Por: Luis Carlos Gutiérrez Blanco, Ed. D.

Cubierta AELLLa formulación de visiones en torno a la educación, y en particular a la administración en este campo, está en constante evolución. Este dinamismo viene marcado por la creciente sensibilidad social al tema, así como por las presiones de índole social, política, cultural y económica que lo rodean. Con bastante frecuencia las respuestas a los procesos educativos y a la práctica administrativa en la educación se encuentran ligadas, con carácter práctico y mimético, a la sociedad post industrial y sus intereses productivos. De la imitación y la traslación de teorías de administración empresarial se derivan prácticas y fundamentos para la educación que no representan su esencia e identidad, esto es, la construcción humanista, social y transformadora. Se quedan, pues, inscritas en la simple visión de formar para el ajuste social y la productividad. Esta opción pudiera ser un ejercicio legítimo en cuanto a la supervivencia básica de un pueblo se refiere, pero no es suficiente para las transformaciones que requiere la sociedad actual, y en demasiadas ocasiones se torna éticamente anodina.

La reflexión en el campo de la administración no se puede sostener sin someter a un ejercicio crítico su sentido mismo desde bases paradigmáticas diferentes. Atada a los requerimientos burocráticos -clásicos o industriales- la teoría administrativa se ha quedado limitada y centrada en la producción de bienes y servicios aptos para una sociedad de consumo. No es éste el camino que precisa el momento actual. La opción crítica propone revisar los fundamentos y la concreción práctica de este proceso en sí mismo, dentro del ámbito de la educación. Como resultado, la propuesta emergente es exploratoria, proponente y retadora. En el recorrido de ponencias -ofrecidas en escenarios diversos- y artículos del actual libro, el autor nos adentra en la progresiva comprensión del sentido y perspectiva de una administración educativa alternativa y crítica, cuyo fundamento rescata las intuiciones de Freire y la tradición liberadora y emancipadora de la educación. Se ubica en línea, en este sentido, con un grupo de pensadores educativos críticos que nos muestran adecuadamente alternativas desde el seno de la docencia y de la práctica de la administración educativa.

José Miguel nos ofrece una obra que revierte el predominio de la respuesta para dar protagonismo a la pregunta. En su sentido más categórico y profundo encontramos elementos básicos sobre el soporte propio del hecho educativo y de la forma de administrarlo. Es necesario cuestionarnos la comprensión y orientación de la acción administrativa de la educación en sus bases porque en ese cuestionamiento estriba la adecuada respuesta a lo que es inherente a sus fines últimos: el desarrollo pleno de las personas en relación con sus sociedades y el desarrollo pleno de las sociedades vinculadas a las personas que las construyen.

El puntal de la administración educativa no es técnico, sino teleológico. Su posición medular no se puede distraer en el mero acontecer de las situaciones cotidianas, sino vislumbrar con ojo crítico el futuro que se construye desde ahora. Es una mirada trascendente, al tiempo que parte de la realidad de la cual se convierte en agente transformador y liberador. En este sentido, el autor acierta a impugnar la tendencia disgregadora y fraccionaria de la comprensión de la administración educativa, tanto en su formación como en su praxis. Por oposición, ofrece una propuesta integradora de la totalidad y las partes, de lo concreto y lo abstracto, de lo fundamental y lo cambiante, de lo global y lo local. Invita constantemente a realizar una revisión del paradigma subyacente a las orientaciones y las actividades de la administración.

Este libro es una aventura para el lector, de quien se pide y demanda una introspección aguda y retadora más que una simple comprensión teórica de lo expuesto. Es una ruptura paradigmática. Requiere de una visión distinta. En los primeros capítulos se aborda con precisión la diferenciación entre la concepción dialéctica adoptada por el autor y la visión aristotélica. En un ejercicio detallado, se oponen principios y se ofrecen pistas para la reedificación conceptual. El lector podrá partir del sustrato dialéctico para cuestionarse, junto al autor, los aspectos propios de la administración educativa y avanzar en la integración de una concepción diferente.
La carga ética del proyecto de administración liberadora y lideradora así como su ubicuidad, parecen ligadas íntimamente. La relación con el contexto, habitado por personas y comunidades constructoras de relaciones y culturas, revela el carácter particular e idiosincrásico del proyecto educativo. Éste requiere una revisión ética profunda y representa una urgencia porque en la claridad de un proyecto educativo liberador radica esa convicción ética, es decir, una comprensión valorativa de la persona, sus relaciones, su mundo y, consecuentemente, una declaración ¨ecológica¨ básica. La liberación de las fuentes declaradas u ocultas no se realiza sin el primado de una comprensión del valor de la otredad: las comunidades, las culturas, sus relaciones con el ambiente y la armonía entre sí.

Sometidos con frecuencia a escuchar discursos únicos y panaceas virtuales, seguimos reclamando, junto al autor, y asentados en las realidades cotidianas, a veces injustamente dolorosas, la posibilidad de construir otras propuestas, otras relaciones y otra educación para la construcción de otro mundo posible. La posibilidad de poner el énfasis en la libertad, la justicia y la democracia como elementos medulares que vayan más allá del discurso de lo efectivo y lo productivo. En este sentido, José Miguel propone una revisión ontológica y epistemológica de la administración educativa y, por ende, de la propia educación.

Xabier Zubiri denominaba inteligencia sentiente a la capacidad para que el acto de inteligir y el de percibir por los sentidos no fuesen aspectos separados, sino elementos integrados. La inteligencia conduce a la aprehensión de la realidad en cuanto tal. Dicha posición permite adentrarnos en la realidad, captarla de manera adecuada y, desde ahí, transformarla con intención. El libro que tenemos ante nosotros acierta a proponer una inteligencia aguda que integre la realidad con una propuesta liberadora y una agenda lideradora. Sus claves están en la capacidad de la administración educativa para entrar en diálogo con la realidad, con el contexto, con la historia heredada y la que construimos actualmente de cara a una nueva realidad. En el proceso de diálogo, se presenta adecuadamente un camino de transformación, marcado por la liberación de las opresiones y por un amplio horizonte ético. En este sentido, la propuesta nos impulsa a una construcción social diferente, y a la responsabilidad que tiene la administración de la educación para realizarla. Me aventuro a pensar y sostener que la acción administrativa que se propone se desarrollará mediante las herramientas del diálogo constante que facilite la expresión, la propuesta y la crítica. Un diálogo que sea inclusivo, pero que vaya más allá de los asuntos operativos; que sea denso en sus visiones y preocupado por las realidades y retos presentes y futuros; que libere y construya como expresión de un liderato fuerte.

Para ello José Miguel, en el desglose de los capítulos, considera que el poder debe estar caracterizado por la participación en el seno de las comunidades educativas. No se pueden construir ambientes dialógicos si no hay un poder realmente participativo: Sería contradictorio. La participación hace emerger las voces propias de los actores sociales y de los individuos en sus realidades. La participación integra en un proyecto común las mentalidades complementarias y los pensamientos divergentes.
En este sentido, la obra identifica tres elementos medulares para una articulación teórica de la administración educativa crítica y liberadora: a) la explicación del paradigma crítico y su concreción en lo que el autor denomina el momento decisional, b) la identificación de los procesos administrativos y la visión investigadora crítica como giro epistemológico en la producción del conocimiento y c) el ejercicio del liderazgo educativo. Son estos elementos y su articulación los que plasman el horizonte conceptual que se presenta a la reflexión. José Miguel integra en la dinámica del paradigma crítico sus visiones ontológicas y epistemológicas que conducen a una filosofía de la praxis administrativa. Dicha filosofía converge en el momento decisional con toda su complejidad. Mediante la explicación de los niveles de reflexión que conlleva, se ofrecen rutas al lector para su integración en la acción y en las decisiones del proceso educativo, al tiempo que se exploran soluciones para desarrollar el denominado Paradigma Dialéctico de la Administración Crítica.

La construcción cotidiana de este paradigma, sin embargo, se quedaría incompleta si no se añaden herramientas que vinculen dialécticamente la teoría y la práctica de manera dinámica, pues es propio a lo dialéctico. Para ello, es necesario reconceptuar y visualizar el proceso investigativo para vincularlo a la administración educativa en su accionar diario. La acción cotidiana se convierte en el escenario natural de esta investigación preocupada por la constante tensión de la realidad y por la necesidad de crear teoría que incida en la propia realidad. Tal pareciera que la pretensión de la práctica administrativa en todos los niveles, tanto en los grandes proyectos como en los más sencillos, es recrearla mediante un inquirir constante, dinámico, integrador y complementario. En una palabra, se avanza en una investigación multidisciplinaria y contextualizada.
El reto que el autor presenta es integrar la investigación en la cotidianidad del acontecer administrativo y abrir las puertas a las concepciones cualitativas de esta experiencia. El administrador educativo o la administradora se ven a sí mismos en un nuevo rol que reinterpreta su escenario educativo de manera más integrada mediante una mirada más penetrante y comprometida. Para ello se necesita el modelo investigador que se dibuja en las páginas del libro y que nos ofrece vías para iniciar nuestra propia acción investigativa crítica.

La realización del Paradigma Dialéctico de la Administración Crítica se concreta en el ejercicio de los líderes educativos. Mediante sus funciones administrativas, éstos necesitan enfrentarse a sí mismos en su quehacer diario y plantearse con honestidad el sentido de su función en medio de comunidades educativas constantemente retadas por entornos complejos y divergentes. Las teorías que han sustentado la reflexión acerca del liderazgo se han circunscrito a visiones positivistas y funcionalistas que han desarrollado prácticas productivas, orientadas a la consecución de metas y mediadas sólo por los resultados. Sin embargo, dichos horizontes, aunque prácticos, no recogen muchas veces la esencia del ejercicio de liderazgo, y ocultan, en ocasiones, el auténtico significado del mismo. Para beneficio nuestro, la historia personal nos ha dado notorios ejemplos de líderes que van más allá de los propósitos inmediatos y se concentran en lo medular de su acción, siempre dialógica con su contexto social y cultural. Dichos líderes han sido inspiración y continúan ofreciendo ilusión a sus compañeros de camino.

La propuesta de una administración liberadora debe encontrar creativamente nuevas conceptuaciones del liderazgo. En este sentido, el liderazgo debe recuperarse de lo funcional para avanzar a descubrir lo medular y lo particular de su ejercicio, es decir, una visión renovada que lo libere de las generalizaciones y le devuelva al centro de sí mismo lo ético y crítico, tan importantes para resolver los dilemas educativos de nuestro tiempo. Es una apuesta por una redefinición de los administradores educativos y las administradoras como entes reflexivos, pensantes, transformadores, críticos y éticos.

Pero, ¿a qué se refiere el autor con ese extraño atributo de una administración lideradora, tan desconocido para el diccionario de la lengua castellana como sugestivo de su inequívoco significado? El proceso administrativo contiene en su fundamento y esencia el ejercicio del liderazgo. La administración es un proceder integrado de dimensiones diversas. Su compleja combinación hace resaltar su misma esencia integradora y la importancia de su atributo: el liderazgo. En el terreno educativo, ambos elementos parecen mostrarse como pertenecientes a un ámbito inseparable. Administrar es conducir con visión los procesos, viabilizar de manera teórica y práctica las metas, nutrir su sentido, desarrollar en medio de las comunidades una misión y alentarla en sus diferentes modos y formas. Administrar incluye, necesariamente, la articulación integral de los componentes de una organización para poder alcanzar y recrear metas comunes y llevarlas a su nivel de logro.

La visión crítica resalta la necesidad de liderar que tiene la administración de la educación. Articula un marco de cambio y transformación que faculta para nuevas respuestas, desarrolla aspectos creativos y cree en el aporte singular de cada administrador educativo a su comunidad y a su contexto. La visión crítica ayuda a no repetir posiciones que mantienen el status quo o que sean meras imitadoras del paradigma social dominante y así, en el proceso reflexivo propio, es capaz de conectar teorías, prácticas y contextos con soluciones nuevas. Alienta un liderazgo cuyo contenido y sentido se cuestiona, desde el contexto, las necesidades sentidas y vividas en relación con los proyectos que como colectividad asume. La administración se transforma en un ejercicio de liderazgo pro-positivo, inquieto y ético.

El autor avanza en este aspecto para invitar conscientemente a la construcción autóctona de modelos de liderazgo que exploren las particularidades ofrecidas por los mismos líderes y que liberen de la visión lineal y generalista a una nueva conceptuación. En este sentido el lector se debe inquietar desde ahora para desprenderse de todo un articulado discurso del liderazgo productivo para adentrarse en una visión más integradora, amistosa con la cultura y gestora de expresiones culturales adecuadas. En realidad, la propuesta del autor es jubilosa. Reconoce el valor de cada comunidad en la construcción particular de sus propios líderes, ligados a sus contextos. Por ello me atrevería a afirmar que si el liderazgo es un producto cultural y debe ser reconocido e identificado con éste, posee profundos elementos sistémicos (asociativo, emergente, contextual y dialógico), aún cuando los supera. Esta reflexión abre el apetito del lector inquieto para explorar, más que para encontrar soluciones y recetas. Esa invitación quisiera hacerla más intensa, para que el descubrimiento no cese y se expanda. Y también quisiera invitar a reinterpretar el liderazgo desde sus raíces, en el contexto cultural e histórico de las comunidades y las culturas donde se origina y se realiza.

La obra del Dr. José Miguel Rodríguez recoge las inquietudes medulares de un educador y administrador interesado en aportar una visión diferente a la administración educativa que no soslaye su complejidad, pero que ofrezca alternativas de integración creativas. El texto nos guía hacia una comprensión progresiva de las múltiples dimensiones de la administración educativa al tiempo que no puede menos que interpelarnos. Esta obra pone de relieve la complejidad del hecho administrativo en la educación y, por ende, la complejidad misma del contexto sociocultural en el que se desenvuelve. La reflexión apunta esperanzada a transformaciones que hagan una diferencia: desarrollar una administración educativa liberada, liberadora y lideradora.