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EugenioMariaDeHostos

Por: José Miguel Rodríguez Matos, Ph. D.

Seminario auspiciado por Grupo de Educadores Hostosianos y Movimiento Independentista Nacional Hostosiano

En este seminario nos proponemos demostrar que la libertad constituye la piedra angular, el ícono decisivo o el pie forza'o de la pedagogía de Hostos, es decir, la razón de ser de su teoría educativa y el móvil de sus proyectos educativos; que a partir de su concepto de libertad él abstrae e integra otros conceptos medulares que conforman su ideario y sus proyectos de reforma educativa. Nos proponemos desarrollar esta tesis a partir de su visión de: la escuela, el maestro, el educando, el ser individual, el ser social, la patria, la Patria Grande (o la América Nuestra) y lo que se me ocurre llamar, parafraseado a Hostos, la Patria Humanidad.

Hostos, testimonio inconcluso del hombre completo

En nuestra más reciente publicación, La educación en el ideario de Hostos, nos referimos a nuestro ilustre mayagüezano con los recientes atributos:

...utopista nato, soñador visionario, pensador reflexivo, intelectual crítico, espíritu inquieto, creador tenaz, reformista educativo radical, humanitario generoso, ideólogo revolucionario, político denunciador, escritor agudo, modelo vivo, inspirador universal, hacerdor de libertad, balance irreprensible entre el pensamiento meditado y la acción intencionada. De ese pendular dialéctico entre la idea y el verbo, la dicción y la contradicción -que conformó su estilo único- nació y se refinó el ideario que fue móvil de su faena libertaria. De sus utopías nacieron sus magnos proyectos, su ingente obra, sus regias reformas educativas; todas ellas expresiones del giro radical que demandaba la América Nuestra decimonónica[1]. En síntesis, como bien señaló Santos y Vargas: Fue un hombre de acción urgido por su visión de transformar la sociedad americana de su tiempo[2].

En el peregrinaje interior de este sabio puertorriqueño tuvieron génesis y cobraron forma sus sueños de libertad -de alcance individual, colectiva, antillana, americana, universal- su amor y su afán por el cultivo de una racionalidad ética, su vehemente búsqueda de la libertad, de la verdad, la justicia y el bien, su ideal de la Confederación de las Antillas, su visión cosmopolita, su arquetipo del ser humano completo (que, más que arquetipo, para él era una vivencia cuando él mismo expresaba: eso es lo que practico[3], su fin último de una revolución social que pusiera en manos de las Antillas y de la América Nuestra la construcción de su propia historia. En el contexto de esas utopías se fragua y cobra significado la efigie libertadora de esta poliédrica figura que tomó la tétrica realidad social de su época como punto de partida... de su pensamiento y su praxis [4].

Hostos habría de dejar profundas huellas en el rumbo de la civilización de su época mediante la política como avío de su agenda liberadora, la educación como poder interventor y la pluma como bártulo de anuncio y denuncia del visionario que, como señaló don José Ferrer Canales, quiso esculpir en la dura realidad de Nuestra América el ensueño de Bolívar: la unidad con la libertad y la justicia [5].

Después de haber militado durante veinte años en las huestes políticas, y profundamente decepcionado con el fruto de esa gestión y con los líderes de la revolución española, ¿por qué llega Hostos a identificarse con la educación como instrumento de lucha de esa unidad soñada de libertad y justicia? Una respuesta, entre muchas otras, es clara e inequívoca: porque Hostos atribuyó a la educación fuerza unificadora, chispa civilizadora, vía de progreso, instrumento al alcance para trascender el orden imperante. Llegó a concebir la educación como un proceso histórico que trasciende el localismo, el método, la didáctica, el arte y hasta la misma ciencia. En ese proceso histórico de radicales reformas veía Hostos las posibilidades de liberación de las Antillas y la América Nuestra.

Sobre esa relación entre la educación y los fines de la humanidad nos dice Camila Henríquez Ureña:

Como la educación es un medio que conduce a los fines de la vida de la humanidad, y su concepto va evolucionando a medida que evolucionan en la sociedad las necesidades y la idea de la finalidad, es claro que una reforma en la sociedad ha de corresponder a una reforma de la educación que, a su vez, reaccionará influyendo en la sociedad [6].

El concepto de libertad que se desprende de las posturas pedagógicas de Hostos La concepción de la libertad que postula Hostos reclama, como él mismo afirma, la cooperación de todas las actividades individuales y la suma activa de todas las actividades sociales [7]. Según Arpini, Hostos radicaliza las tesis krausista acerca de la libertad y la igualdad de los hombres y los pueblos, afirmando la autonomía individual y el derecho de autodeterminación de las islas (refiréndose a las Antillas) [8]. La educación era instrumental a esa agenda liberadora, que tenía dimensiones individuales, colectivas, nacionales, antillanas y universales. Ese ideal de libertad es producto de un proceso histórico acumulativo de construcción, maduración y construcción de conocimiento. Por esto consideró la libertad como un modo absolutamente indispensable de vivir.

En un análisis del discurso de Hostos en el Ateneo de Madrid, el 29 de diciembre de 1868 (catalogado como un discurso de ruptura), señala Arpini: El momento nuclear del discurso hostosiano estriba, pues, en la idea de libertad, asumida dentro de una percepción optimista de la historia, según la cual, la humanidad evoluciona históricamente en el sentido de la progresiva ampliación de la libertad [9]. Es así como la educación para la libertad que se desprende de la obra de Hostos tenía múltiples sentidos: individual, porque aspiraba a la formación del ser humano completo; social, porque era el poder social como colectivo para la construcción del nuevo orden al que se aspiraba; político, porque era el pleno ejercicio de la soberanía de un pueblo y su capacidad para desprenderse del colonialismo; ético, porque era el reclamo de la dignidad de un pueblo ante el mundo; transformadora, porque era la antítesis de la ignorancia, del escolasticismo y de la superstición.

Pero veamos ese concepto de la libertad en Hostos desde una perspectiva educativa. Si aceptamos la idea de la fuerte influencia positivista que permea el pensamiento de Hostos, y el consecuente dogmatismo científico que presupone esta corriente de pensamiento, entonces no podemos refutar la tesis de que hay elementos contradicctorios entre el concepto de libertad que asume Hostos y la plataforma ideológica en que se fundamenta su pedagogía. No obstante esas contradicciones, Hostos nunca pierde el norte libetario que caracterizó su obra. Esto lo podemos observar a lo largo de su ruta pedagógica en una constante lucha por distanciarse del dogmatismo positivista, a veces infructuosamente. Por ejemplo, no hay dudas de que las prácticas de sistematización propuestas por Hostos contraponen el concepto de educación para la libertad porque lo sistemático corresponde a un orden, el orden responde a un dogma y el dogma es la antítesis del pensamiento libre y creativo. O sea, dondequiera que haya un modelo, hay un obstáculo a la libertad y al pensamiento creativo. Es aquí donde sostenemos discrepancias con las funciones y facultades de la razón que propone Hostos.

Funciones  Facultades
 Intuición  atención, sensación, percepción, imaginación
 Inducción  comparación, clasificación, análisis
 Deducción  reflexión, particularización, síntesis
Sistematización  asociación, generalización, ordenación.

¿En qué medida sustentan o refutan estas funciones y facultades de la razón que postula Hostos, su noción de la educación liberadora? Hostos las formula como un modelo de la forma en que el educando aprende. Pero nuestra mayor objeción está en la linealidad que él le atribuye a estos niveles. El ser humano no piensa en forma lineal. Por otro lado, si el acto de liberación se consuma en el acto de creación, no se desprende de ese modelo el lugar que ocupa dicho acto de creación. No queda explícito en el modelo de Hostos lo que Freire denominó el giro epistemológico, ese espacio de producción que queda al descubierto entre el proceso de enseñar y aprender.

Cabe destacar que estas funciones y facultades de la razón nacen su concepción naturalista, herencia del positivismo de su época. Así lo constatamos cuando él afirma: Es necesario seguir un método no arbitrario, sino concorde con el plan mismo de la naturaleza [10].

Lo que hemos planteado al respecto, reconociendo que Hostos trascendió el positivismo de su época, es que esas funciones y facultades son más una forma de guiar los procesos pedagógicos del maestro, que la forma en que el educando aprende y construye conocimiento.

Las mismas críticas se le hacen al pensamiento de Hostos en referencia a sus concepciones dogmáticas de los deberes y la moral. Beauchamp, refiriéndose a la relación moral-libertad en Hostos, lo plantea como pregunta que debe ser objeto de profunda reflexión:

¿Cómo puede entenderse la educación como práctica de la libertad, como una forma de liberación y emancipación del "hombre" mientras nos apoyamos en una moral dogmática como la de los deberes (Tratado de moral), que dicho sea de paso, tiene su origen en el pensamiento de Pestalozzi (siglo XVIII)? [11]

Nuestra postura en relación con esta crítica es que Hostos no sugiere ni pretende crear un dogma en su Tratado de moral, sino abordar dichos conceptos de la moral desde ópticas interdisciplinarias.

Hostos establece vínculos muy estrechos entre su noción de libertad y otros conceptos medulares que circulan o gravitan alrededor de sus concepciones libertarias. Un ejemplo de esto es el concepto de la razón. Fuertemente influenciado por la corriente moderna decimonónica, establece una relación consustancial entre la libertad y la razón.

Sostiene él:

La razón es compañera inseparable de la libertad, y la libertad no consiente que se burle su única inseparable compañera. La paz, basada en la libertad interior, es el elemento capital de la vida. Sólo la libertad y la razón son verdaderos civilizadores en la Tierra [12].

La libertad, desde esta óptica, tiene, inclusive, la virtud de sanar el interior del ser humano. Es una facultad natural; nacemos con ella. Pero es también, plantea Hostos, multiplicación de esfuerzos perpetuos. La educación para la libertad que se desprende de la obra de Hostos tenía múltiples sentidos: político, porque era el pleno ejercicio de la soberanía de un pueblo y la capacidad para desprenderse del colonialismo; social, porque era el poder colectivo de reconstrucción; ético, porque era el reclamo, ante el mundo, de la dignidad de un pueblo; pedagógica porque era la antítesis de la ignorancia, del escolasticismo, de la superstición.

La filosofía educativa de Hostos, señala Carlos Rojas, es racional porque afirma que el objeto de la educación es el desarrollo de la razón [13]. Pero Hostos le añade adjetivos que la distancian de la rígida concepción modernista.

Asume una concepción integral de lo que él llama la razón sana, que la describe como:

...directora de todas las fuerzas físicas y morales del individuo, normalizadora de todas las fuerzas del asociado, creadora del ideal de cada existencia individual, de cada existencia nacional y del ideal supremo de la humanidad, se dirige a sí mismo hacia la verdad, dirige la afectividad hacia lo bello, bueno, dirige la voluntad al bien, regula por medio del derecho y del deber las relaciones de familia, de comunidad, de patria, forja el ideal del hombre completo en cada hombre; el ideal de la patria bendecida por la Historia de cada patriota; el ideal de la armonía universal en todos los seres realmente racionales...[14]

El óptimo grado de desarrollo de la razón, según se desprende de esta cita, debe guiar al dominio pleno, tanto en la dimensión personal como social. Es por esto que Hostos creyó que la razón estaba íntimamente ligada al plan mismo de vida. Era un medio de desarrollar la verdad y la conciencia del bien. Desde esta perspectiva, el desarrollo de la razón trasciende la visión unidireccional y desarticulada del intelectualismo y del academicismo para impartirle dimensiones humanas del ser total integral en su relación consigo mismo y con el mundo. Es la razón poderosa que guía la voluntad hacia la búsqueda del equilibrio entre las fuerzas que dominan el ser.

Estas concepciones de la razón plantean varias interrogantes para la educación. Como bien han planteado de múltiples formas algunos críticos del pensamiento de Hostos, si la escuela ha logrado algún éxito en el cultivo de la razón, lo cierto es que, a la hora de tomar decisiones, bajo las mismas circunsatncias, unos han seguido el camino del servicio y otros el de servirse, unos el camino del bien y otros el del mal. Entonces, aparentemente, el desarrollo de la razón no ha servido bien al propósito civilizador de la Humanidad. Tal parece que el desarrollo de la razón humana no es capaz, por sí sola, de aportar en forma sustantiva a la sociedad de libertad, justicia y paz que todos aspiramos. Al parecer, el postulado de proporcionalidad directa entre razón y civilización no se sustenta, según pinta la realidad, y no ha aportado en gran manera a la formación de ese ser humano que Hostos aspiraba a desarrollar. Lo cierto es que si la razón se desarrolla, puede hacerse para el bien o para el mal. Y ante esa realidad, el gran desafío de la de nosotros como educadores y educadoras es buscar opciones al racionalismo puro.

prFlag-2También Hostos vincula otros conceptos medulares a su intención libertaria.

A partir de la educación como proyecto moral, y en su intento integrador, Hostos estableció una jerarquía entre valores que él consideró importantes:

Más alta que la verdad, objeto de razón, está la justicia, objeto de la conciencia. Más alto que el sabio, vive el justo; más alta que la ciencia es la moral... Unida al bien, la verdad es la única educación completa. Al educar la razón educa la conciencia: al educar la conciencia, induce al bien... porque la más afanosa aspiración de la conciencia es la de producir [seres humanos] completos, y el [ser humano] no empieza a ser completo, sino cuando ama el bien [15].

Dadme la verdad, y os doy el mundo... Y no os daré solamente el mundo de las organizaciones materiales: os daré el mundo orgánico, junto con el mundo de las ideas, junto con el mundo de los afectos, junto con el mundo del trabajo, junto con el mundo de la libertad, junto con el mundo del progreso...[16]

Si Hostos defendió la enseñanza del normalismo, fue, precisamente, por las nociones de: la libertad, la voluntad y la creatividad que estimulaba.

Refiriéndose al testimonio de un egresado, apuntaba:

...él dominaba el silencio de aquella esclavitud enseñando a amar la libertad y sacando del cautiverio de las tradiciones hostiles al derecho, así a los extraños entre quienes pernoctaba en la noche del destierro, como a los compañeros del destierro, como a los compañeros del extrañamiento a quienes enseñaba la doctrina que lo había armado contra la nostalgia de la patria sumida en el dolor y la impotencia. Enseña a trabajar, a enseñar a encaminar la voluntad al bien, a dominar la adversidad y a cumplir con su deber [17].

En Chile denunció la falta de libertad pedagógica, y para ello diseñó su plan reformista, y lo planteó así:

Los planes de estudio...añejos; los métodos, si se honra con ese nombre a la rutina...caducos; la organización, demasiado centralista. Falta de libertad, que es tan necesaria en la enseñanza como en cualquier otro fin de vida social; falta de lógica en sus procedimientos didácticos, falta de conciencia cívica en sus planes, en ninguno de los grados corresponde al objeto de la gradación a que se ciñe...; la idea de ampliar, reformar y vivificar la universidad, convirtiéndola de órgano pasivo de la enseñanza, en organismo vivo de cultura nacional [18].

Y defendió a libertad como principio inviolable y como imperativo ético, a la vez que le concedía, inclusive, la capacidad de sanar y de construir paz interior:

Lo que no quiere la naturaleza, no puede quererlo impunemente el artificio humano; y si hay algún castigo patente en la historia frecuente criminal de nuestra especie, es el que ha caído sobre todas las razas, y está cayendo sobre todas las naciones que han violado el principio de libertad.

Educación, conocimiento y libertad: el trío indivisible

Para Hostos, educar es un proceso de rupturas; es liberación de la esclavitud que impone: la ignorancia, la dependencia, la desigualdad, la injusticia, el coloniaje, en fin, la barbarie. Sentía optimismo por las posibilidades que tenía su proyecto educativo en el resquebrajamiento del estado de cosas. Y esa ruptura vendría acompañada de una agenda civilizadora. La nueva sociedad que habitaría el nuevo mundo cifraba sus esperanzas en la estrecha relación dialéctica entre realidad–educación–nuevo orden. La ruptura con el estado prevaleciente exigía nuevas formas, nuevos métodos, nuevas estrategias, nuevo conocimiento y nuevas formas de construirlo. De ahí la gestación de sus regias reformas educativas de intención libertaria y civilizadora.

Así lo reconoce Villarini:

La reforma educativa que Hostos proponía se fundamentaba en la idea de que la libertad y civilización de nuestros pueblos sólo se conseguirían si los individuos que los constituían se educaban en el desarrollo de su capacidad de conocer, es decir, de razonar y con ello su conciencia moral y cívica [20].

Esa consustancialidad entre educación, conocimiento y libertad, que le da sentido a la escuela como escenario de liberación, la planteó Hostos de otro modo:

Conocer es una función natural de la vida colectiva del ser individual, que resulta de la necesidad de desarrollo que tiene la razón y la conciencia del [ser humano]. Cuando esa necesidad se satisface el desenvolvimiento de las aptitudes características de la especie humana (la razón y la conciencia de esa racionalidad) hace patente la necesidad de educar, es decir, de dirigir conforme a la naturaleza, las aptitudes del ser individual y colectivo: de ahí que la educación abarque, a la par de aptitudes físicas y aptitudes psíquicas del [ser humano], las individuales y colectivas del ser social, las teóricas y las prácticas del ser racional... La educación así entendida en su significado esencial no es ya un coeficiente del progreso, sino el factor principal del desarrollo, crecimiento, evolución y cambio del ser social [21].

De esta concepción del acto de conocer, de las que a su vez se desprenden nociones del derecho, del deber y de libertad, del amor patrio y del amor a la Humanidad, extraemos las dimensiones individuales y sociales del desarrollo de la conciencia y la razón, que tanto Hostos enfatizó. La necesidad de conocer, tanto individual como colectivamente, es la que hace posible la necesidad de educar desde una perspectiva integral.

La escuela como escenario de liberación

Hostos concebía la escuela como una de las cuatro instituciones sólidas, conjuntamente con el matrimonio, la familia y el sistema democrático, que harían posible el logro de los propósitos de la educación. Estas instituciones proveen espacios para el desarrollo de valores. Por eso lo vemos como un defensor de la escuela y de las instituciones sociales que complementan el logro de los fines de ésta. Le impartía mística a la escuela cuando afirmaba que esta palabra no debiera pronunciarse sin que la devoción recogiera nuestro espíritu [22].

La percibía como:

...curadora de la salud social y templo de la verdad. Edificante, la escuela ha de educar en vista y previsión continua de su propio objeto moral y del objeto que tiene en la vida y en la humanidad del niño. El niño es la promesa del hombre, el hombre es la esperanza de alguna parte de la humanidad: la escuela tiene por objeto moral la preparación de la conciencia. Así, por su objeto, como por el niño que va a ser hombre, la escuela ha de edificar en el espíritu del escolar, sobre cimientos de verdad y sobre bases de bien, la columna de toda sociedad, el individuo [23].

La educación, en general, y la escuela, en particular, no sólo eran el mejor antídoto para la ignorancia prevaleciente, sino el arma más contundente para vencer a quienes se oponían a ellas porque querían perpetuar el estado de cosas. Desde la educación y desde la escuela, Hostos veía las posibilidades del desarrollo social que anidaba su ideario. Era la concepción de la escuela como templo de la verdad, ejemplificado en la campesina que se persigna y ora al pasar frente a la escuela, lo que simbolizaba la reverencia hacia el saber sobre la metafísica y el sectarismo.

Para Hostos la escuela era un instrumento moral y una esperanza social. Sostenía que una organización adecuada de las escuelas sería una especie de antídoto contra las malas costumbres y la inmoralidad. Pero la escuela no era la única responsable de la formación moral y la esperanza, sino también el hogar y cuantas instituciones fueran capaces de colaborar con la escuela y el hogar en el aprovechamiento del tiempo y la formación de nociones de verdad, bien y belleza.

Por ello afirmaba:

Será edificante la escuela, y edificará hombres de conciencia y de deber para la familia, para la patria y para la humanidad. Los edificará para la familia, que es base moral de la patria; los edificará para la patria, que es el fundamento moral del amor a la humanidad; los edificará para la humanidad, que es el centro moral de atracción a que convergen y sobre el cual gravitan todos los seres de razón consciente [24].

Y en otra instancia afirmaba la relación escuela-libertad como dínamo del Nuevo orden social:

Sin escuela no hay orden social, como no lo hay sin libertad, como no lo hay sin moralidad pública, como no lo hay sin trabajo organizado, como no lo hay sin administración pública).[25]

En síntesis, la escuela y la libertad eran pre condiciones del nuevo orden.

El maestro como libertador

Con una clara concepción de libertad y un escenario idóneo se necesitaba un dínamo o fuerza impulsadora o motora, que Hostos ve en el maestro y la maestra.

Así se refería al papel protagónico que éstos debían desempeñar en la construcción del nuevo orden:

Era indispensable formar un ejército de maestros que en toda la República militara contra la ignorancia, contra la superstición, contra el cretinismo, contra la barbarie. Era indispensable para que esos soldados de la verdad pudieran prevalecer en sus combates, que llevaran en la mente una visión tan clara y en la voluntad una resolución tan firme que, cuanto más combatieran, tanto más los iluminara la noción, tanto más estoica resolución los impulsara. [26]

El papel que desempeña el educador y la educadora en la construcción de la civilización y en la concreción del imaginario hostosiano es uno de liderazgo orgánico que le imparte vitalidad a una agenda libertaria de múltiples significados: les sitúa en posiciones de armonía y consonancia con esta agenda libertaria; capitaliza la capacidad colectiva del pueblo americano; aporta a la intervención en las estructuras sociales mediante el poder social; reformula las bases del entramado social, y construye un nuevo estado de cosas, una sociedad más civilizada, más justa, más equitativa y más democrática. Por ello exhalta la figura del maestro y la maestra como libertadores.

En su discurso de incorporación al Instituto de Ciencias Sociales de Venezuela Hostos elogia con elocuentes atributos a grandes maestros y su obra majestuosa:

El primero que desde el Gobierno dejó en libertad los derechos individuales, fue en Chile un soberano educador; el primero que en la República Argentina asimiló en el trabajo al europeo y al gaucho, fue un soberano educador; el primero que en Venezuela abandona las tierras baldías al trabajo del extranjero, la propiedad de la tierra utilizada al labrador que la utilice, la explotación de una vía férrea a quien la haga, el terreno marginal a quien la importe, la educación del pueblo al pueblo mismo, la práctica de los derechos humanos a la actividad individual y colectiva, será un soberano educador.... porque el trabajo, la educación y la libertad son leyes naturales de la sociedad humana, fundadas en la naturaleza física, moral e intelectual del ser humano. [27]

Ediante ese Nuevo rol, Hostos le imparte a la enseñanza un giro epistemológico radical que, a su vez convierte al educacndo en sujeto el proceso educativo:

No basta enseñar conocimientos, hay que enseñar a adquirirlos; no basta dar ciencia hecha, es necesario enseñar a formarla; no basta sujetarse y sujetar la enseñanza a un método, es necesario enseñar a manejarlo. En una palabra, no basta enseñar a conocer, hay que enseñar.[28]

En el escenario de una escuela con esa mística surge la figura protagónica a quien Hostos llamó soldado de la verdad. Enseñar es un acto creativo que requiere gran ingenio. El despliegue de ese ingenio requería condiciones impostergables de plena autonomía; demandaba opciones al dogma prevaleciente, exigía ruptura con la pedagogía tradicional.

Apunta Henríquez Ureña:

Al maestro lo dejaba en libertad de desarrollar sus planes de clase, sin sujetarlo a pasos formales u otras reglas demasiado fijas. Si esto tenía sus inconvenientes, también tenía sus ventajas, pues la libertad relativa del maestro evita el peligro de que se mecanice la enseñanza. [29]

El maestro y la maestra del ideario de Hostos, podía. Por eso exaltó el valor del magisterio como: ...nada más augusto que la misión de guía de niños en el mundo. Y planteó que esa misión era una ciencia y un arte. Entonces, parece impostergable que contribuyamos a que las escuelas de preparación de maestros y maestras mantengan el balance entre estos dos elementos, a partir de los nuevos avances de esas áreas del saber. El valor que Hostos atribuye al maestro o a la maestra establece una ética de su augusta misión, porque entiende que es consagrar la vida a la dirección de la infancia y de la adolescencia.

El educando como sujeto del proceso liberador

Una pregunta es a lugar: ¿Quién completa el elenco de ese drama libertador? Hostos plantea su visión del educando como sujeto en función del educador como gestor de ese proceso :

Se debe también tener presente, de continuo, que el educador educa el entendimiento que se le somete, no para que perciba lo que ya haya percibido el director de entendimientos, sino, para que el educando perciba por sí mismo. [30]

Resaltan a la vista en esta cita los atributos y, consecuentemente, los no atributos del proceso pedagógico del maestro y del educando. La construcción de conocimiento o el acto de conocer es ininterrumpido, permanente y omnipresente a lo largo de todo el proceso pedagógico. Subyace la premisa de que hay un conocimiento base previo que el maestro o maestra conoce y del cual ha elaborado sus propias percepciones o conclusiones. No obstante, ha de utilizar ese conocimiento para que el educando genere nuevo conocimiento, nuevos saberes, producto de su propia capacidad creadora. Es aquí donde el estudiante asume el rol de sujeto, no sólo del proceso educativo, sino de su propia historia. Sin duda, queda clara la diferenciación de roles que asume el maestro y el educando. No establece una jerarquía entre educador y educando, sino les asigna roles distintos, aunque ambos como sujetos del proceso; el maestro o maestra guía y construye saberes, el educando, conjuntamente con éste, construye nuevo conocimiento. Evidentemente se trata de la trascendencia del tradicional rol pasivo que, como objeto, asumía el educando y del rol transmisor que asumía el maestro.

Dimensiones individuales del ser libre

Ese protagonismo que asume el educando en el proceso educativo es el que lo guía, mediante un proceso de rupturas, a alcanzar el ideal del ser completo que postula Hostos.

En ese perfil del ser humano completo se consuma la aspiración de Hostos del ser libre:

Ser niño de corazón, adolescente de fantasía, joven de sentimiento, en la edad de la madurez temprana, en lo que quiero llamar edad científica, ser armonía viviente de todas nuestras facultades, razón, sentimiento y voluntad movidos por conciencia, ser capaz de todos los heroísmos y de los sacrificios, de todos los pensamientos y de todos los grandes juicios, y poner en toda aquella sinceridad, aquella verdad, aquella realidad del ser que sólo de ese sentimiento trasciende; ser finalmente, un mediador entre el racionalismo excesivo, no por racionalismo, sino por absorber en él todas las demás actividades independientes y necesarias del espíritu, y entre el pasionalismo de los que creen que todo lo hace la pasión, eso es lo que yo llamo ser hombre completo, eso es lo que practico.[31]

prFlag-Dimensiones sociales de una educación liberadora

Dos pregunta importantes a lugar, entre otras, son: primero, ¿a dónde queremos llegar con la formación del ser libre que nos proponemos?; segundo, ¿podemos concebir una educación liberadora enajenada de su entorno socio-político-cultural-económico nacional, global en está anclada por naturaleza? Una respuesta afirmativa a esta última pregunta negaría el papel interventor que tiene la educación en los procesos de liberación. Acaso esta debe ser la pregunta constante que debemos hacernos como educadores y educadoras involucrados en un proceso de educación liberadora. En su respuesta encontramos respuesta a la primera.

Al respecto, nos plantea Beauchamp:

Vivimos en sociedad, y eso significa que no se puede reducir a individuos con voluntad, o individuos que la educación, por sí misma, los realiza y puede transformarlos, abstrayéndolos de las determinaciones sociales. [32]

Como mencionáramos anteriormente, no podemos negar la relación dialéctica que existe entre los procesos de reforma educativa y las transformaciones sociales. Las organizaciones educativas son constructora de saberes y del poder que de estos emana.

Por esto nos señala Henríquez Ureña:

Saber y poder se han ido haciendo sinónimos desde que la democracia ha fundado la igualdad jurídica y desde que la igualdad jurídica ha descubierto su punto de apoyo en el aumento individual y colectivo de la cultura.[33[

Hostos tenía esa relación meridianamente clara. La tuvo en Venezuela, la tuvo en Santo Domingo, la tuvo en Chile, la tuvo en Puerto Rico. El más claro ejemplo lo vemos en La liga de patriotas. Era un programa educativo dirigido a formar un pueblo, a prepararlo para ejercer sus iniciativas, para crear una cultura política, una cultura cívica, una conciencia generacional, una conciencia anticolonial y una conciencia histórica. Hostos tenía cifradas sus esperanzas y su confianza en la fuerza civilizadora de la educación: ...que no a otra cosa existe que para enaltecer, fortalecer el trabajo, la libertad, la educación pública, la organización racional de las asociaciones religiosas, la corporación de la fuerza armada en institutos regulados. [34]

Esa fuerza civilizadora se refería a la estructura social organizada en los medios y los fines de la vida colectiva.

Educación, patria y libertad

Esa dimensión social de la conciencia libertaria cobra identidad y concresión en nuestra patria misma. Así se desprende del sentido de la patria en Hostos. Como una expresión concreta de su ingenio literario, publica, a sus veinticuatro años, su primera novela, La peregrinación de Bayoán (1863). La misma fue punto de partida para su incursión activa sobresaliente en la literatura y en la política.

Quien se perfilaba como un prócer, nos decía don Julio César López: ...bajo el pretexto de una ficción con proyecciones políticas, prefigura el itinerario de vida, de sueños, de propósitos...[35] Así lo confirma él mismo en el prólogo de la segunda edición de esta novela:

El problema de la patria y de su libertad, el problema de la gloria y del amor, el ideal del matrimonio y de la familia, el ideal del progreso humano y del perfeccionamiento individual, la noción de la verdad y la justicia, la noción de la virtud personal y del bien universal, no eran para mí meros estímulos intelec-tuales y afectivos, eran el resultado de toda la actividad de mi razón, de mi corazón y mi voluntad; eran mi vida. [36]

¿Cuál era esa concepción de la patria como símbolo de la libertad, que tenía el prócer, que nunca desvinculó de su proyecto educativo?

Así la expresó en distintas instancias:

La patria es el más alto concepto de la razón social, si es símbolo de la libertad y la justicia (Patria, Perú, 1871). Amamos la patria porque es punto de partida. La vida es un viaje; la razón no sabría encontrar el punto de partida si no fuera por el terruño cuya imagen atrayente vemos por todas partes (Diario I, 132). El patriotismo (hablo del deber, no del sentimiento aparatoso y embustero), el patriotismo exige que se vea la realidad tal cual ha sido, tal cual tiene que ser y tal cual es (Madre Isla, 140). Un pueblo patriota y denodado no puede contemplar el bien de la patria en la guerra demoledora o en el desordenado gobernar de un tiranuelo, ni puede carecer de la virilidad necesaria para defender su libertad contra los atentados de sus malos ciudadanos (La Cuna de América, 250).

Ese ideal de la patria encuentra su cause en los procesos educativos. Así lo plantea Villarini.

La reforma educativa que Hostos proponía se fundamentaba en la idea de que la libertad y civilización de nuestros pueblos, sólo se conseguirían si los pueblos que los constituian se educaban en el desarrollo de su capacidad de conocer, de razonar y con ello su conciencia cívica. [37]

Fluía por las venas del prócer esa inclinación vocacional del maestro libertador. Si bien es cierto que la lucha por la liberación de Puerto Rico en esa época contaba con figuras del calibre de Ramón Emeterio Betances, Román Baldorioty de Castro y Segundo Ruiz Belvis, en Puerto Rico; José Martí y Enrique José Varona en Cuba; Gregorio Luperón y Federico Henríquez y Carvajal, en la República Dominicana, para mencionar sólo algunos, a diferencia de ellos, había una latente propensión hacia el magisterio, que corría por las venas del egregio puertorriqueño. Como hombre visionario advirtió, en las postrimerías de la década de los años de 1860, que la lucha requería educar y preparar al pueblo para la inevitable e histórica agenda liberadora que se aproximaba. La educación, para Hostos, brindaba posibilidades y espacio para la consecución, la vivencia y la posterior expansión del ideal de libertad, tan necesario para el desarrollo pleno de las patrias antillas y americanas. Ese es el desafío que asume Hostos.

Si bien nunca abandonó su norte del bienestar y la libertad de las Antillas, asumió posturas estratégicas diversas que a su juicio, mejor atendían los reclamos antillanos, particularmente la libertad de Puerto Rico y Cuba. Y fue siempre consistente en su visión republicana y democrática. Es a partir de esta etapa donde Hostos comienza a darle un nuevo giro a su lucha. Reyes Dávila lo explica con mucha claridad:

Hostos enfrentó, sin demora, en el mismo 1868, la renuencia de sus antiguos correligionarios que se negaron a extender la república a las islas, y cómo así mismo, sin demora, aceptara públicamente que el camino a la soberanía tendría que ser otro, de modo que ya en 1869, a pesar del triunfo de la revolución republicana que tanto buscó, estaba en un exilio sin retorno. El mismo rompimiento de Hostos con sus correligionarios republicanos es prueba patente de este planteamiento, pues el distanciamiento de Hostos con la revolución triunfante no ocurre por otra razón.[38]

La patria que concibe Hostos es terruño e idea, concreción y abstracción, alpha y omega, proceso y contemplación, estancia y ruta, inspiración e impulso. Es un estado superior de la racionalidad del ser humano en su dimensión social que, más que una suma de individualidades es fusión del sentimiento colectivo. Es una llamada a plasmar el vivo retrato de la realidad sin engaños que desvirtúen la ruta de la agenda patriótica. Es repudio a la guerra, al desorden, al desgobierno; es virilidad para asumir la respuesta ese estado de cosas demanda. Es servicio. Es cólera impulsadora ante la maldad, la corrupción y el oprtunismo. Es la antítesis de la sordera, el silencio y la pasividad. La educación era la herramienta a su alcance para alcanzar tan noble ideal.

Educación, liberación, Patria, la Patria Grande y la Patria Humanidad

Nos dice el Maestro en su libreo Mi viaje al sur:

Ese Mar Pacífico, que un día será mar de la paz, si las civilizaciones contradictorias se unifican y de ellas salen la civilización del trabajo y de la libertad, inspira yo no sé qué recogimiento científico y patriótico a la vez. La fe científica anuncia un nuevo mundo moral e intelectual. La fe patriótica anuncia una patria latinoamericana que, agregando a la potencia política de los anglo americanos la potencia difusiva imaginativa y heroica de nuestra raza, ponga en la nueva civilización completamente americana el elemento ético y estético que ha faltado hasta ahora a las civilizaciones humanas.[39] No es patria el lugar donde nacemos, si nos quitan el derecho de servirla, si entregan su felicidad a los que la desdeñan, si nos niegan la posesión de lo que es nuestro. [40]

Ese Mar Pacífico era también símbolo de la trascendencia de la Patria a la Patria Continental a la Patria Humanidad, porque unía naciones más allá de nuestos limites y los del Continente. Se mar también nos hace ciudadanos del mundo.

Para una genial articulación del sentido de la patria antillana con la patria continental, veamos esta estratégica ilustración interdisciplinaria de las materias de geometría y geografía:

Cuando todos sepan hacer ese nuevo polígono y situarlo con respecto a los anteriores, como el Continente lo está al archipiélago, hágase entender con claridad, con precisión e insistencia que, así como cada isla depende de su vecina, hasta para indicar su posición particular, así todas juntas, y constituyendo el archipiélago dependen del Continente hasta para fijar la posición geográfica del archipiélago. Y de eso, dedúzcase que, así como cada isla depende de las próximas, y todas juntas dependen del Continente, así cada patria de un antillano depende de la patria de otro, y todas las islas patrias dependen de la patria continental. De esta dependencia geométrica dedúzcase la geográfica y, de una y otra, la moral; y hágase entender que la patria es más extensa todavía que el continente en que se nace o se pertenece. [41]

En Bolívar encontró Hostos la inspiración que necesitaba y buscaba para su ideal libertario antillano y continental:

El hombre-legión fue el primero que interrumpió el sueño de nuestra muerte colonial para redimirnos: "muertos levantaos: Yo con vosotros. El hombre-idea fue el primero que escribió la patria inmensa y que en su cerebro ecuatorial nos hizo coeficientes de esa patria malograda. El hombre-humanidad fue el primero que, sin Cuba y sin Borinquén, declaró incompleto el Continente.... [42]

A manera de síntesis

El pie forza'o, en lenguaje folklórico, es ese verso pre fijado, seleccionado de antemano, al que tiene que atenerse el bardo trovador a lo largo de su composición poética. Pero, para darle sentido a su obra, tiene que componer su estrofa o décima en un proceso de reflexión espontáneo, continuo y articulado. El pie forza'o fija la pauta, define el punto de partida y de llegada, abre el espacio de creación, pero se llega a éste por vías diversas. Por ello no encontré una metáfora más elocuente para referirme a la libertad como el pie forza'o, no sólo de la magistral obra de nuestro prócer mayagüezano, sino de nuestro desafío como educadores y educadoras.

Ese concepto de libertad que emana del pensamiento de Hostos, y que se concretiza en su obra, trascendió su propia aspiración, su propia utopía, y la convirtió en un modo de instauración histórica, en un instrumento de intervención. Y es que la idea de la libertad sólo adquiere plena signifcación cuando comulga con la lucha concreta del ser humano por su libertad, la de su patria y la de los pueblos.

El derrotero inevitable de una patria libre y soberana, derecho inalienable de todos los pueblos, más que un sueño posible, es un proyecto viable. Los educadores, las educadoras, no somos soldados solitarios en la construcción y concreción de ese ambicioso proyecto, pero somos protagonistas primarios en ese drama. Porque somos responsables de concientización de las masas para la comprensión de las estructuras sociales de dominación y sus nefastas concecuencias en el deterioro social. Y más aún, tenemos que modelar, con el ejemplo, ese ideal de libertad. En resumen, somos sólo parte del ejército libertador, pero nos toca, además, la magna tarea de acondicionar el terreno para la lucha.

Tenemos la libertad como nuestro pie forza'o y la inspiración de Hostos y de los grandes maestros de la historia, ¿cuál es el próximo paso, desde nuestras aulas, para la construcción de nuestra décima libertaria?

He dicho.

 


 

Notas:

1. José M. Rodríguez Matos (2013). La educación en el ideario de Hostos. San Juan: Ediciones Abacoa. 23
2. Leonides Santos y Vargas. Estudio preliminar, Ciencia de la pedagogía. Edición crítica de las Obras completas de   Eugenio María de Hostos. San Juan: EDUPR, 1991. Vol. VI Educación. Tomo I. 23.
3. Eugenio María de Hostos (1990) Diario, Obras completas. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña. 195.
4. Rodríguez, op. cit. 23.
5. José Ferrer Canales (1990). Martí y Hostos. Santo Domingo: Editora Corripio. 87.
6. Camila Henríquez Ureña. Ideas pedagógicas de Hostos (1932). Santo Domingo: Talleres tipográficos La Nación. 49.
7. Hostos (1939). Obras completas. Temas cubanos Vol. IX, 421.
8. En: Rodríguez, op. cit. 64.
9. Ibid.
10. Eugenio María de Hostos (1991). Ciencia de la Pedagogía. Obras completas, edición crítica. San Juan: Editorial UPR y ICP. 59.
11. Beauchamp, op. cit. 73.
12. Hostos. op. cit. Edición crítica Vol. III, 327.
13. Carlos Rojas Osorio (1988). Hostos: apreciación filosófica. Humacao: Colegio Universitario de Humacao, 1988. 87.
14. Forjando el porvenir americano, op. cit., XII, 136.
15. Ibid, 150.
16. Ibid, 138.
17.Ibid, 201.
18. Ibid, 166.
19. Egenio María de Hostos (1939). Diario II. Obras completas. San Juan: ICP. Vol. II. 229.
20. Ángel R. Villarini Jusino (2010). El pensamiento vivo de EugenioMaría de Hostos en torno a la educación ética, cívica e intelectual. Santo Domingo: Impresos Paulino. 11.
21. Eugenio María de Hostos. Ciencia de la Pedagogía, Obras Completas (1969). San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña. XVII. 84.
22. Eugenio María de Hostos (1876). Discurso de inauguración de la Escuela Normal No. 2, Venezuela. En José Ramos. Hostos en Venezuela. Caracas: La casa de Bello, 1989. 18.
23. Eugenio María de Hostos (1969). Tratado de moral. Obras completas. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña. 339.
24.Ibid.
25. Eugenio María de Hostos (13939). Ensayos didácticos, Obras completas. San Juan: ICP. Vol . 107.
26. FPA, op. cit. 132.
27. Hostos en: Luis Villalba (1961). Primer Instituto Venezolano de Ciencias Sociales. Caracas: Editorial Arte. 83.
28. FPA, op cit. 52.
29. Henríquez Ureña, op. cit. 124.
30. FPA, op cit. 138.
31. Eugenio María de Hostos (1969). Ensayos didácticos, Obras completes. San Juan: Edtorial Coquí.194.
32. Juan José Beauchamp (2004). La educación hostosiana: ¿hacia dónde marchamos? Rió Piedras: Ubec. 34.
33. Camila Henríquez Ureña, op. cit. 50.
34. Ibid, 21.
35. Julio César López. Estudio preliminar de La peregrinación de Bayoán.Edición crítica de las Obras Completas de Eugenio María de Hostos. San Juan: Editorial UPR e Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1988. 41.
36. Ibid, 49.
37. Ángel Villarini(2010). El pensamiento vivo de Eugenio María de Hostos en torno a la educación ética, cívica e intellectual. Santo Domingo: Impresos Paulino. 11.
38. Reyes Dávila, op. cit. 163.
39. Eugenio María de Hostos. Mi viaje al sur. Obras completas. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1969. VI. 64.
40.Eugenio María de Hostos (1969). Mi viaje al sur. Obras completas. San Juan: ICP. VI. 64.
41. EIH, op cit. 87.
42. Eugenio María de Hostos (1939). Hombres e ideas. Obras Completas. Vol. XIV. 318.