EugenioHostosUniversidad de Puerto Rico
Recinto de Rio Piedras
Facultad de Educación

Jorge Graterole Roa

EDUC 6609
Filosofía Educativa Eugenio M.de Hostos
Dr. José Miguel Rodríguez Matos

Para hacer este ensayo sobre el texto La educación en el ideario de Hostos me parece pertinente y responsable exponer desde qué lugar me encuentro haciendo este análisis. Como estudiante de filosofía, estoy acostumbrado a bregar con muertos. Los de filosofía siempre decimos que nuestra disciplina es una de carácter necrofílica. Por otro lado, hay que decir que el pensamiento desborda al pensador, el pensamiento trasciende la muerte de cualquier determinado individuo, y es por eso que debemos partir de que el pensamiento de Hostos trasciende su muerte corpórea. Pero con el tiempo he comprendido que el mejor elogio que se le puede dar a un gran pensador del pasado es leyéndolo de forma crítica en la que se resalte tanto sus limitaciones para poder aplicarse al contexto presente, como los aspectos que lo hacen vigentes y aplicables. O sea, que la mejor forma en que un Nietzsche, un Marx , un Kant, se mantienen vivos, aún en pleno siglo 21, es prestándole uno sus propios ojos, oídos y demás sentidos, obligánlos a hablar desde un contexto histórico con condiciones culturales, políticas y socioeducativas diferentes a las de ellos. Lo contrario es contenerlos en diversas formas de sepulcros, que pueden ser desde bustos, tiza y pizarra, y hasta exámenes rompe botellas.

En cuanto a la filosofía, creo que debe nutrirse constantemente de la dimensión viva que nos provee la experiencia tanto en la calle, las comunidades, los centros de trabajos, así como los llamados espacios educativos. La pertinencia de la filosofía debe nutrirse de la realidad que se encuentra fuera de las reclusiones enajenantes que proveen los cómodos espacios universitarios o de lo contrario, puede el ejercicio filosófico convertirse, como dice Kant, en conceptos vacíos, al carecer de intuición (o sea de experiencia viva). Es por tal razón que los filósofos puertorriqueños deben cuidarse de no sucumbir a encerrarse dentro de una burbuja en pro de un universalismo que redunda en constituirse en historiadores de la filosofía europea, más que de filósofos, lo que inevitablemente va de la mano a un menosprecio e invisibilización de nuestra realidad inmediata, la realidad puertorriqueña. Como decía Unamuno "todo pensamiento de dimensión universal se escribió desde una localidad". En ese aspecto decidí darme la oportunidad de ir de la mano del profesor José Miguel Rodríguez Matos y nutrirme de un compatriota filósofo que nutrió su pensamiento recorriendo el mismo terruño que yo piso día a día y observando a la gente que eventualmente son los bisabuelos de esos que hoy yo observo. Es por eso que más allá (o mejor dicho mas acá) de Kant, Hegel y Platón, quiero prestarle mis sentidos, mi contexto, mi vida y mi siglo a mi coterráneo Eugenio María de Hostos.

Por tal razón, en este ensayo crítico abordaré, primeramente, la relación entre las dimensiones ontológicas, epistemológicas y metodológicas para lograr la consecución del ser humano completo. Luego daré cuenta del aspecto moral como uno de gran importancia en balancear el positivismo de Hostos y su aplicación de la racionalidad a la realidad externa. Eventualmente, abordaré la relación entre la libertad y la moral, tanto en su dimensión política como en su nivel educativo. Luego examinaré la vigencia del pensamiento de Hostos y su aplicabilidad al momento actual.

Con su apasionado estilo, el profesor José Miguel Rodríguez Matos nos propone en su obra que abordemos la realidad ontológica de la vida y legado hostosiano, de tal manera que dicha aproximación epistemológica, por parte de nosotros, sus lectores, sea una de carácter viva, activa e integral. Una vez se haya logrado asimilar el mensaje del profesor plasmado en las páginas de su libro, entonces cabe proceder a una reflexión dialéctica en la cual participe, no solamente nuestro ser pensante y racional, sino también nuestro ser deseante a través de la sensibilidad moral. El resultado debe redundar en una metodología dirigida a una práctica socioeducativa de carácter tal que tenga como finalidad esa cumbre que Hostos llama El hombre completo.

EugenioMariaDeHostosEl doctor Rodríguez Matos establece una relación en cierto modo equivalente entre el hombre completo de Hostos, el Ser Más de Freire y El Ser Santo de Jesucristo. Este aspecto es crucial porque, más allá de meramente cumplir con un plan curricular que persigue como objetivo acumular en forma de cantidad un conjunto de datos y conocimientos en el estudiante, a lo que apunta es una ampliación del ser humano en todas sus dimensiones como ser intuitivo y deductivo, deductivo y sistemático, cada una de esas funciones mutuamente integrales. En este aspecto el maestro debe ser un ente que estimule cada una de las diferentes funciones para que cada una pueda establecer una relación de retroalimentación constante y en actividad simultánea. Más allá del plan diario y de los requerimientos fríos e impersonales como son las "pruebas de aprovechamiento", el educador debe incentivar una interacción interna entre los diversos componentes de ese ser humano que tiene ante sí y que funge como alumno. Pero hay que tomar en cuenta un aspecto central que el profesor nos expone en su libro: el educador debe haber sido educado y concientizado sobre el hecho de que esa interacción constante de las funciones del alumno es estimulada por el carácter dinámico de su contexto diario y cotidiano. Ese contexto diario y cotidiano abarca, no solo la realidad externa, sino incluye la naturaleza, así como al resto de los humanos. Es importante acentuar el carácter diverso y cambiante que caracteriza a la realidad ya que, cualquier forma de pensar dicha realidad como algo estático o fijo, nos puede llevar a limitaciones epistemológicas. Dichas limitaciones contienen el peligro de llevarnos a imponer metodologías adaptadas a dicha forma errada de pensar la realidad como algo fijo, por lo cual desembocaría en prácticas pedagógicas homogeneizantes. Dichas prácticas tendrían el nefasto efecto de invisibilizar las condiciones reales de vida y existencia del alumno. Dicho alumno sentirá el proceso educativo, no solamente como un elemento extraño sino aún más: como un agente violento. Pero, entonces, cabe preguntarse si el correcto aproximamiento ontológico de percibir la realidad como algo dinámico y diverso (lo cual, a su vez, redunda en una metodología y práctica de carácter inclusiva que tiende a incluir lo múltiple y lo diferente) redunda en un relativismo tal que no se pueda dar cuenta de nada. En este aspecto me parece que el núcleo central del concepto hombre completo es su dimensión ético-moral, trasciende los contextos diferentes, así como su aplicabilidad, y se adapta en cada situación por más particular y diferente que sea porque, más que una destreza o distintivo particular, es una disposición del corazón cuyos gérmenes están en cada ser que sea parte de la humanidad. Una vez hayamos incluido la dimensión moral del hombre completo, entonces sí podemos integrarlo a las cuatro funciones mentales hostosianas. Esta integración de la dimensión moral entonces, posibilita la concepción del hombre completo como ser que trasciende su inmediatez individual, logrando ampliarse en sus relaciones transformadoras con los demás seres humanos que le rodean.

Este aspecto es importante porque es la culminación del replanteamiento constante que Hostos se hizo y que podemos apreciarlo en el desglose de los cuatro periodos de la vida de Hostos.

De momento, me parece importante destacar la transición del periodo político hacia el periodo educativo. Si bien es cierta la desilusión de Hostos ante la negativa, por parte de los gestores de la revolución gloriosa del 1868 en España, también es pertinente señalar la madurez que él va adquiriendo y la comprensión del carácter de inclusividad. Más allá del paternalismo que impera en los tan glorificados pactos institucionales (o incluso las grandes transformaciones desde arriba), lo que importa es que para que la transformación política que sea verdaderamente inclusiva (y por así decirlo, dialéctica) debe ser simultáneamente creada cada día por cada individuo que conforme ese denominador común llamado la patria. O sea, que para que ese aspecto adquiera realidad ontológica, a lo cual nos referimos a la realidad social, debe haber una transformación epistemológica, es decir, una nueva forma de generar conocimiento sobre esa realidad por parte de cada uno de esos individuos. Dicha transformación debe ir de la mano de una toma de conciencia política por parte de cada ser humano. Pero, a decir verdad, hemos visto muchos casos de personas con una formación amplia en asuntos políticos, aún dentro de los denominados sectores izquierdistas, que carecen de la sensibilidad para con el prójimo inmediato. Son esos que "aman la humanidad" pero son incapaces de sensibilizarse hacia el prójimo inmediato y sus necesidades. Por tal razón es importante que el individuo tenga, además de un conocimiento de la realidad política, un trasfondo social con sensibilidad y deseos de justicia para él y para todos. Esto redunda en que la aspiración sea lograda por él y por todos.

Creo que Hostos lo entendió, y es la razón de su giro en el énfasis desde la política hacia la educación. La diversidad ontológica se refleja en la obra hostosiana mediante las diversas formas de implantar sistemas educativos en diversos países, pero de manera tal que estuvieran atemperados a las condiciones reales de cada uno de esos países.

En Chile Hostos implementó un proyecto educativo que llevaba cierta carga de etapas fijas. Podemos ver en el libro del profesor Rodríguez Matos cómo Hostos establece la "escuela intuitiva a la que le corresponde despertar las intuiciones de todas las verdades generales..." así como a la escuela inductiva y la universidad. Hay que ver que Hostos estaba bien influenciado por la filosofía del positivismo comteano, a lo cual cabe destacar la tesis de los tres estadios de la humanidad como una concepción sobre la idea del desarrollo histórico que, si bien hoy día la podemos encontrar problemática, también hay que decir que en dicho contexto histórico representaba un gran adelanto en comparación con las formas retrógradas y escolásticas que fomentaban el dirigismo ciego y el dogmático a favor de las instituciones que detentaban el poder monárquico. Claro está, en el siglo 19 no se contaba con la gran cantidad de documentación investigativa sobre formas de aprendizaje, tanto desde la pedagogía como desde las neurociencias, en la cual se ha develado cierta plasticidad en el funcionamiento del cerebro humano, desde etapas bien tempranas hasta las más tardías. El profesor Rodríguez Matos cita a Beauchamp en los siguientes términos:

ese modelo de desarrollo podía basarse en el conocimiento científico disponible hasta ese entonces, sobre el desarrollo mental del individuo y el conocimiento que se tenía del apren-dizaje, pero ese conocimiento se ha superado por mucho

Siendo en ese entonces el positivismo el marco teórico que representaba la búsqueda de conocimiento libre de especulaciones infundadas y, por lo tanto, sujeto a pasar el filtro de la verificabilidad sustentada en la experiencia, es de resaltar que Hostos, lejos de quedarse junto a la chimenea meditando en abstracciones, procuraba, como primer paso, exponer una metodología de enseñanza educativa que gozara de la legitimidad y la aprobación de la comunidad científica y progresista de ese entonces, mediante la cual pudiera realizar transformaciones consecuentes con los cambios geopolíticos que estaban ocurriendo, tanto en Europa como en América.

Pero cabe resaltar el hecho de que, pudiendo haberse limitado a sujetar todas sus propuestas e ideas a un positivismo que hoy concebiríamos como rígido, más bien cabría destacar el hecho de que no siguiera rígidamente los preceptos del positivismo. Ese hecho quizás diera pie para catalogarlo de inconsistente, improvisador o simplemente un ecléptico acomodaticio. Pero más bien cabría preguntarse hasta qué punto Hostos intuyó las limitaciones de dicho marco teórico (sobre todo en el aspecto del determinismo por etapas) y eventualmente, en cierto modo fiel al espíritu positivista, se dejó llevar más por la experiencia concreta que le mostraban las condiciones particulares y únicas de cada región que visitó y que requería la implementación de un modelo educativo cónsono con dichas condiciones. En la tercera parte del libro, el Dr. Rodríguez Matos logra detallar con minuciosidad la abarcadora obra que Hostos realizo en Venezuela, así como en la hermana Rep. Dominicana y en Chile. Tanto los periódicos Las tres Antillas y Los Antillanos que fundó en la Rep. Dominicana hasta el Liceo Miguel Luis Amunategui en Chile y la escuela Normal de la Paz en Caracas, son ejemplos del emprendimiento creador y diversificado de Hostos, lo cual resalta el carácter polifacético al servicio de su máxima civilizdora que quería desarrollar en toda América. Pero ese polifacetismo en parte se desarrolló gracias a la relación simbiótica entre sus habilidades y destrezas internas en él y, por otro lado, a las necesidades externas en cada región particular. Pero hay que resaltar que no basta con que coexistan ciertas características propias en un contexto externo con las destrezas humanas internas para que redunde en un desarrollo óptimo y colectivo. Esos dos elementos muy bien pueden coincidir, y el resultado puede ser un 'desarrollismo' conforme a una lógica de inversión mercantilista en la cual el único valor que impera es el de la costo efectividad ganancial. Esa lógica se cimenta sólo en los valores monetarios a expensa, muchas veces, de los valores éticos. Precisamente, la misión de Hostos era totalmente opuesta a ese nefasto resultado que se crea cuando la inventiva y el cálculo del genio visionario encuentra su potencial de realización en regiones con sus requerimientos y condiciones particulares. El efecto no es otro que la economía del latifundio, la expropiación y la explotación que imperó en toda la América durante los tiempos de España. Como dice el profesor Rodríguez en los siguientes términos:

Su aspiración y, posiblemente, su más ardua labor, fue minar la herencia del régimen imperialista español, transformar la mentalidad colonialista que lo alimentaba y erradicar el dete-rioro en el que este monstruo de múltiples tentáculos había sumido a los pueblos caribeños y americanos. (Pp- 44)

Pero parte de la pertinencia del pensamiento hostosiano para nuestro diario vivir es el hecho de que en las pasadas décadas hemos visto el genio saqueador, ya no por parte de España, sino por parte de los Estados Unidos, valiéndose de dictaduras militares. Es por tal razón que es de suma importancia que entre el genio visionario de un individuo y las potencialidades de una región externa se encuentre imperando la brújula de la moral para, de esa manera, y sin importar la ubicación territorial donde se encuentre, siempre pueda encontrar su norte. Ese aspecto es fundamental porque sin él no existiría ese motor que antecede a la sensibilidad. No se le puede pedir a los magnates y accionistas de corporaciones ser sensibles ante los efectos que producen sus políticas monetarias. Esto es así ya que no hay la predisposición moral que hace posible que la experiencia situacional que preveen, ya sea entre niños de las favelas brasileras, como indios aimaras desterrados, no pase por la deliberación empática. Porque no hay lo que podríamos llamar una moral a priori independientemente de cualquier experiencia particular. El profesor ha expuesto a través de su obra el énfasis que Hostos puso en el aspecto moral, en consonancia con lo intelectual, por lo que a mi entender establece cierto balance que evita que se le categorice enteramente dentro de un positivismo cuasi mecánico y un determinismo por etapas. Si bien ese positivismo mecanicista fue un paso gigantesco en contraposición con el escolasticismo y la ignorancia, también hay que destacar que los efectos de ese positivismo mecanicista los estamos viendo hoy día mediante la puesta en práctica de un utilitarismo amoral y frío. Esa útil frialdad que nos legó el positivismo visualiza a la gente como resortes útiles, pero sustituibles y desechables, de esa gran maquina fría que es el sistema social al servicio de la desigualdad. Es por tal razón que para Hostos bajo de las condiciones particulares, ya sean de Chile o Puerto Rico (y por tanto de las respectivas condiciones metodológicas que requieran aplicarse) el norte debe ser una moral no relativa y ambivalente, sino absoluta y justa, que nutra su inconmovilidad y fuerza con el respeto a la diversidad, y que el desarrollo civilizatorio se amplié conforme al desarrollo desde las divergencias y diferencias culturales y valorativas. El profesor Rodríguez nos expone esta cita de Hostos:

Más alta que la verdad, objeto de la razón, está la justicia, objeto de la conciencia. Más alto que el sabio, vive el justo, Más alta que la ciencia es la moral...unida al bien, la verdad es la única educación completa. Al educar la razón, educa la conciencia: al educar la conciencia induce al bien...por que
la más afanosa aspiración de la conciencia es la de producir seres humanos completos, y el ser humano no empieza a ser completo, sino cuando ama el bien. (p. 73).

Este aspecto en Hostos es revelador y, en cierta manera, nos evoca la filosofía platónica y su concepción del hombre que adquiere la ananké (virtud), por cuanto logra aproximarse contemplativamente a la idea del Bien y por ende actúa en justicia.

Adentrándonos más de lleno en la segunda parte del libro del Dr. Rodríguez, abordo las influencias filosóficas de las cuales se nutrió el gran educador puertorriqueño y que, en mi opinión, fueron claves para evitar que él se fuera por completo por el sendero del positivismo de la época. Ya vemos la diferencia abismal entre el positivismo con el que simpatizó Hostos y la concepción platónica del hombre a la cual, a mi entender, Hostos se aproximó, aunque fuera inadvertidamente. Cabe destacar que, si bien es cierto que en Hostos hay un gran énfasis en el concepto de la razón, en gran medida por la influencia de, Pestallozi y Froebell (p. 64) , a mi entender , está bien presente la concepción kantiana de la razón, estrechamente ligada al concepto de civilización. Pero me pregunto hasta qué punto el gran énfasis sobre la moral y los nobles sentimientos, más bien le vino a Hostos por parte de un gran crítico del racionalismo ilustrado de la época, y propulsor del movimiento antagónico del romanticismo que fue Jean Jacques Rousseau. El célebre filósofo ginebrino también fue un acérrimo crítico de muchas de las convencionalidades de la época pero también enfatizaba que no podía haber una verdadera revolución si no se daba primero en el espíritu de cada uno de los individuos que conformaban la nación. A su vez, Rousseau ejerció mucha influencia en lo que luego sería la concepción del imperativo categórico de la moral kantiana. Dice el profesor Rodríguez lo siguiente:

"Si buscamos la genealogía de esas concepciones respecto a la moral Y los deberes, encontramos en Hostos una herencia centenaria : Ci-Ceron, Froebell, Kant, Rousseau" (p. 75).

Este aspecto es de suma importancia porque dicha concepción moral, como un universal que trascendía los beneficios oportunistas de cada situación particular, se oponía al utilitarismo como una visión de la moral supeditada a los resultados prácticos. Este aspecto es importante porque va estrechamente vinculado con la libertad. Es importante hacer referencia a la amplitud del proyecto político de Hostos. Dicho proyecto tiene como meta culminante la confederación antillana en la cual cada uno de los países goza de plena libertad dentro del marco de la colaboración y cooperación que brindan las soberanías interdependientes. Pero esa libertad debe estar sobre la base de una libertad individual en la cual, por medio del proceso educativo, cada ser humano pueda ejercer la libertad de sopesar cada situación y deliberar, no meramente el beneficio particular, sino también la repercusión hacia el otro. Podemos decir que la formación ético moral libera al ser humano de lo que podríamos llamar cierto determinismo automático que se le ha inculcado, y mediante el cual se encuentra atrapado en la constante búsqueda de su interés particular. Este aspecto requiere un largo y consistente ejercicio de educación que, a su vez, requiere la formación de los maestros y de un sistema de carácter progresista no dogmático. Esta ambiciosa aspiración humanista no se logra con meramente volar las instituciones, ya que las viejas formas de pensamiento seguirán hoy . Es por tal razón que como plantea el profesor en la parte VII a Hostos más bien hay que concebirlo como un reformista radical antes que como un revolucionario.

Es por tal razón que la Universidad tiene el compromiso de crear maestros con la conciencia de brindar una educación liberadora. El maestro preparado, precisamente, debe estar preparado para saber cuándo dar ciertos giros en su plan de enseñanza. El maestro debe estar capacitado para utilizar las situaciones variantes e inesperadas que se puedan presentar para, de lo inesperado, saber extraer una enseñanza. Los niños salen de la escuela a enfrentarse a múltiples situaciones en la calle para las cuales no hay un libro con recetas infalibles. Ellos llegarán a la conclusión de que si los libros no me pueden ayudar a tomar una decisión con un padre maltratante, un hermano drogadicto, un seductor que la quiere llevar a la cama o cosas por el estilo, pues entonces educación es sinónimo de inutilidad. La utilidad la encontrarán en el manual de respuestas inmediatas que han aprendido en la calle y en el hogar y que consiste en actos automáticos no reflexionados y que en su mayoría consisten en actos violentos y espontáneos. Tan violentos y espontáneos como la explosividad de las masas revolucionarias engatusadas por cualquier demagogo seductor. Las condiciones en las escuelas y en la sociedad puertorriqueña apuntan al panorama mencionado sobre la forma en que los niños y jóvenes ven la educación como un estorbo sin ninguna utilidad para su sobrevivencia. Esto nos lleva a ver la pertinencia del legado de Hostos en torno a la educación como un proyecto que debemos asumir con urgencia por el bien de nuestro país. A mi entender el pensamiento de Hostos no se encuentra anacrónico, más bien hay que tomar a Hostos y ver sus aplicaciones al contexto actual y ver de qué manera su enseñanzas, más que verse superadas, son enriquecidas por el freireísmo, el construccionismo, el reconceptualismo (p. 218) e incluso por las neurociencias.

Conclusión

El texto del Dr. José Miguel Rodríguez Matos me parece un buen instrumento para diseminar el legado de Eugenio María de Hostos . Toma en consideración los aspectos filosóficos y conceptuales de su pensamiento, pero realzando la preminencia al legado práctico que ejerció durante su recorrido por distintos países. En mi opinión, me parece muy bien que haya contextualizado todo dentro del marco biográfico. También es importante la problematización de algunos aspectos teóricos como lo que tiene que ver con el positivismo de Hostos. Francamente, me pareció encontrar por momentos demasiados adjetivos elogiadores hacia Hostos, lo cual tiene el efecto de que el lector se tope con una lectura algo interrumpida lo que redunda en que el poder captativo y comprensivo, pierde fluidez. Pero, por otro lado, hay que destacar que se piensa y se escribe, no solamente con la razón, sino con los sentimientos y, precisamente, eso es lo que denotó la forma entusiasmada y vital de la escritura del Dr. José Miguel Rodríguez Matos. La segunda parte intitulada Una perspectiva integradora del ideario educativo de Hostos me pareció muy oportuna para exponerla a estudiantes escolares como forma de introducirlos a la filosofía de la educación.


Bibliografía

Rodríguez, J. M. (2013). La educación en el ideario de Hostos. San Juan, P. R.: Ediciones Abacoa.
Hostos, E.M. (1991). La ciencia de la pedagogía. San Juan, P. R.: Instituto de Cultura y Editorial UPR.

 

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