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Por: José Miguel Rodríguez Matos, Ph.D.

Juana y Eugenio se amaron, admiraron y respetaron de forma muy singular. Ella, porque sentía pasión por un hombre que sería modelo para la historia. Él, porque sentía ardor por la mujer que se levantaba por su talento y derecho propio. Compartieron ideales, sueños, utopías, posturas, agendas y una larga práctica pedagógica. Y dejaron su huella. El magisterio fue una pasión común para ambos. Ella era una ardorosa maestra; él, un ardiente maestro. Dedicaron su vida entera a aprender, enseñar y crear saberes. De hecho, se conocieron en las huestes de la educación.

Continente AmericanoUna vez él le escribió una carta en la que le decía: [¿Sabes?, Juana], como yo fundo el porvenir de nuestro continente en la educación de la mujer, dondequiera que veo una de mérito me esfuerzo por contribuir directa o indirectamente a mejorarla (Cartas, vol. IV, 158). [Te digo más, mi querida Juana]: Para los sentimentalistas, los sectarios y los estacionarios, no hay mujer cuando deja de ser esclava del sentimiento, de la fe tradicional, del quietismo estacionario para ser responsable de sus afectos, de su fe, de su actividad. Juana quedó prendada, extasiada con la hermosura de aquellas palabras y comprobó, con el paso del tiempo, que no eran falacias ni frases románticas vacías, sino un testimonio ardiente de un proyecto de vida para la historia. Pasaron los años. Ella escuchaba y leía acerca de él. Él imaginaba a aquella mujer en su utopía y en el porvenir de la América Nuestra.

Sin embargo, Juana y Eugenio nunca se conocieron. Aunque por poquititito se encuentran. Ella nació en el 1908, cinco años después de la muerte de él, en 1903. Precisamente, el mismo año en el que se funda en Puerto Rico la Escuela Normal, raíz de nuestra excelsa Facultad de Educación y de nuestra gloriosa Universidad de Puerto Rico. Pareciera que él le dejara a ella, como herencia y agenda inconclusa, la responsabilidad de continuar su ambiciosa gesta educativa y libertaria.

Este relato no es mi cuento de la frustrada fantasía del Príncipe Albar y la Princesa Rubial ni la conmovedora historia de Marianela y Pablo, de Benito Pérez Galdós ni el idílico romance de Romeo y Julieta, de William Shakespeare. Juana y Eugenio son personajes de nuestra gloriosa historia nacional. El nombre de pila de ella, Juana Méndez Meléndez, nuestra entrañable y querida doña Juanita; el de él, Eugenio María de Hostos y Bonilla, nuestro egregio maestro, el Ciudadano de América, para Antonio S. Pedreira; El sembrador, para Juan Bosch; el Célebre desconocido de América para Camila Henríquez Ureña.

En mi penúltima visita al hogar de doña Juanita, antes de su muerte, conversamos, como en otras tantas ocasiones, y por espacio de dos horas -a sus 103 años- acerca de temas de común interés para ella, para ustedes como educadores y educadoras y para mí. En esa visita me sorprendió ella con una serie de preguntas que me hicieron recordar mis tortuosos exámenes comprensivos doctorales hace veintiséis años, tanto por su contenido, como por lo mucho que me hicieron pensar, sudar y ejercitar mis neuronas cerebrales. Me impresionó aquél sustantivo diálogo por el hecho de que, a su privilegiada edad -y a pesar de las pequeñas interrupciones de su voz entre cortada, su esporádica tos y el esfuerzo de sus cuerdas vocales- su claridad mental, la profundidad de sus ideas, la forma de articular su pensamiento y discurso y su pasión por nuestra facultad estaban intactos. Y más aún, por la sorprendente actualidad de su pensamiento. En esa ocasión, doña Juanita me formuló siete preguntas en el siguiente orden; y la cito:

1. ¿Qué se está haciendo en Puerto Rico para integrar el proyecto hostosiano?
2. ¿Por qué el Instituto de Estudios Hostosianos está adscrito a Rectoría? Nunca lo he entendido.
3. ¿Qué está haciendo la Facultad de Educación para honrar a Hostos?
4. ¿No será que estamos descansando sobre el nombre de Hostos?
5. ¿Ya se integró el Departamento de Estudios Graduado (DEG) a la Facultad de Educación o permanece aislado?
6. Y la facultad..., ¿sigue aislada?
7. ¿Qué nos diría Hostos ante la crisis que vive el País?

Comenzamos nuestro diálogo a las 10:00 a.m. A las doce y media de la tarde, después de esta descarga de preguntas y su consecuente diálogo, con la cabeza que me quería estallar, la sensación de estar sentado en la silla de los testigos y la necesidad de un momento de reposo, le pregunté a doña Juanita:
¿Tiene hambre?
Bueno, un poquito, me contestó.
La invito a almorzar, le dije, ¿qué le gustaría comer?
Pues, hace tiempo que no voy al Kentucky, me respondió.
–Entonces vamos allá, le dije.

Aceptó. Fuimos. Y almorzó una senda pechuga de pollo con papas majadas, ensalada de repollo y una Pepsi regular (nada de dieta).
Y, ¿qué mejor momento que éste, en la Semana de la Educación, y aquí, en nuestro "sagrado templo", para abordar públicamente y a manera de testimonio, a la vez que de inspiración, las preguntas de doña Juanita, las respuestas anticipadas, casi un siglo antes, de Eugenio María de Hostos como educador visionario y, a la vez, comenzar a buscar nuestras respuestas actualizadas a partir de este momento histórico en el Puerto Rico de hoy. Es así como, para mí, cobra sentido esta reflexión cuyo título se convierte en tema y, a su vez, en agenda de discusión: Las preguntas de Juana; las respuestas de Eugenio y... ¿las nuestras?: Esto no es un cuento.

Con el propósito de articular mi discurso, voy a dejar para el final las primeras dos preguntas que me formulara doña Juanita. Pero, primero, hagamos un acercamiento crítico a sus preguntas en busca de los ejes centrales de sus preocupaciones que, a su vez, fueron las de Hostos a lo largo de su trayectoria educativa, especialmente en su peregrinación por las Antillas y la América, y han sido las nuestras por décadas. Desde mi análisis, son cuatro esos ejes principales:

1. La cualidad integradora del proyecto educativo. Esa cualidad integradora es la convergencia unifinable de múltiples elementos: el talento humano, los contenidos, los programas, los esfuerzos, los recursos, las estrategias y los procesos, entre otros.
2. La pertinencia de nuestras instituciones sociales, entre las que figura nuestra Facultad de Educación y la Universidad. Las instituciones sociales tienen una única vía de ser pertinentes: la intervención en el estado de cosas. Sin intervención, nuestra labor es cosmética y mero instruccionismo. Dicho de otro modo: no hay educación sin intervención. El instruccionismo es reciclaje del dogma. Y el reciclaje es lo mejor que ha podido pasar al desastre ambiental, pero es lo peor que le puede pasar a la educación.
3. La pertinencia y concreción del proyecto educativo. Más allá de esa conceptuación de lo que queremos, debemos y podemos, pareciera que el problema que se plantea doña Juanita en su fondo, y desde mi punto de vista, es el problema de la concreción o la instrumentación de nuestro proyecto educativo. Es decir, el salto -que es de naturaleza cualitativa y cuantitativa- de la idea al hecho, de lo abstracto a lo concreto, de la esencia o apariencia al fenómeno. Por eso sostengo que la concreción de un proyecto educativo integrado con una agenda interventora tiene como punto de partida y llegada la realidad social. La agenda de Hostos fue interventora. Partió de las necesidades de cada país en el que laboró. En la dictadura de la República Dominicana, La Normal, los colegios profesionales, las escuelas nocturnas fueron su prioridad, porque esa era la necesidad del pueblo. En el gobierno liberal de Chile, las reformas de la educación secundaria, de la Escuela de Leyes y la educación de la mujer fueron sus proyectos, porque Chile ya tenía una estructura educativa a tenor con las corrientes europeas. A raíz de la invasión norteamericana y el desastre en que el gobierno español había dejado a Puerto Rico, en la Liga de Patriotas: la salud, la economía, la política, la educación fueron sus objetivos. Proyectos totalmente distintos, anclados en distintas realidades, aunque con una común agenda libertaria.
4. El papel que desempeñan nuestros héroes nacionales en la conceptuación, articulación y concreción de nuestra agenda socio-educativa.

Me consta que no hay inconsistencia alguna en las preocupaciones e interrogantes entre Juana y Eugenio ni entre las de ella, las de él, las de ustedes y las mías. Creo más aún: hasta tenemos respuestas comunes. Estoy convencido de que todos sabemos, con meridiana claridad, a dónde queremos y deberíamos llegar. Es decir, nuestro problema fundamental y el de las instituciones educativas de nuestro país no estriba en la falta de visión, misión o propósitos, sino en su instrumentalización. Me atrevería a esgrimir y probar la tesis de que es un problema del hacer, más que del pensar. Y esto no es un problema nuevo. Desde el siglo XVII, ya Kant se lo planteaba del mismo modo, como un imperativo ético fundamental en el libro Qué hacer. Me pregunto si nuestro problema no será miedo a que nos tilden de pragmáticos, conductistas o concretos. No tenemos que dejar de ser constructivistas, críticos o progresistas o de cualquier otra corriente filosófico-pedagógica contemporánea de avanzada, para reconocer que hay un fin concreto en nuestro proyecto educativo, aún cuando no sea cuantificable. Las preguntas de doña Juanita parecieran encontrar respuesta -sin intención de ser simplista- en la voluntad para la instrumentalización. Y yo concurro con ella. Todas sus preocupaciones convergen en esa tesis. Yo me reafirmo en que la visión, la misión, las metas y los objetivos de la Facultad y de la Universidad están, como le dice Susan a Epifanio: claritos, claritos, claritos (personajes cómicas del televisión puertorriqueña). Digo más: si usted quisiera un momento excelso, místico, de inspiración para encausar su agenda educativa, individual o grupal, sólo tiene que leer el más excelso poema de la literatura puertorriqueña. ¿Cuál es? No es Borinquén, nombre al pensamiento grato... Para mí, el poema más excelso, creado por nosotros mismos, se intitula La Certificación 26 del Senado Académico (2006), Plan Visión Universidad 2016. Yo le llamo el Poema Magno del Aula Magna.

Siempre habrá espacio para actualizar y revisar ese inspirador poema, pero en él está plasmado, en diáfano castellano, nuestro norte como educadores y educadoras. Creo que lo tenemos tan claro y lo hemos interiorizado tanto (casi lo podemos recitar) que no tenemos que volver a él para guiar nuestra acción. ¿Por qué, pues, existe ese abismal desfase entre nuestro magno poema, nuestra práctica educativa y nuestra dura realidad socio-política? Esa fue preocupación esencial para Hostos, lo fue para doña Juanita, y me consta que lo es para nosotros. Pero, ¿qué nos dice Hostos, que nos ayuda a responder, poner en perspectiva y entender mejor las preguntas de doña Juanita, que son las nuestras. Como ya les indiqué, voy a dejar las últimas dos preguntas para el final. Veamos.

1. ¿Qué está haciendo la Facultad de Educación para honrar a Hostos?
Honrar a alguien significa respetar, enaltecer, dar honor, premiar su mérito. Hostos honraba figuras que habían hecho una noble contribución a la superación del estado de cosas de la sociedad. En Ciencia de la pedagogía elogia a un centenar de esas personas. Para mí, honrar a Hostos es el estudio y actualización constante de su pensamiento y obra. Es un afán continuo por transformar la crisis social de nuestro país. En una especie de afirmación y lamento decía Hostos: Desgraciadamente, la atmósfera universitaria no es siempre sana para el crecimiento [de la razón, el conocimiento y el espíritu]"...en vez de proporcionar reformas sociales, la actual educación superior no sirve más que para el statu quo (Forjando el porvenir americano, Tomo XIII, Vol. I, p. 53I). Esta afirmación es un claro rechazo a la neutralidad. Entonces, la pregunta obligada es: ¿estamos honrando a Hostos con nuestras posturas o estamos contribuyendo con nuestra neutralidad y nuestro silencio al estado de cosas? Honrar a Hostos es trascender el discurso y concretarlo con opciones transformadoras de anuncio y denuncia. Es una acción que trasciende el academicismo contra el cual Hostos tronaba. Decía él: Sin contar con que el catedrático de la universidad no ha sabido nunca más que tomar la lección al pie de la letra, o dar conferencias y pronunciar discursos académicos que, desde Abelardo hasta Castelar, o desde Pastel hasta Cousin, siempre han sido excelentes para buscar aplausos, nunca han sido buenos para encontrar conocimientos (FPA. 53). Y tronó contra una universidad de mercado cuando señala: El ideal no debe ser formar discípulos para el arte de los negocios, sino levantar jóvenes con una educación que les permita entender la relación que hay entre él [o ella] y aquel vasto mundo de que el [ser humano] es una parte (FPA. 46) Entonces, no es sólo una tarea de preparar profesionales, sino ...la digna tarea de favorecer la evolución mental de la nación (FPA. 171). Honrar a Hostos es reconocer que nuestra agenda educativa es primaria y esencialmente liberadora y transformadora, que Hostos ve como una función del derecho y el deber: la del derecho, para hacerles conocer y practicar la libertad; la del deber, para extender prácticamente los principios naturales de la moral, desde el ciudadano hasta la patria, desde la patria obtenida a la patria pensada, desde los hermanos en la patria hasta los hermanos en la Humanidad (FPA. 89). O sea, desde el aula pequeña hasta el aula magna, que es la Humanidad. Esto ponía en manos de maestros y maestras el futuro de las generaciones de su época y épocas subsiguientes. Ese maestro que Hostos describía debía haber pasado por un convulso proceso interior de crear una nueva conciencia, una nueva voluntad, un nuevo compromiso, que iban a concretarse en una agenda de transformación radical de la realidad social del momento. Ese era el tipo de soldado que el Director de la Normal quería que militara en su ejército.

2. ¿No será que estamos descansando sobre el nombre de Hostos? Esta capciosa pregunta es la antítesis de la anterior. En ella subyace una enorme preocupación de doña Juanita y nuestra. Porque si nuestras reflexiones en torno a la pregunta anterior no son objeto de nuestro quehacer cotidiano, y si nuestras acciones no son cónsonas con nuestra reflexión, entonces podríamos estar, como reza el refrán nuestro: asistiendo a misa con escapularios ajenos. Algunas preguntas claves que podríamos hacernos y que podrían ayudarnos a responder a las de doña Juanita son, entre otras: ¿se siente la inspiración de Hostos en la Facultad de Educación?, ¿tiene la Facultad algún proyecto de alcance social que lleve el estigma de Hostos?; si no estuviera el homenaje de Hostos en la entrada del edificio, ¿qué señal tendría un visitante para concluir, categóricamente, esta es la Facultad de Educación Eugenio María de Hostos. Pues, ¿saben qué?, ese homenaje podría estar en las facultades de Filosofía, Sociales, Leyes, Humanidades, y tendrían perfectísimo derecho a reclamarlo suyos, porque en todas esas disciplinas Hostos hizo extraordinarias aportaciones. Acertaron quienes ubicaron la estatua de Hostos en el paseo de la entrada principal que conduce a la Torre. Si alguien se le ocurriera (como creo que una vez se le ocurrió) solicitar la reubicación de ese monumento a los predios de la Facultad de Educaión, yo sería el primero en oponerme.
Lo que es absolutamente cierto es que nuestro impostergable compromiso histórico con honrar la memoria de Hostos es y será siempre un proyecto inacabado. Si queremos llenarnos de orgullo porque nuestra facultad lleva el nombre del egregio maestro, nuestra praxis pedagógica debe estar inspirada en su obra y pensamiento. No lo podemos abandonar a la casualidad: la salud que hermosea una fisonomía no va de fuera a dentro, sale del corazón, de donde salga, el rostro (La Peregrinación de Bayoán, p. 165) es decir, no es hablar de Hostos, hacerle monumentos, dedicarles edificios; sino usar su inspiración y sus ideas para nuestra insoslayable agenda interventora con una presencia cosntante en los asuntos importanyes del País. En nuestra faculad sobra el talento para asumir posturas.
3. ¿Ya se integró el Departamento de Estudios Graduados (DEG) a la Facultad de Educación o permanece aislado?
Para mí, la preocupación de doña Juanita no es otra cosa que la del carácter orgánico de nuestra facultad y de nuestra agenda colectiva. La dispersión de esfuerzos hace el trabajo más difícil, y hasta oneroso. Y la contraparte de esta afirmación es decir que la integración de esfuerzos le da a nuestro proyecto educativo una profundidad y un alcance incalculable. Esa integración que tanto le preocupa a doña Juanita, a sus 103 años, no es una utopía. Nunca pensé, gesté o llevé a cabo proyecto alguno en esta facultad que no involucrara a toda ella y que no tuviera una intención más allá de sus aulas. Y me consta que ha habido muchos esfuerzos individuales por lograr esa integración. Lo que yo concluí de la conversación con doña Juanita fue que, a lo que ella se refiería, es a un proyecto institucional del Departamento con las demás unidades de la Facultad. Como ya les mencioné al principio de mi exposición, el concepto de integración en Hostos es de naturaleza orgánica: talento, recursos, programas, disciplinas y el ingrediente motor: la voluntad. Y, ¿saben qué es voluntad para Hostos? Es instinto, razón y sentimiento que instan al cumplimiento del deber. No tenemos que adentrarnos en las dimensiones ético-filosóficas de lo que es el deber. Volvamos a dar una mirada a nuestro Poema Magno del Aula Magna, a la Poesía Nobel de la Facultad de Educación y al Madrigal del DEG, y ahí están plasmados nuestros deberes. En esos excelsos poemas está plasmada la armonía que requiere la visión orgánica e integradora de la agenda de nuestra facultad. Hostos tenía una sana obsesión con la integración. Para que tengan una idea, observen la concepción integrada que él tiene de lo que él llama la razón sana: ...directora de todas las fuerzas físicas y morales del individuo, normalizadora de todas las fuerzas del asociado, creadora del ideal de cada existencia individual, de cada existencia nacional y del ideal supremo de la humanidad, se dirige a sí mismo hacia la verdad, dirige la afectividad hacia lo bello bueno, dirige la voluntad al bien, regula por medio del derecho y del deber las relaciones de familia, de comunidad, de patria, forja el ideal del hombre completo en cada hombre; el ideal de la patria bendecida por la Historia cada patriota; el ideal de la armonía universal en todos los seres realmente racionales....(FPA. p.136).

Para aquello de figurar como buen discípulo, sin pretender arrimar la brasa a mi sardina y sin intenciones de curarme en salud, yo también le hice mi preguntita a doña Juanita:
Y, ¿usted no cree que esa intención orgánica y esa labor integradora es de todos los departamentos?
Por supuesto que sí, me contestó, pero graduado tiene una función primaria e insoslayable de investigación.
–Entonces, le dije, esa es su mejor herramienta integradora.
Eso pienso yo, me contestó. Nada más con el testigo. Quien tiene oídos para oír, oiga.

4. Y la facultad..., ¿sigue aislada?
Esta pregunta guarda estrecha relación con la anterior, pero también es diferente. Porque aquí todos y todas, en nuestro carácter individual y colectivo, "cogemos nuestra agüita". Escuchen esto:

Cuando todos y todas sepan construir esa nueva facultad y situarla con respecto a las otras facultades, así como la Universidad está ligada al sistema universitario, hágase entender con claridad, con precisión e insistencia que, así como cada facultad depende de su vecina, hasta para indicar su posición particular, así todas juntas y constituyendo la Universidad, dependen del Sistema hasta para fijar la posición en la Universidad. Y de eso dedúzcase que así como cada facultad depende de las próximas, y todas juntas dependen de la Universidad, así cada facultad de un universitario depende de la facultad de otro, y todas las facultades dependen del Sistema. De esta dependencia dedúzcase la integración orgánica, la universidad a la que pertenece.

¿Qué les parece? ¿Les hace sentido o dije un disparate? Pero esto no lo dijo Hostos, lo dije yo parafraseándolo. Lo que él dijo fue:
Cuando todos sepan hacer ese nuevo polígono y situarlo con respecto a los anteriores, como el Continente lo está al archipiélago, hágase entender con claridad, con precisión e insistencia que, así como cada isla depende de su vecina, hasta para indicar su posición particular, así todas juntas, y constituyendo el archipiélago dependen del Continente hasta para fijar la posición geográfica del archipiélago. Y de eso, dedúzcase que, así como cada isla depende de las próximas, y todas juntas dependen del Continente, así cada patria de un antillano depende de la patria de otro, y todas las islas patrias dependen de la patria continental. De esta dependencia geométrica dedúzcase la geográfica, y de una y otra, la moral; y hágase entender que la patria es más extensa todavía que el continente en que se nace o se pertenece (FPA).
Con una magistral estrategia pedagógica de integración de las materias geometría y geografía, Hostos ilustra el sentido de unidad entre las Américas y las Antillas, así como su significado, a la vez que enseña los valores de colaboración, sentido de unidad, orgullo antillano y el sentido patrio y continental. Porque en la Confederación de las Antillas, veía su porvenir y el de la América Nuestra. A mi juicio, es el ejemplo perfecto de lo que Hostos nos diría sobre la relación de nuestra Facultad con el resto de la Universidad. En una Confederación de las Facultades yo veo el porvenir de la Universidad y del País.

5 ¿Qué nos diría Hostos ante la crisis que vive el País?
Primero diré lo que yo creo que Hostos nos diría, y luego voy a justificarlo. Creo que él nos diría:
Pongan todos sus sentidos para leer con precisión la realidad del País. Analícenla en su complejidad para entenderla en todas sus dimensiones. Investiguen hasta la saciedad sobre ella. Con ese vasto entendimiento del panorama social, dejen a un lado el amontonamiento de asignaturas, asuman una postura y definan su agenda interventora y presencia visible con sus proyectos y sus estrategias, que contribuyan a trascender el estado de cosas y construir ese otro mundo posible.

Pienso que Hostos diría esto porque en sus proyectos de reforma advertía: Hay dos fines aquí, lo repetimos: el individual, que está en recorrer un ciclo de asignaturas que resulten en un título; y el social, que está en aumentar indefinidamente su cultura -en su más amplia concepción- (FPA. 180). En otra instancia decía: Expuesto ya el proyecto y el pensamiento en que se funda; [debemos saber] los móviles de orden nacional a que obedece la reforma y los motivos de origen científico que la abonan...(FPA. 176-177). Es decir, la reforma tiene una base local, una base nacional, una base racional y una base epistemológica.
Estos son los verdaderos fines de nuestra facultad y no otros. Hostos nos advierte que no son, aunque el mundo y el tiempo hayan consagrado el error, los pobres y menguados fines a que se le tiene resignada a la universidad. (FPA. 196). Él se refería al intelectualismo, la neutralidad y el estatus quo que representa la Casa de Estudios. Es a parir de esta visión que reiteraba: Por ahora, mientras de organizar la enseñanza pública se trata, organicémosla de modo que favorezcamos la determinación espontánea de una clase social... Debe obedecer a fines reales de la sociedad, en relación directa con el grado de desarrollo que se desea favorecer; y se ha de considerar como una necesidad funcional del organismo (FPA, 196).

Las ideas hostosianas de la educación son, como hemos señalado, el producto de una larga trayectoria histórica de reflexión, análisis profundo y lectura crítica del entorno social inmediato y mundial, especialmente del entorno antillano y americano. Hostos nos diría: Hagan ustedes lo mismo.
5. ¿Qué se está haciendo para integrar el proyecto hostosiano en Puerto Rico?
Esta fue la pregunta más fácil de contestarle a doña Juanita porque se resume en un solo adjetivo de cuatro letras: NADA; y si queremos adornarla con un adverbio se oye mejor: ¡ABSOLUTAMENTE NADA! Es una desarticulación total y vergonzosa: Una Cátedra de Honor que ahora sólo existe en papeles porque la administración universitaria eliminó todos los fondos; una paralización del proyecto de publicación de la Edición crítica de las Obras Completas, para lo que se creó el Instituto de Estudios Hostosianos; un Instituto inoperante con una plaza de dirección desde la cual en este momento no hay nada que dirigir, una plaza de investigación en la que nada se investiga y una unidad de edición en la que nada se edita (¿Qué se va a editar si no hay producción literaria alguna?); y una Facultad de Educación que nunca ha guardado con relación ninguna de las anteriores, que no sea los esfuerzos individuales.

7. ¿Por qué el Instituto de Estudios Hostosianos está adscrito a Rectoría? Nunca lo he entendido.
Ni yo tampoco, doña Juanita; ni yo tampoco, le contesté. Pero, ¿saben ustedes a qué unidad está adscrito el IEH en este momento? Pues está adscrito a la Facultad de Educación. Por años planteé y defendí que el escenario natural de IEH era la FE, por múltiples razones. Así lo consigné en mi última carta escrita a la Junta Asesora del Instituto -organismo del cual formé parte durante veinte años,- fechada 4 de octubre de 2009, para discutirla en la siguiente reunión pautada por este organismo. Ni se mencionó en la reunión correspondiente. En esa carta desmentí las expresiones de que ni a la Decana ni a la Facultad de Educación le interesaba el Instituto. Les confieso que la inercia de esta facultad, antes y ahora, no respaldó mi defensa. Pero me queda la satisfacción de haber intentado, infructuosamente, de advertir la crisis que atravesaba el Instituto y su inminente desaparición. Lo que yo había planteado una y otra vez respecto a esas dos unidades no era una fusión, sino una estrecha colaboración. Pero en una extraña movida, el último día en sus funciones, la rectora Gladys Escalona decretó que IEH pasaba a ser parte del Centro de Investigaciones de la FE, sin la unidad de investigación y sin la unidad de edición. Así figura su carta del 21 de septiembre de 2009, dirigida a la Dra. Ángeles Molina. Esta decisión hizo inoperante el Instituto. A mi juicio, y el de otros colegas, el IEH quedó atrapado entre luchas de poder  partidistas y profesionales. Eso no es honrar a Hostos. Lo que yo había propuesto era un Instituto que le respondiera y trabajara directamente con el Decanato de Educación y que tuviera una junta editora y una coordinadora de investigaciones que promoviera la investigación, no sólo en nuestra facultad, sino en el recinto y fuera de éste. Nadie ha derogado ese decreto. Para mí, la bola está en esta cancha, pero sólo si hay voluntad.
Conclusión
Les advertí, desde el principio, que esto no era un cuento. Como bien han escuchado, es un testimonio. En las preguntas de doña Juanita, en las respuestas de Hostos y en nuestras propias respuestas nos jugamos la vida como institución social, nos jugamos el lugar que habremos de ocupar ante esta generación, ante las generaciones futuras y ante la historia, y nos jugamos el porvenir del País y el de parte de la Humanidad. Ante nosotros está el desafío de una agenda integradora, orgánica, pertinente, interventora, presencial, inspiradora para nosotros mismos y para la generación de maestros y maestras que formamos. Cierro con una inspiradora advertencia del maestro: Para ser tan útiles como por sus varias aptitudes y por su patriotismo pueden ser a la pobre patria, tienen que perdonarse mucho, reunirse mucho, conversar mucho, salirse mucho de la pequeña heredad que han de cultivar con sus esfuerzos, para ponerse a la mayor altura posible del deber que los llama al bien (Cartas. 105). Los momentos pasan: pasan con ellos los hombres [y las mujeres]: pero siempre llega el día de la victoria... Que no lo vea [quien] por ella ha sucumbido, eso ¿qué importa? El fin no es gozar de ese día radiante; el fin es contribuir a que llegue el día. (Literatura. 132).

He dicho.

Referencias

Eugenio María de Hostos (1969). Forjando del porvenir americano. Obras Completas. Tomos XII, Vol. I; Tomo XIII, Vol. I. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña

Eugenio María de Hostos (1969). La Peregrinación de Bayoán. Obras Completas. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Eugenio María de Hostos (1969). Cartas. Obras Completas. Vol. IV San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Eugenio María de Hostos (1993). Literatura. Edición Crítica de las Obras Completas. Tomo II, Vol. I. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Carta de la Rectora Gladys Escalona de Mota del 21 de septiembre de 2009, dirigida a la decana de la Facultad de Educación, Ángeles Molina.

Carta de José Miguel Rodríguez Matos del 4 de octubre de 2009 dirigida a la Junta Asesora del Instituto de Estudios Hostosianos.

La libertad como el pie forza'o de la educación hostosiana

Seminario

 Auspiciado por Grupo de Educadores Hostosianos y Movimiento Independentista Nacional Hostosiano.

 

En este seminario nos proponemos demostrar que la libertad constituye la piedra angular, el ícono decisivo o el pie forza'o de la pedagogía de Hostos, es decir, la razón de ser de su teoría educativa y el móvil de sus proyectos educativos; que a partir de su concepto de libertad él abstrae e integra otros conceptos medulares que conforman su ideario y sus proyectos de reforma educativa.

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