describía había pasado por un proceso revolucionario interno de crear una nueva conciencia, una nueva voluntad, un nuevo compromiso, que se iban a concretarse en una agenda revolucionaria y eventualmente en una transformación radical de la realidad social del momento. Ese era el tipo de soldado que Hostos quería que militara en el ejército de la Normal. Ésta era la opción transformadora de la tétrica realidad social imperante. Más que una institución o una organización, el magisterio era un movimiento intelectual, cultural, una fuerza social que tenía que superar la fuerza de la ignorancia y la fuerza de quienes querían perpetuarla para sobrepasar el militarismo reinante y sustituirlo por clases profesionales. Era un instrumento de emancipación. Por lo tanto, los maestros eran un ejército libertador contra esas fuerzas represivas. ¿Podría ser distinta la visión del maestro y la maestra de nuestra época?

Para Hostos, el verdadero maestro es un revolucionario. Y el verdadero revolucionario es un maestro.

Educacion Sociedad

Educación y sociedad

Podríamos calificar al Hostos educador como pensador crítico, estratega revolucionario y teórico positivista. Lo primero, en cuanto asume un paradigma distinto de la educación cuyo fin era la transformación social. Lo segundo, en cuanto sus proposiciones rompieron de forma radical con el pensamiento, los esquemas y los métodos del momento. Lo tercero, en cuanto todos sus proyectos, concepciones y proposiciones de la educación apuntaban a la búsqueda de las verdades positivas a través del método científico. Pero, sobre todo, asumió una postura de la educación como un proyecto moral que habría de penetrar en la conciencia de los pueblos antillanos y latinoamericanos. El ideario de Hostos tenía alcances insospechados a la típica mentalidad de su época. Sólo la educación, como opción revolucionaria, proveía las posibilidades que no encontró en su militante agenda política bidecárea. Por ello convirtió la educación en su trinchera de lucha. Esta es la expresión de su pedagogía que vemos plasmada a través de las partes de este tomo de su pedagogía: la educación moral, programas y enseñanza, el paradigma curricular, la escuela normal, la universidad y la educación de la mujer. Pero lo más admirable de su reflexión pedagógica posiblemente sea la forma natural -y magistral- con la cual él inserta su análisis en la realidad social imperante.

Educación moral

La moral es el fundamento sobre el cual Hostos construye su ideario. En el Tratado de Moral Hostos afirma que la moral es: un principio universal de acción que nos obliga a cumplir constantemente con el deber de realizar del modo más racional y concienzudo los fines todos de nuestra naturaleza humana. A partir de esa infraestructura la educación como proyecto moral en Hostos tenía alcances insospechados. El resultado de la educación, lejos de ser un objeto cuantificable era desarrollar la capacidad para asumir una postura moral que se reflejara en la voluntad para hacer lo bueno, lo digno, con independencia de carácter. Esto incluía el reconocimiento de la diferencia entre la firmeza y la obstinación, la independencia y la insubordinación: ...la independencia que es la cumbre de la voluntad del bien, con la insubordinación, que es el sumidero de las voluntades desordenadas impelidas por la vanidad o por el afán de parecer sin ser. Uno de sus objetivos era combatir la ignorancia y la ociosidad que, según él, ya tenían poder de connaturación porque se habían apoderado de la gente. Pero esa educación debía estar respaldada y complementada por recursos externos a la escuela por asociaciones de impulso al trabajo y al estudio como eran las colonias agrícolas y fabriles con familias extranjeras y las cooperativas. Hostos no dicotomizaba la enseñanza y el trabajo, por el contrario, las integraba. Esto abona a su visión de que la educación moral es una labor inter organizacional. El trabajo y la razón eran para Hostos antídotos contra los vicios y otros males sociales.

De esta visión emana el sentido histórico y moral de la pedagogía de Hostos. Exalta figuras que son ejemplo de moral como Alejandro Bonilla, por su sencillez y su humildad, y fácil de entender por su ejecutoria y su ejemplo. Personas como éstas tenían para Hostos mucha significación por su trascendencia moral e implicación para el bien social. La mejor biografía de un ser humano es el recuerdo del ser noble. Por esto Hostos cree en la educación de la sensibilidad, que capacita del ser humano para experimentar y transmitir afectos sanos, la delicadeza que afina los afectos y la conmiseración del ser compasivo y empático. De igual importancia es para Hostos la educación que exalta los valores estéticos. "Toda la alegría de vivir que nada promueve con tanta actividad como la viveza de una sana sensibilidad de cuerpo y alma; toda la fuerza biótica y sociótica que nacería de generaciones educadas a las emociones de la alegría de vivir, podrían y deberían enseñarse y aprenderse desde el kindergarten. Como vemos, Hostos aspira a un equilibrio entre el ser humano, la razón y la moral, que es desarrollable a través de la educación desde sus etapas iniciales. Por eso, la estética tiene para Hostos dimensiones de gusto, sentimiento y placer que se derivan de las bellas artes, especialmente de la literatura. El desarrollo de la sensibilidad para Hostos tiene alcance de darle delicadeza, afectividad, fuerza de atracción y simpatía humanitaria a la civilización. Para lograr esa sensibilidad la educación tiene que utilizar todas las herramientas de las bellas artes.

Hostos incorpora en su vocabulario nuevos conceptos, tales como: el ser auténtico, la educación completa, la escuela complementaria o el complemento de la escuela y la civilización postiza. Estos son conceptos cónsonos con la misión moral que atribuye a la educación. La educación es para Hostos un instrumento de transformación del orden social imperante, de modificación del juicio popular; por esto es un acto de reconstrucción de la conciencia popular; por esto debe trascender el academicismo y el dogmatismo. Sólo la educación completa puede hacer posible la erradicación del estado de deterioro imperante. Esta es una educación que incluye lo intelectual, pero va más allá de éste; incluye aptitudes individuales y sociales que, más que sabios, forme hombres y mujeres. ...con estar lejos de la vanidad y el amor propio que concitan a la envidia, ya están libres de tentaciones los hombres [y mujeres] que cultivan la verdad, los que viven de su razón y su conciencia....

Así, Hostos ve el desarrollo de las funciones de la razón como instrumentales a la producción de principios (inducciones) y de enunciar leyes (deducciones) que sustraigan de las perturbaciones criminales. Siendo así, es consecuente que el uso de nuestra razón como medio y recurso natural de nuestra vida nos mantendrá lejos de las perturbaciones ocasionadas por las pasiones criminales. En apoyo a esta visión afirma Hostos: No hay necesidad de enseñar a ser sabios, pues con enseñar a ser hombres verdaderos basta para alejar del vicio y de sus crímenes al hombre. Pero ningún educador podrá estar seguro de su educando si sólo a usar la razón le enseña. Tendrá, si quiere poner fuera del alcance de la mayor parte de las pasiones perturbadoras, que enseñarle también a hacer uso de su sensibilidad y su voluntad. Tal parece, como señala Antonio S. Pedreira, que: la moral no es para Hostos un imperativo categórico de la razón, sino más bien el resultado de las relaciones del hombre con la Naturaleza.

Pero la escuela no puede asumir por sí sola un proyecto moral de tal envergadura. Hostos propone lo que él llama la educación indirecta, una especie de educación no formal, que se da a través de instituciones complementarias de la escuela pública: las escuelas de las cárceles, las escuelas correccionales, las cárceles correccionales, las prisiones reformatorias, los huertos y talleres penitenciales, las reuniones de propósito cívico, religioso, el festival, las salas de lectura, las bibliotecas populares, las conferencias públicas, las sociedades de distracción, las fiestas de barrio organizadas por el decoro, y no por el vicio, las instituciones de previsión, ahorro y cooperación. Ese es el gran desafío que, según Hostos, debe asumir la educación.

Hostos buscaba en las virtudes de las grandes civilizaciones como la antigua Grecia, Europa, Norteamérica y hasta en la misma España (especialmente los juegos en corillo), los mejores modelos para la educación. Creía en la tradición ateniense de convertir los pasatiempos tradicionales y las diversiones públicas en medios normales de educación común. Exhortaba a la identificación de juegos que tuvieran la propiedad integradora que él buscaba en todas las estrategias educativas que desarrollan la fuerza, la agilidad, la destreza y la salud, el esfuerzo físico, la sensibilidad, la inocencia, el ingenio, la reflexión, la voluntad, la firmeza, la perseverancia, la rapidez de resolución y ejecución, la educación individual y social, así como las aptitudes físicas y psíquicas.

Hostos abogaba vehementemente por el deber del patriotismo, pero abogaba por convertir la enseñanza militar en enseñanza cívica. La escuela estaba llamada a enseñar el patriotismo práctico que, según él era antídoto de las guerras, las revoluciones y las conspiraciones. En lo que podría parecer una contradicción, Hostos afirma que la escuela de ese entonces debía educar para el arte de la guerra. Sin embargo, recalcaba la enseñanza del respeto al derecho individual y colectivo, para lo que era imprescindible la enseñanza sólida de la moral social. Esta es, posiblemente, una de las controversias más agudas de las posturas de Hostos en cuanto a la educación como proyecto moral. Por un lado proclama una sólida enseñanza en la moral social que emana del respeto al derecho, mientras de otra parte afirma que el régimen militar es el que mejor desarrolla el hábito del trabajo, la subordinación, la disciplina del cuerpo y el alma, de la cooperación y el orden y el ejercicio de músculo y mente. Esta postura de Hostos hay que entenderla en el contexto de lo que acontecía en los países del Caribe y de la América en su relación con España. Lo que se imponía era la necesidad de defender contra extraños el derecho de los pueblos. Por otro lado, la enseñanza militar era sólo un complemento para educar la voluntad, la dignidad colectiva y el deber del trabajo. Hostos aspiraba a una transición: hacia una enseñanza, ya no militar, sino cívica. Por otro lado, en un artículo que intitula Respeto a la vida Hostos hace un llamado a que se ponga coto al uso de revólveres, machetes, cuchillos y otras armas ofensivas que mantienen en continua inseguridad y en frecuente alarma las calles mismas de las poblaciones. Esto era indicador del atraso moral e intelectual de la época, falta de valor personal y el poco respeto a la vida humana.

En ese afán de Hostos de verlo todo desde una perspectiva integral, el trabajo, su necesidad y su conveniencia, cobran un valor supremo. El trabajo no lo veía sólo como un ejercicio práctico, sino como una mezcla del sentimiento, la sensibilidad, la voluntad y la razón, así como del físico. La escuela no podía obviar un valor tan fundamental, por su aportación al desarrollo del cuerpo y del alma. Convertida en objeto de moral: la escuela debe servir para proveer de una cantidad determinada de conocimientos que, junto con darnos como resultado el desarrollo del cuerpo...nos dé la capacidad para convertir nuestros conocimientos en medios de vida . La Ley de Enseñanza Pública que propuso Hostos pretendía, desde una perspectiva integral, abogar y cultivar el desarrollo de atributos de fuerza, agilidad y destrezas mediante trabajos manuales, canto coreado, ejercicios gimnásticos, campos de tiro al blanco, excursiones y exploraciones, paseos, sitios fijos de deportes, juegos y otros, en colaboración con el sector privado.

Podríamos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que Hostos tenía una fe ciega en los frutos morales del normalismo. En lo que él mismo señala como un acto de imparcialidad, designó a Manuel de Jesús Peña y Reinoso quien, como Presidente de la Sociedad de Maestros y Maestras, había atacado al normalismo porque era una escuela sin Dios. Tanto respetaba Hostos la independencia de conducta personal y la devoción del derecho colectivo, que aplaudía la postura disidente de Peña y Reinoso, quien se oponía a la Ley General de Enseñanza, porque empleaba medios del derecho, aunque Hostos entendía que su posición era producto de errores de interpretación y de lectura irreflexiva. No obstante, esto era digno de aplauso, sostenía él, porque, aunque equivocado, era digno, recto y bueno que alguien se amparara en las reglas del derecho colectivo. Y hasta justificaba su postura: De un hombre de bien no se puede esperar malicia que redunde en un daño de nadie; y mucho menos, en daño de todos, como sería la malicia que pusiera obstáculos a un proyecto de bien social como la Ley General de Enseñanza Pública. Por lo tanto, son equivocaciones.... La postura de Hostos ponía a prueba su tolerancia, la cual consideraba un principio porque, según él, es una virtud que determina cambios, que determina orden, que establece permisiones y prohibiciones. La mutua tolerancia de los poderes temporales y espirituales depende de la práctica de la tolerancia como virtud. Y la tolerancia, decía, era uno de los principios que debían guiar el normalismo.

Uno de los más dramáticos intentos de Hostos por articular sus posturas morales, su racionalismo y su visión positivista con la amplitud y el alcance del proceso educativo, lo vemos en su concepción de la lactancia materna. Es un intento de relacionar la educación formal y la educación no formal con la vida familiar. Hostos ve en la lactancia el más privado espacio para enseñar a un niño desde el nacimiento. Asocia la función de la maestra con esa función maternal. Ve como un deber que evita la postergación del infante a la vaca, la cabra o la burra. Sostiene que la composición de estas leches es distinta a la de la madre, y lo demuestra científicamente aludiendo a experimentos de laboratorio que así lo prueban. Hostos alude a la ciencia como objeto moral para demostrar que las diferentes leches no tienen los mismos albuminoides, la misma composición molecular, y difieren de sus propiedades biológicas. Faltar a ese primer deber de la maternidad, sostiene él, es exponer al infante al dolor, la enfermedad y la muerte. La leche no materna es detractora del crecimiento del infante. Lo interesante es que Hostos también responsabiliza al padre por cómplice y a las abuelas que son malas asesoras. Llama delincuente a quien aconseje a una madre sustituir la leche.

Tal como ha sostenido nuestro colega y estudioso de Hostos, Rafael Aragunde, tenemos que estudiar la moral en Hostos sin la intención prescriptiva en mente del proceder correcto y los atributos ideales del ser humano y sin reducirlo a un mero objeto o ejercicio de análisis, sino verlo más bien como sabia articulación de sus ideas del bien individual y social enmarcados en un contexto social y amparados en la razón natural como una herramienta articuladora. En cuanto esa relación naturaleza-razón interfiera en la aspiración última de la libertad, hay que replantearse el análisis y redirigir la discusión y emprender un rumbo diferente de acción. Según Aragunde, el concepto de moral en Hostos era temporal, epocal y entórneo. Establecía una trilogía inseparable entre el ser humano natural, su realidad individual y social y su proceder. Entonces, la moral hay que redefinirla en términos del significado que se le da a estos tres elementos en cada época y espacio, es decir, es relativa.

Tampoco debemos dejar de plantearnos interrogantes que nos sitúan en un plano de responsabilidad intelectual a la altura de nuestro tiempo. Algunas de esas interrogantes podrían ser retóricas o incontestables, tal vez; pero necesarias al proceso de reflexión que nos impele como estudiosos y estudiantes del pensamiento educativo de Hostos: ¿Respondían sus planes de reforma al proyecto moral para la educación con la amplitud que él la concibió? ¿Logró su proyecto educativo el cometido? ¿Era la moral una meta o un ideal?

Programas y enseñanza

Encauzar la agenda moral de la educación que proponía Hostos requería cuidadosas proposiciones que sirvieran de guía a la generación de maestros y maestras que habrían de tomar las riendas de tan grande desafío. De aquí que Hostos realizara, como han señalado colegas estudiosos de su pensamiento, una extraordinaria labor sinóptica del pensamiento educativo de su época, pero con singular creatividad. Si bien su pensamiento crea una visión única de la educación contextualizada en su tiempo, se nutre de las ideas de los más grandes pensadores y educadores de la época: el método experimental, de Francisco Bacon; la escuela materna, la escuela inductiva y la enseñanza intuitiva y objetiva, así como la necesidad de poner al niño en contacto con la naturaleza, dejando en libertad su iniciativa para encontrar la verdad, de Rousseau; el conocimiento positivo de la naturaleza humana, el descubrimiento de los medios naturales para dirigir el entendimiento de la infancia, la formación de hombres y buenos ciudadanos, no ingenios o prodigios, de Pestalozzi; la escuela intuitiva del Kindergarten, de Froebel; el tono moral de sus doctrinas, de Vives, entre otros.

Debe tenerse en cuenta la siguiente observación que hace Rojas Osorio: Lo que más llama la atención es el modo sabio como Hostos se vale de la exposición de los autores más afines a su pensamiento para dejarnos ver también su propia filosofía y pedagogía. Se da una simbiosis perfecta entre el expositor y el autor expuesto en los casos de Sócrates, Comenio, Rousseau, Froebel, Peztalozzi. Quien quiera ver la posición de Hostos la podrá encontrar muy clara cuando expone a estos autores, especialmente a Pestalozzi. Castro Ventura sostiene que Hostos no se apasionó ni fomentó el estudio dogmático de Comte y Spencer. Por otro lado, el filósofo Miguel A. Pimentel, en su ensayo Hostos y el Positivismo en Santo Domingo nos dice que el positivismo de Hostos no se ajustaba dogmáticamente al modelo de Comte o Spencer. Por su espíritu revolucionario Hostos rechazó la esencia conservadora del positivismo.

Esas influencias las vemos claramente a través de gran parte de la obra de Hostos y, especialmente, en Ciencia de la Pedagogía, de cuyo contenido se desprende un modelo de diseño y planificación curricular que subyace en su obra, y que vemos aplicado en todas sus proposiciones pedagógicas y reformas curriculares que contiene este segundo tomo.

El paradigma curricular

El modelo curricular que se extrae de la obra pedagógica de Hostos incluye elementos que no tienen muchos de los modelos contemporáneos, aunque éstos incluyen elementos que Hostos no considera. En Ciencia de la pedagogía, (Tomo I de la edición crítica) Hostos plasma un paradigma de la educación; en los Tomos II y III plasma en concreto esa visión pedagógica tanto en Chile como en la República Dominicana, es decir, enmarcada en la sociedad de la época. En un primer acercamiento a este paradigma curricular veamos sólo algunas consideraciones con el propósito de ampliar el horizonte con el cual debemos abordar los temas de este segundo tomo que hemos intitulado Educación y sociedad. Cabe la aclaración de el orden de los componentes del modelo propuesto es relativo y no pretende establecer dogma, que no fue la intención de Hostos ni la del autor de este estudio. En este paradigma Hostos integra elementos de la filosofía (una epistemología), la psicología, la sociología, la antropología, la historia y la didáctica. Todo currículo debe integrar estos elementos, sea de español, inglés, matemática, estudios sociales, ciencia o cualquier otra materia. Las proposiciones de Hostos son un rechazo a los modelos academicistas de hacer currículo. Debe ser objeto de un análisis posterior la comparación de lo que propone Hostos, con otros modelos curriculares conocidos. Conocer este paradigma contribuye a explicar mejor los enfoques que usa Hostos a través de sus reformas y a entender muchas de sus proposiciones en este tomo. Veamos brevemente algunos componentes de ese paradigma.

Para Hostos la pedagogía es una ciencia y un arte. Define la pedagogía como: la ciencia que interpreta aquélla entre las leyes naturales de la sociedad en que se fundan la salud y el orden intelectual, sensitivo y volitivo del hombre, especie o individuo. Es la ciencia de la educación, no la ciencia de la enseñanza, la ciencia de la educación mental, no exclusivamente de la razón, la ciencia de la dirección que abarca la cultura general y no tan sólo la instrucción. Es la ciencia que da a la instrucción leyes y reglas; leyes por medio de la didáctica, reglas, por medio de métodos y procedimientos. Es decir, es punto de partida vital el establecimiento de una concepción de la educación. Basándose en esa amplia definición de la pedagogía como ciencia, Hostos plantea varias consideraciones y precisa una serie de lineamientos que apuntan hacia un modelo curricular.

De esa visión de la educación se desprende el primer componente curricular del paradigma implícito en su pedagogía: el diagnóstico. Este incluye el conocimiento de un trasfondo que establece las bases prioritarias del proceso educativo: las edades, las condiciones naturales de la razón, la naturaleza física y fisiológica del niño y otros aspectos de su etapa de desarrollo mental y corporal (CP, p. 59). Hostos sugiere un detenido diagnóstico como componente de ese paradigma, esencial en la elaboración del currículo. Más aún, por cuanto las condiciones de cada educando y cada grupo de educandos son únicos, sugiere una flexibilidad en el currículo para que el maestro pueda integrarlo.

El eje en torno al cual gira el pensamiento educativo de Hostos es la moral. De aquí la importancia de las consideraciones filosóficas como centro de la elaboración del currículo. En su Tratado de lógica elabora una teoría del conocimiento o una epistemología. Pero no se limita a estas únicas consideraciones. Para Hostos hay que concebir un sistema filosófico que establezca concepciones claras de los propósitos de la educación, del educando, del maestro, de la escuela y de los valores que se quiere cultivar. Hostos no nos legó un tratado filosófico en torno a la educación, mucho menos un dogma que debemos seguir como educadores. Pero se planteó consideraciones filosóficas medulares de todo el proceso educativo. Por ejemplo, nos dice que educar es más que enseñar. Y utiliza una ilustración diciendo que educar es lo que el buen cultivador hace con la semilla. Con esa analogía sencilla, asume una concepción del proceso de enseñar y la plantea en lenguaje popular, pero con profundidad. Así, los conceptos de la razón, la verdad, el bien y la justicia, la libertad y muchísimos otros tienen que ser objeto de constante y profunda reflexión filosófica en un currículo que pretende responder a la realidad y las necesidades del educando de hoy. Por otro lado, Hostos señala: ...los modos, medios o métodos particulares...son y deben ser, en realidad los recursos prácticos a que se apele para aplicar el sistema filosófico que se haya concebido....

Aquí cobra vigencia el pensamiento del Maestro porque deja la puerta abierta para que asumamos una postura crítica a la altura de nuestros tiempos. Entonces, debemos seguir cultivando procesos de reflexión que definan los lineamientos y los aspectos medulares que sirvan de guía al diseño del currículo, a la enseñanza en el aula, a la administración de la educación y a la agenda educativa nacional a la altura de nuestros tiempos.

Nuestro insigne educador destaca consideraciones importantes de una epistemología o una teoría del conocimiento. Dice él: Conocer es establecer una identidad entre realidades físicas, morales e intelectuales y la representación, idea o juicio, que de ellas forma la razón. De aquí resulta que para conocer es condición indispensable el ponerse la razón en relación o contacto con un objeto o realidad, ya sea física, ya moral, ya intelectual. Como se puede observar, se distancia de una visión academicista del acto de conocer; es una visión integral que trasciende el acto de aprender un cuerpo de conocimiento.

A partir de esas concepciones, se establecen los principios que habrán de guiar el proceso aprendizaje-enseñanza-aprendizaje. Uno de esos principios medulares de la pedagogía de Hostos es la visión de la enseñanza como una ciencia y un arte, destacando que la primera se antepone a esta última ...porque para enseñar con arte se necesita tener los conocimientos positivos.

De otro lado, vemos particular atención a las consideraciones sociológicas en los programas que Hostos propone. Para él: "la educación es una función natural de la vida colectiva e individual que resulta de la necesidad de desarrollo que tiene la razón y la conciencia del [ser humano]...Educar es dirigir, conforme a la naturaleza, las aptitudes todas del ser individual y colectivo: de ahí que la educación abarque a la par las aptitudes físicas y las aptitudes psíquicas del [ser humano], las individuales y las colectivas del ser social, las teóricas y las prácticas del ser social, las teóricas y las prácticas del ser racional. La educación así entendida en su significación esencial es, no ya sólo un coeficiente del progreso, sino el factor principal del desarrollo, crecimiento, evolución y cambio del ser social".

A partir de esa concepción, la escuela, el maestro y el educando cobran sentido en múltiples dimensiones sociales: la nacionalidad, la familia, la política, las creencias, los valores, las expectativas e intereses individuales y comunes, las normas y las leyes que rigen los grupos, el lenguaje, el arte y otros. Por ser la educación un proyecto de orden moral, según Hostos, su conocimiento y su praxis siempre se apoyarán en principios sociales, culturales e ideológicos. El currículo, ya sea de matemática, ciencia, español o cualquiera otra materia tiene que comprender la influencia de fuerzas socializadoras como la familia, la iglesia, los grupos formales e informales.

Se necesita una herramienta que permita conocer y entender la personalidad humana: la razón, los sentidos, la voluntad, el sentimiento y otros aspectos que son objeto de estudio de la psicología. Hostos nos insta a: la aplicación de las leyes naturales del entendimiento humano...; estudio del orden en que se han de comunicar los conocimientos, fundado en las leyes de la razón. Esto apunta a un conocimiento de la forma en que los seres humanos aprendemos. Es un conocimiento científico que precede al arte porque éste se nutre del primero. Hay que conocer el nivel de desarrollo mental y corporal para: establecer los conocimientos que estas condiciones permiten y la calidad de los que aquéllos hayan recibido.

Por otro lado, lo que Hostos propone como consideraciones históricas -que son medulares en su modelo curricular- no es únicamente una narración de hechos en el transcurso del tiempo, es también una actividad crítica que apunta al conocimiento e interpretación de los hechos que puedan tener repercusión en el proceso aprendizaje-enseñanza-aprendizaje. Sus palabras hablan con claridad y sencillez de esa consideración de la historia. Señala él:

La historia de la pedagogía es una parte de la historia universal porque tiene como objeto una de las actividades y manifestaciones más importantes de la vida de todos los tiempos y en todos los lugares. Por lo tanto, los educadores no han podido dejar de hacer, y han hecho cuanto han podido por educar cada tiempo y cada país han creído mejor la educación. En virtud de esto, ha de haber y, con efecto, hay una estrecha relación entre las demás actividades de la historia y las que se manifiestan en pro de la educación y la enseñanza... Hostos adopta un método histórico mixto que es narrativo y crítico.

Los procesos didácticos desempeñan un papel integrador en la pedagogía de Hostos. Algunos aparecen explícitos en su método; otros están implícitos en su pensamiento. Por ejemplo, aunque Hostos no menciona explícitamente un proceso de planificación, la secuencia de sus planteamientos sugiere un cuidadoso proceso de organización y coordinación que describe la secuencia y orden en que se van a desarrollar las actividades conforme a las funciones y facultades de la razón.

La selección de un método figura como elemento integrante de ese modelo curricular. Hostos define la pedagogía como: la ciencia que da a la instrucción reglas y leyes; leyes, por medio de la didáctica, reglas, por medio de los métodos y procedimientos. Así, hay que tener una concepción clara de la didáctica como conjunto metódico. El método no puede ser arbitrario, sostiene Hostos; tiene que guardar relación con las condiciones naturales del estudiante y seguir una aplicación sucesiva acorde con sus facultades. Esto es una clara alusión a la enseñanza concéntrica o evolutiva. Hostos habla de prefijarse un sistema acorde con el método que sigue la naturaleza: Es necesario seguir un método, no arbitrario, sino concorde con el plan mismo de la naturaleza... Conforme a las condiciones del estudiante, se hace la selección del método: objetivo, expositivo o deductivo. Por ejemplo, uno de los métodos objetivos que Hostos menciona, el corpóreo es método práctico que emplea toda clase de objetos naturales o artificiales con el fin de despertar intuiciones en la razón de los niños o de ponerla en contacto inmediato con el objeto de conocimiento que se le va a proponer.

En comunicación al Director de la Escuela Normal de Santiago en Santo Domingo le dice Hostos: ¿Qué método hay que seguir para iniciar el entendimiento infantil en ese método de las ciencias positivas? El mismo de la naturaleza: aplicar la atención para examinar el hecho concreto que se ofrece; ejercitar la observación, para descubrir las partes del todo y el enlace con que se manifiestan; estimular la asociación de ideas, no sólo para relacionar partes con partes del todo que se trata de conocer, sino para establecer generalizaciones, sin las cuales no hay organización científica. Afirma Hostos que los países latinoamericanos necesitan establecer los fundamentos de su organismo intelectual sobre los medios hallados por la nueva metodología científica, la nueva lógica, la nueva psicología y la nueva pedagogía.

Nuestro insigne educador sostiene que el desarrollo de la razón tiene un orden dictado por la naturaleza, no arbitrario y que el educador o educadora debe seguir, por lo tanto, es necesario estudiar el orden. Ese orden está dado, básicamente, por lo que él llama las funciones de la razón: intuición, inducción, deducción y sistematización.

De igual modo es preciso identificar los recursos y procedimientos pedagógicos. Señala Hostos: "Como arte, la pedagogía es un conjunto de recursos y procedimientos que emplean los educadores y las educadoras. Para identificar esos recursos y procedimientos hay que conocer el método natural, que es el que sigue la razón al desarrollarse, los métodos artificiales, que son los recursos que usa el maestro o la maestra y prefijar un sistema, que se refiere a los conocimientos, quizás podríamos decir, las teorías, que sugieren formas de hacer las cosas". Hay que preestablecer los conocimientos que han de comunicarse tomando en cuenta las condiciones que identificamos en el diagnóstico, es decir, los conocimientos que corresponden a la etapa del desarrollo del educando. Luego es preciso clasificar los conocimientos. Hostos sostiene que: ...todo lo conocible está en los límites de nuestra facultad, y todos los conocimientos que pueden transmitirse comprende alguna faz de la naturaleza física del mundo o del hombre; algún aspecto de la naturaleza moral, del individuo o de las sociedades; alguna actividad, hecho o fenómeno de las fuerzas naturales en el mundo físico o en el mundo moral o en el mundo intelectual.

Finalmente, más que una proposición de Hostos, la implantación es una consecuencia lógica a la cual preceden todas estas consideraciones que hemos señalado.

Hostos, curiosamente, no habla explícitamente de los medios de evaluación, que es uno de los componentes que todos los modelos curriculares contemporáneos incluyen. Tal parece que estaba más preocupado por el alcance social de sus proposiciones pedagógicas, que por la evaluación del producto inmediato. Esta cita de él quizás justifica esta interpretación:

Por ahora, mientras de organizar la enseñanza pública se trata, organicémosla de modo que favorezcamos la determinación espontánea de una clase social...Debe obedecer a fines reales de la sociedad, en relación directa con el grado de desarrollo que se desea favorecer; y se ha de considerar como una necesidad funcional del organismo.

La Escuela Normal

Según Hostos, la Escuela Normal en Santo Domingo respondía a un bien público y, a su vez, era la más alta prueba de civilización concedida o realizada. Desempeñaba un papel decisivo en la realización de su ideario. Llevaba la firme determinación de transformar la cultura intelectual, social y moral de un pueblo, de crear conciencia por los deberes con la escuela y con la patria, y fundir el amor entre éstos. Desde su inauguración en 1880 la Normal tenía un camino académico muy definido: organizar un ejército docente capaz de enfrentarse a las tinieblas del analfabetismo dominante. La famosa escuela preparatoria, serviría para la preparación y captación de integrantes de la Normal y el proyecto alfabetizador.

Hostos llegó a concebir la Escuela Normal como una fábrica de civilización. Era la escuela que impactaba al niño, éste al hogar, éste a las ciudades, éstas a la nación y a la sociedad, que estaba en contacto con la población menesterosa de conocimientos, fomentaba patriotismo popular, conquistaba el cariño y el respeto de la sociedad; era un proyecto novedoso, era el instrumento de los maestros que trabajaban continuamente para hacer más activa la inteligencia. El propósito de las normales estaba claro: no es tan solo formar maestros, sino especialmente reformar la educación mental y preparar reformadores de ella y de la razón común. Es aquí cuando Hostos asume una visión positivista desde la cual intenta encauzar la obra de la Normal: "El método es rigurosamente positivo, es decir, el empleado por las ciencias positivas. La naturaleza, hecho, suministra el objeto de conocimiento en un fenómeno o serie de fenómenos: el relacionamiento razonado y racional de fenómenos con fenómenos, de todos y cada uno de ellos con el hecho universal que se trata de interpretar, es decir, con la naturaleza que nos rodea. Y que se nos impone; esto es lo que se llama ciencia. Si todos viéramos metódicamente o si desde niño se nos enseñara a ver con método la naturaleza que en todos los actos de la vida material y moral se nos presenta, es indudable que ese aprender a ver la naturaleza constituía un aprendizaje científico. Pues bien: ese aprendizaje es el que, por primera vez, aquí y en cualquiera otra parte se está intentando en la Normal de Santo Domingo y se impone en la ley dominicana de las Normales".

No obstante, no podríamos reducir el pensamiento de Hostos a una visión positivista, sino que el positivismo en ese momento constituía la opción más aceptada por la cúpula intelectual y representaba una ruptura dramática con el enciclopedismo imperante. Representaba nuevas perspectivas, interpretaciones y métodos de hacer educación.

En la Escuela Normal se conjugaban el talento, la vocación y el patriotismo. En ella los alumnos experimentaban la felicidad de tener una segunda casa en la escuela, un segundo hogar en aquella familia de alumnos y maestros. Decía Hostos: "Entonces, a medida que agravaban las circunstancias políticas y que se disolvían todos los vínculos, y que los fieles a las ideas redentoras se alimentaban de ellas se iba formando en el espíritu de lo que aún quedaba de sociedad nacional, una visión del día por venir en que la patria iba a ser una realidad, el derecho una verdad, la libertad un recurso familiar, de todos para todos, la dignidad individual y colectiva una fuerza incombatible, el trabajo de todos y de cada uno el mejor recurso de la existencia, la honradez un modo común de ser, la moralidad una característica y la desaparición del mal reinante la consecuencia del bien por quien todos los buenos suspiraban" .

Como ya mencionáramos, Hostos tuvo que librar una batalla campal contra quienes se oponían al normalismo, explotaban la ignorancia y consentían el desorden académico que imperaba en la enseñanza del Estado y la Iglesia: "Es, pues, la primera vez que se intenta organizar el servicio administrativo y social de la educación pública, tentativa de civilización que sólo combaten los enemigos de la civilización; es también la primera vez que en la República hacen las malas pasiones las malas tradiciones y los malos propósitos el libre uso que ahora están haciendo de toda su fuerza corrosiva, no ya contra el gobierno, sino contra su voluntad social y contra el gobierno que la apoya. ¿Será este un momento bien elegido para cruzarse de brazos y hasta contentos y hasta hostiles?".

En su proyecto de Ley General de Enseñanza Pública Hostos defiende la enseñanza de los idiomas español e inglés por sobre la enseñanza del alemán y el francés, porque eran los idiomas continentales en América:

Deben ser conocidos tan por igual como sea posible. Y como sólo estudiándolo pedagógicamente en inglés, y empezando a estudiarlo en la niñez, se puede conocerlo a fondo, hablándolo y escribiéndolo familiarmente, dominándolo en todos sus giros y modismos y poniéndose en capacidad de utilizarlo eficazmente para la vida práctica, por eso se ha pareado al castellano. Es la lengua de la pedagogía aplicada. Es, además, la lengua de la libertad. Es...la lengua del comercio...y de los aplicadores más afortunados del análisis a las ciencias de la materia y del espíritu. Es para la vida nacional americana la lengua que se impondrá a nuestras hermanas y vecinas. Es, para terminar, la lengua de la civilización americana. El inglés porque era lengua americana, jurídica y tecnológica.

En esa cita podemos observar una intención práctica en Hostos en cuanto otras lenguas no eran útiles al estado de desarrollo que necesitaba la educación del momento y del futuro mediato e inmediato.

La Normal enseñaba a utilizar las nociones que transmitía y enseñaba a manejar la voluntad. Enseñaba el valor de la libertad y la creatividad, aún en el destierro. Para muchos La Normal proveía conocimientos aplicables a las necesidades de la vida y enseñaba a trabajar, a enseñar, a encaminar la voluntad al bien, a dominar la adversidad y a cumplir con el deber. Hostos defiende la enseñanza del normalismo, de las nociones que transmitía y de la voluntad, la libertad y la creatividad que estimulaba. Refiriéndose al testimonio de un egresado apuntaba: ..él dominaba el silencio de aquella esclavitud enseñando a amar la libertad y sacando del cautiverio de las tradiciones hostiles al derecho, así a los extraños entre quienes pernoctaba en la noche del destierro, como a los compañeros del destierro, como a los compañeros del extrañamiento a quienes enseñaba la doctrina que lo había armado contra la nostalgia de la patria sumida en el dolor y la impotencia. Enseña a trabajar, a enseñar a encaminar la voluntad al bien, a dominar la adversidad y a cumplir con su deber Así exaltaba a figuras desprendidas defensoras del normalismo tales como: Félix Mejía, Soler, Arístides Robiou, Arismendi Robiou (quien hizo una gran labor con los puertorriqueños en la República Dominicana) y Rafael Moscoso Navaro. Y exalta la figura del padre Billini quien en un momento fue un adversario denodado.

En comparación con el estado de cosas del momento el esfuerzo del normalismo parecía insignificante, sin negar los avances que se habían hecho. Las normales nocturnas se difundían por todo el País: la Capital, Barahona, San Juan, Azúa, Baní, Macorís del este, Sánchez, Samaná, Monte Cristi, la Vega, Cotuí, Bayaguana y Moca, porque eran modos de organización de la enseñanza y el trabajo. Hostos tenía fe en la Normal como difusora de la verdad y el bien. Estaba convencido de que perseverar en el esfuerzo de la Normal le habría de garantizar a ésta el reconocimiento público. Por esto el respaldo del gobierno de la República para Hostos era testimonio de que su proyecto era uno de envergadura social: La ha prohijado en virtud de convicción y con esperanza de bien para el país. Por lo tanto, la obra deja de ser personal, y al juzgarla, no se juzgará solamente un procedimiento individual en la enseñanza, sino la posibilidad de mal o bien, al adoptarlo con generoso amor a la patria y al progreso, haga al Gobierno a la sociedad que concienzudamente rige.

Educación de la mujer

Un hombre de la sensibilidad, el compromiso con la justicia y la igualdad y con una visión de avanzada de la educación como proyecto moral, como era Hostos, no podía pasar desapercibido el estado de subyugación a que estaba sometida la mujer de su época. La batalla que Hostos libró en pro de la educación de la mujer se inspiraba en su concepción de ésta. La veía como formadora de la conciencia espiritual a través de su trato bondadoso, afectivo y consecuente. Decía Hostos: En ella, así como en el seno de la naturaleza brotan invisibles raudales de renovación perenne en la impalpable luz, bullen inagotable torrentes de ternura en la fuerza por excelencia en el mundo moral, en aquel sentimiento que hace de la madre el más delicado y el más resistente de los seres. Exaltaba el papel inspirador de la mujer en el hombre y rechazaba vehementemente cualquier agresión contra ella. La veía como un ser humano con plenas potencialidades de desarrollo cuanto más se conociera y sintiera como mujer y ser humano.

En virtud de estos atributos, entre otros, Hostos promovía y defendía la educación científica de la mujer de modo que trascendiera el tradicionalismo de la época de ser esclava del sentimiento y del quietismo estacionario. Había que dejar en sus propias manos su sentimiento y su acción. La mujer educada podía desempeñar un papel protagónico en el desarrollo de la razón, en la realización de la libertad y en el cultivo del patriotismo. Hostos veía en la educación de la mujer una vía para la consecución de sus utopías. En la contribución de la mujer, sostenía él, estaba el germen de una nueva vida social y de un nuevo orden moral:

Era entonces necesario rescatarla de un estado vegetativo a uno productivo, de uno de ignorancia a uno de conocimiento y entendimiento de su existencia, de uno de cuidadora a uno de gestora, del desarrollo fatal al libre desarrollo, del instinto a la razón, de las tradiciones sociales, intelectuales y morales que la abrumaban, a una actualización de sus posibilidades en un nuevo contexto social. Pero para esto había que educarla, es decir, rescatarla del cataclismo moral que atenebra la conciencia de este siglo.

La educación científica de la mujer era una tarea ardua por la mentalidad tradicionalista que existía en el hombre de la época, muchos de los cuales preferían el status quo a enfrentar el laborioso proyecto de crear estructuras de avanzada y enfoques novedosos para educar a la mujer. Hostos combatió enérgicamente ese sector que era partícipe de la anarquía moral e intelectual de la época. Pero había que convencer a los hombres de la época del peligro de mantener esa condición, el cual era producto y responsabilidad de ellos mismos. Decía Hostos:

Ese peligro es obra nuestra; es creación nuestra; es obra de nuestros errores, es creación de nuestras debilidades; y nosotros, los hombres, los que monopolizamos la fuerza de que casi nunca sabemos hacer justo empleo, los que monopolizamos el poder social, que casi siempre manejamos con mano femenina, los que hacemos las leyes para nosotros, para el sexo masculino, para el sexo fuerte, a nuestro gusto, prescindiendo temerariamente de la mitad del género humano, nosotros somos responsables de los males que causan nuestra continua infracción de las leyes eternas de la naturaleza.

De aquí que Hostos calificara a los opositores de la educación de la mujer como provocativos e insolentes porque, para él, la mujer y el hombre ostentan las mismas facultades de la razón, una misma capacidad de sentir, conocer y querer, un mismo compromiso moral.

Hostos veía en la educación científica una alternativa de avanzada. La opción positivista que asume contrastaba con el intuicionismo del momento, era impartirle rigor científico al conocimiento y al proceso de educar; era darle dimensiones universales. Esta corriente de pensamiento representaba el carácter y el espíritu que exigía el momento histórico. Este enfoque, según Hostos, era la antítesis de las supersticiones que minaban la mentalidad intuitiva de ese entonces. Argumenta Hostos en forma magistral:

Esta mujer americana, que tantas virtudes espontáneas atesora, que tan nobles sueños acaricia, que tan alta razón despliega en el consejo de familia y tan enérgica voluntad pone al infortunio, que tan asombrosa perspicacia manifiesta y con tan poderosa intuición se asimila los conocimientos que el aumento de civilización diluye en la atmósfera intelectual de nuestro siglo; esta mujer americana, tan rebelde por tan digna, como dócil y educable por tan buena, es digna de la iniciación científica que está destinada a devolverle la integridad de su ser, la libertad de su conciencia, la responsabilidad de su existencia. La proposición de Hostos era una nueva educación de la mujer para una nueva humanidad.

El ciclo de conferencias públicas que Hostos propone para la educación de la mujer estaba dirigido a conocer el mundo de las ciencias naturales y exactas, así como el mundo natural, físico, planetario y social. Pero la educación como un todo debía comenzar y concluir en el desarrollo físico, moral e intelectual. Creía que la educación debía ser científica por referirse a un ser racional y debía ser completa por referirse a un ser que es más que sentimiento, que tenía derecho a emanciparse del error. Ante las críticas de los opositores de la educación de la mujer por hacerla enciclopedia, dice Hostos: La mujer enciclopedia sería tan absurda como el hombre enciclopedia.

En lo que podría parecer una contradicción en torno a la educación de la mujer, Hostos plantea que no se trataba de crear institutos superiores o de segunda enseñanza ni de capacitar para estudios universitarios a la mujer ni someterlas al rigor lógico de las Normales. Sin embargo, aclara que lo necesario, en el momento, es la educación fundamental de la razón y luego, el complemento necesario. Cabe señalar que en el estado de abandono en que se encontraba la educación de la mujer, le parecía más propio comenzar con esos fundamentos que con una preparación universitaria sin el trasfondo necesario.

La universidad

Una prioridad en la gesta reformadora de Hostos fue el plan de estudios de la Facultad de Leyes de la Universidad de Santiago en Chile. Intentó reformarla en su fondo y su forma, por las implicaciones que tenía ésta en una enseñanza bien organizada en el desarrollo de la sociedad. Aquí Hostos defiende la enseñanza científica por sobre la enseñanza profesional de la Jurisprudencia, así como su relación con el derecho legislativo de los tiempos, de la legislación chilena, el derecho comparado, el derecho internacional, natural y la economía política. Aboga por la inclusión de la ciencia social en la enseñanza de la jurisprudencia y el derecho administrativo comparado con una sólida base racional y nacional. Hostos siempre aboga por el sano juicio, la sana sensibilidad. Por esto condena a los enérgicos que se quieren imponer a toda costa a expensas de la razón, aunque ve en los enérgicos y los firmes una esperanza para sacar a los pueblos de las ruinas.

Veamos la concepción de Hostos en torno a los fines de la universidad:

"La profesión es un objetivo; la cultura es una idea. El camino de las profesiones debe ser los institutos profesionales: el camino de la cultura misma debería ser la universidad, y lo será la universidad cuando, distinguiendo el ideal teórico y el objetivo práctico, se establezca un organismo docente en que la aspiración de cada miembro de la sociedad a desempeñar en ella una función se satisfaga en instituciones que sólo tengan ese objetivo, y en que la aspiración social a adquirir cada día mayor cultura, se pueda satisfacer indefinidamente, en razón del desarrollo de los conocimientos humanos, en una institución tan extensa por su objetivo y tan flexible por su base constitutiva, que pueda crecer y desenvolverse a medida que crezca y se desenvuelva la razón científica. ...Hay dos fines aquí que repetimos: el individual que está en recorrer un ciclo de asignaturas que resulten en un título; y el social que está en aumentar indefinidamente su cultura. Conciliarlos, es posible; subordinarlos uno al otro, es temerario".

Por eso critica el amontonamiento de asignaturas y el enciclopedismo que se afanan en llenar los vacíos de los programas envejecidos: No es amontonamiento, es ordenación lo que reclama un verdadero plan de estudios. Y no ordenación formal, o de mera estructura, sino orgánica: es decir, reclama que el orden establecido para todos los estudios, y para estudios cualquiera, estén íntegramente referidos al todo científico al que se ligan orgánicamente por el género de verdad al que concurren.

Hostos hace una importante distinción entre la función de los institutos profesionales y la universidad. Utiliza el término cultura intelectual, pero distingue entre el propósito cultural de la universidad y el propósito profesional. Y sostiene que es malo confundirlos. La distinción que hace Hostos entre los institutos profesionales y la universidad cultural parece un ideal con pocas posibilidades en las universidades del mundo moderno. Influenciadas por corrientes neoliberales de gran impacto económico, las universidades han asumido el rol de los institutos profesionales unifinarios dirigidos a la preparación individual y, en buena medida, para la competencia. Pero Hostos estaba más preocupado por el carácter universal de la universidad, de un ideal extenso de flexibilidad y amplitud que atendiera el estado de cosas del momento histórico, pero con una visión de futuro. Esa universidad se nutría de los propósitos individuales, pero era de aspiración y fin social. No tenía como fin otorgar grados y diplomas, sino la búsqueda del conocimiento humano. Claro está, influenciado por las corrientes positivistas de la época, Hostos veía esta búsqueda al amparo de la razón científica. Así, la universidad debía estar más identificada con el ideal teórico, mientras los institutos se identificaban con el ideal práctico.

Hostos entendía que la universidad, consagrada al error, había sido reducida a fines pobres y menguados. Para él, la universidad tiene que superar el carácter accidental y transitorio al quehacer científico. Debe establecer diferencia entre la enseñanza amplia de carácter exclusivamente divulgativa, que provee verdades demostradas y el quehacer riguroso y necesario que tiene la exposición de la ciencia. Hostos apoyaba ambas visiones de la universidad.

Reflexiones finales

Buscar en Hostos opciones para la educación contemporánea antillana, americana y universal es un encomiable proyecto. Como bien señala Aragunde: Hostos no pretendió crear un pensamiento universal, pero de la profundidad de su pensamiento, de su mezcla de utopía y razón, emanan ideas y posturas que inspirarían generaciones. Por esto abogamos por abordajes críticos que superen los abordajes biográficos e inspiracionales y que abonen nuevas perspectivas e interpretaciones actualizadas de las ideas de este ilustre pensador. Posturas que permitan cuestionarle, debatirle, refutarle cara a cara, tu a tu, sin menoscabo a su gran legado intelectual para todos los tiempos, pero sin reverencias acríticas. Acuñar contenidos acríticos de escasa o ninguna pertinencia con la realidad actual de nuestros pueblos es rendir un pobre homenaje a nuestro excelso maestro. Aragunde hace un llamado a utilizar las epistemologías democratizantes como:

"...aquellos intentos por conocer la realidad que plantean que lo fundamental en el proceso de conocer no es el acto de conocer en sí, sino el modo en que lo conocido es interpretado por la comunidad.... Sugieren que los saberes frecuentemente responden a lógicas epistémicas nada democráticas. Por lo tanto, no aceptan que hay sin más una rigurosidad absoluta, de corte científico o filosófica que tiene validez para siempre y para todos los lugares. Las epistemologías democratizantes no postulan que la realidad, natural o social, sea democrática; es que ella puede ser interpretada como colaboradora en el proceso de ir democratizando los distintos ámbitos de la existencia. No privilegian a los intelectuales como los únicos sujetos capaces de ofrecer una interpretación adecuada de la realidad, sino que reconocen la multiplicidad de ángulos desde los cuales en la realidad se construyen los distintos sentidos. Las epistemologías democratizantes se acercan a la tarea de estudiar la realidad revelando a los que están en proceso de conocerla cómo ella puede ser descrita, interpretada y hasta disfrutada con el fin de ampliar e impulsar reivindicaciones que describimos pomo democráticas y libertarias". Aquí vemos posibilidades de actualizar el pensamiento de Hostos a partir de la realidad del entorno socio-político-cultural de nuestros pueblos. Y vemos posibilidades de desmitificar a Hostos, recrearlo, reformularlo y trascenderle. Este estudio pretende proveer un amplio marco de referencia para esa impostergable y encomiable agenda.


Referencias

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