Nota al calce: a propósito del disparate conceptualización

José M. Rodríguez Matos, Ph. D.

La lectura de innumerables documentos me topa, una y otra vez, con el término reconceptualización, acuñado al discurso de la elite académica acríticamente desde hace tiempo. Y por más que se machaca señalando por qué es incorrecto su uso -y que es un solemne disparate- se sigue utilizando. Durante algún tiempo se ha sostenido el debate entre su uso y el uso del término reconceptuación. En el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico cobró fuerza la discusión a partir de la circulación de los documentos del Nuevo Bachillerato. Quizás una síntesis de la literatura y lo que dicen los expertos al respecto ayuden a internalizar lo inapropiado de su uso y por qué.

En primer lugar, el término reconceptualización y términos relacionados (conceptualizar y conceptualización, no están en el Diccionario de la Real Academia Española (2001) ni en algún otro. Y, que conste, estoy entre quienes piensan que los términos no tienen que estar en el prestigioso diccionario si la sabiduría popular los acuña y les da significado. Es la Real Academia la que tiene que incorporar estas nuevas expresiones como neologismos o vocablos que surgen de nuevas formas de expresión cultural, nuevas necesidades populares y nuevos saberes. Tradicionalmente ha sido así, sobre todo en los últimos años con la activa y rica participación de las academias de la América Latina que, en buena hora, asumen el papel protagónico que les corresponde (negado por siglos) en la configuración de nuestro idioma español.

El vocablo reconceptualización podría ser un anglicismo, que es el modo más común de incorporar aberraciones acríticas, sin significado y pertinencia, a nuestro lenguaje (sin dejar de reconocer lo que han aportado dichos anglicismos al enriquecimiento del español). Los términos que surgen de la sabiduría popular son los que actualizan los idiomas, los enriquecen y los perpetúan. De hecho, si por algo desapareció el latín clásico como idioma popular -aunque de él se derivaron los idiomas romances- fue por su hermetismo pese a que, junto al griego, era de los idiomas que más propiciaba la reflexión por su complejidad sintáctica, su estructura y su riqueza fonética y etimológica. Por estas razones, entre otras, fueron enseñados hasta fines de la Edad Media por las grandes civilizaciones. Pero éste no es el caso del término de referencia. No hace sentido su construcción. Ningún diccionario lo define como término en uso. Parece ser más un invento de la élite intelectual, que a veces acuña invenciones acríticas que se encienden como la pólvora y se propagan como el perfume. Esto nada tiene que ver con los derechos de autor a crear lenguaje poético y prosaico.

El término en cuestión se deriva del sustantivo concepto, que los diccionarios definen como idea que concibe o forma el entendimiento. De este sustantivo se deriva el verbo conceptuar, que es formar concepto de una cosa (muchos verbos se derivan de sustantivos, aunque por regla general es lo inverso). Conceptuación es la acción y efecto de conceptuar. Para todo lo que es perteneciente o relativo al concepto se usa el término conceptual, que es un adjetivo. De aquí se deriva el término conceptualista, que significa perteneciente al conceptualismo o partidiario de ese sistema. Este término tampoco tiene que ver con el uso del término reconceptualización.

Entonces, si lo que se pretende es expresar la acción de concebir o formar nuevamente el entendimiento de algo, o formar nuevamente el concepto de una cosa mediante un proceso de reflexión más profunda (como en efecto es), se debe denotar con un término que haga sentido y que así lo indique. El vocablo re, que según el Diccionario de Etimología (1991) significa "de nuevo, otra vez, volver a", podemos utilizarlo como prefijo del término conceptuación creando, así, el sustantivo reconceptuación, y su correspondiente verbo, reconceptuar, para referirnos a la acción y el efecto de la reconceptuación de una cosa. Los términos tampoco están en los diccionarios (por ahora), pero esta construcción tiene muchísimo más sentido, dice lo que se pretende y se compone de términos cuyos significados han sido aceptados. ¡Ah!, y se oye más fino.

Mis disculpas a los lingüistas por este atrevimiento. Mi mira ej pa' 'yudal a que lujcamoj mejol cuando hablamo' y ejcribimo', y pa' que noj entendamoj maj mejol.